lunes, 25 de junio de 2018

EL MANDO POLÍTICO MILITAR EN CUBA DURANTE EL SIGLO XIX (VIII)


El 11 de julio de 1872 fue cesado Valmaseda como capitán general de Cuba, tras dieciocho meses de una política que, probablemente, era honesta. Honesta y falta de formación y visión política, cuya actuación fue tan contraria a los intereses de España como la de sus antecesores.



Fue sustituido de forma interina durante nueve meses por el general  Francisco Ceballos. Ese cese, y vista la actuación llevada hasta el momento, fue quizá la única acción beneficiosa para España llevada a cabo por el gobierno.

Ceballos tuvo la virtud de ser anodino. Estuvo al frente de la Capítanía General hasta el 18 de abril de 1873 cuando sería sustituido por Cándido Pieltaín y Jové-Huervo, que llegaba con la consigna de  implantar las ideas del nuevo régimen republicano, en cuya misión aguantó hasta el 30 de octubre, cuando fue sustituido por Aniano Cebollín, que aguantaría cinco días en la Capitanía General, cuando le sustituyó en el mando Joaquín Jovellar y Soler, quién dos años más tarde sería presidente del gobierno.

El corto periodo del mandato de Aniano Cebollín tuvo sin embargo gran relevancia, ya que el 31 de octubre era apresado el barco filibustero “Virginius”.

La gestión del asunto sería llevada, no obstante, por Joaquín Jovellar, que lo trató con la energía necesaria. 53 componentes de la expedición, entre los que se encontraban británicos y usenses, fueron condenados a muerte en consejo de guerra, y las ejecuciones se llevaron a cabo entre el 4 y el 9 de noviembre. Pero la energía del capitán general, acorde al derecho internacional, no era compartida por el gobierno, que se plegó ante las amenazas usenses  y devolvía el barco al tiempo que se comprometía a pagar una fuerte indemnización.

El hecho ocasionó un gran malestar en la población, quejosa de la falta de energía para combatir la piratería y el sometimiento a los intereses foráneos.

En la lucha en tierra, los éxitos de Jovellar también fueron sonados. Los principales jefes separatistas fueron siendo ejecutados a medida que caían en manos de sus perseguidores: Goicouria, Céspedes, Agramonte, Donato Mármol, Covadas, Castillo Mola, Betancourt, Agüeros, Salomé Hernández, Marcano, Rosas y otros.

Pero el gobierno, tal vez temeroso del éxito de Jovellar, y fiel a su servilismo anglo usense sustituyó al exitoso capitán general el seis de abril de 1874 por un personaje ya sobradamente conocido en la isla: el general José Gutiérrez de la Concha, con el que se conoció un fuerte desarrollo de la guerrilla mambí.

Poco se puede hablar de la inoperatividad del anciano De la Concha, cuando siendo joven ya demostró sobradamente aquello de lo que era capaz.

Con las deficiencias incrementadas con la edad, De la Concha ostentó el cargo hasta el 1 de marzo de 1875, siendo sustituido provisionalmente por Cayetano Figueroa Garahondo, que prolongaría su mandato durante siete días, cuando el día 8 de marzo volvió el también sobradamente conocido Blas Villate, conde de Valmaseda, que incrementó las unidades militares, llegando a comandar un ejército de 72.000 hombres con el que logró acosar a los mambises.

Cuando dejo el mando el 29 de julio de 1872 solo quedaban 1.500 mambís, ahora recibía el mando de la Isla con mas de 8.000, bien pertrechados y de los que 2.000 habían cruzado la trocha. Contaba con 32.000 soldados para vencerlos. Pocos días después, el 29 de marzo, el segundo presidente de la Republica de Cuba, Cisneros, es sustituido por Spotorno. En estas mismas fechas empiezan a llegar reemplazos desde la metrópoli lo que permite al nuevo Capitán General estabilizar la situación, de forma paralela a las victorias que los ejércitos alfonsinos están cosechando sobre los partidarios de Carlos VII. (Togores 2010: 349)

¿Había relación entre la clausura de las instituciones educativas y el incremento de insurrectos? La duda nos las puede resolver otra pregunta: ¿Se habían corregido aquellos gravísimos errores? Manifiestamente no. Entonces, ¿por qué motivo se enviaba nuevamente como capitán general de la isla a un hombre del que si es difícil desconfiar de su honestidad es también difícil confiar en el acierto de sus actuaciones?

El 18 de enero de 1876, diez meses después, dimitió, haciéndose cargo nuevamente de la dirección de la guerra el general Jovellar, un hombre de toda confianza de Alfonso XII y de Canovas, y que presumiblemente iba a dar un giro definitivo a la guerra. Pero la realidad sería otra, cuando los mambís se reagruparon y consiguieron nuevas victorias.

http://www.cesareojarabo.es/2018/04/el-mando-politico-militar-en-cuba-en-el.html

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