sábado, 16 de junio de 2018

Intereses europeos en las guerras carlistas (6)


En medio de esta dependencia, en 1859 el prestigio del gobierno y la monarquía liberales ya era tan negativo como hoy mismo. El nacimiento del príncipe Alfonso (futuro Alfonso XII) sirvió para levantar alguna simpatía, pero el hecho más significativo no tenía nada que ver con la naturaleza: El gobierno, con el permiso de Inglaterra, inició la Guerra de Marruecos; algo que, tal vez, debía haberse producido con anterioridad si España hubiese sido independiente. Pero no fue así.



Los conflictos habían ido reproduciéndose en Ceuta y Melilla a lo largo del año, y las repuestas de Marruecos a las llamadas de atención eran dilaciones permanentes.

Desde el momento en que surgió el conflicto provocado por las feroces hordas de Anghera, el Gabinete de Londres volvió a mezclarse en el asunto; y apenas falleció el Sultán Abd El- Rahman, M. Buchanam participó a nuestro ministro de Estado, en 10 de Septiembre, que el Gobierno inglés había dado orden al comandante de la escuadra en el Mediterráneo, para que enviase inmediatamente dos navíos a Gibraltar, y que otras fuerzas navales irían a reunirse a dichos buques, añadiendo que estas disposiciones sólo tenían por objeto atender a la seguridad de los súbditos ingleses, amenazada por la anarquía que reinaba en Marruecos. (Orellana, II: 632)

En el curso de la conferencia que siguió a estas declaraciones, el representante británico halló medio de indicar que la mira principal de su Gobierno respecto al norte de África era mantener libre y expedita aquella costa, y evitar el establecimiento en ella de un poder capaz de amenguar la importancia militar de Gibraltar. (Orellana, II: 632)

Quedaba claro a qué debían atenerse las tropas españolas, y con esa premisa, el 22 de Octubre de 1859 se producía la declaración de guerra a Marruecos. Pura comedia con derramamiento de sangre para el servicio de Inglaterra durante la cual fue tomado Tetuán, acto que fue aplaudido por las cortes en pleno, mientras los arsenales, las asociaciones profesionales y el ambiente general de España era de patriotismo y apoyo a la acción, inconscientes de la banalidad de la misma.

Una acción militar ejemplar digna de mejor destino que en 1860 se materializó en la victoria del general Prim sobre los marroquíes en Castillejos.

Una acción de la que el único beneficiado acabó siendo Inglaterra. Y es que parece como si la campaña de África, promovida y auspiciada por Inglaterra y Francia con unas condiciones que impedían la conquista, estuviese destinada a demostrar qué capacidad real tenía el ejército español; así, comentando las operaciones del momento, comenta Carlos Marx el 8 de febrero de 1860:

Los generales españoles parecen haber perdido por completo la costumbre de manejar grandes contingentes de fuerzas, de preparar operaciones extensas, de hacer avanzar a un ejército que, después de todo, apenas iguala en número a uno de los cuerpos del ejército francés que tomaron parte en la última campaña de Italia. (Marx 1860)

Marx hace un análisis exhaustivo, y señala:
A la luz de estos hechos (los errores tácticos), es evidente que, en el ejército español, tanto las ideas como sus aplicaciones en la práctica son de un carácter muy anticuado. Con una flota de vapores y transportes a vela constantemente a la vista, esta marcha es perfectamente ridícula, y los hombres puestos fuera de combate durante ella por el cólera y la disentería fueron víctimas inmoladas a los prejuicios y a la incapacidad. (Marx 1860)

Texto completo: http://www.cesareojarabo.es/2018/06/intereses-europeos-en-las-guerras_15.html

0 comentarios :

 
;