martes, 26 de junio de 2018

La crisis del siglo XVII (XV)

El tratado de Verbins posibilitó las incursiones francesas e inglesas en el Caribe, sembrando la piratería y el terror en la zona, mientras Francia, que por este tratado renunciaba a los Paises Bajos, y como era de prever, no cumplió con el tratado. Por su parte, el trato de Amberes que dio lugar a la tregua de los doce años daba libertad a los holandeses para comerciar con América a cambio de que respetasen la religión católica. Como en los demás tratados, España cumplió mientras los otros firmantes cumplieron…con sus intereses.



La independencia de Holanda, Zelanda, Utrecht, Frisia, Groninga, Overijssel y Güeldres, fue un hecho consumado que otros países del entorno pronto reconocieron oficialmente, y extendieron colonias por todo el mundo. Y España obtuvo a cambio… la Pax Hispánica y el hostigamiento del Imperio.

“Tal fue el célebre tratado de la tregua de doce años, que volvió a aquellos países el reposo después de cerca de medio siglo de funestas alteraciones y costosísimas guerras; que aseguró la independencia de la república de las Provincias; pero en que España, descendiendo a pactar como de potencia a potencia con unos pocos súbditos rebeldes, dejándose imponer de ellos humillantes condiciones, dio por perdidos los sacrificios de hombres y de tesoros de más de cuarenta años, y puso de manifiesto a los ojos del mundo la flaqueza a que había venido y la impotencia en que iba cayendo.”

En esos mismos momentos se estaba fraguando lo que acabaría convirtiéndose en la Guerra de los Treinta Años, que empezaría como tal en 1618; “la formación de la Unión Evangélica o Liga Protestante, en 1608, una alianza defensiva de los príncipes y ciudades protestantes, dirigida por el elector palatino, el calvinista Federico V que cuenta con la ayuda de Francia, Inglaterra y Provincias Unidas. La respuesta no se hizo esperar con la formación, en 1609, de la Santa Liga Alemana, en la que los católicos se unen bajo la iniciativa de Maximiliano de Baviera. El enfrentamiento entre ambas formaciones devenía inevitable.”

En 1618 el Imperio alemán se encontró en llamas por  los enfrentamientos religiosos ocasionados por los protestantes de Bohemia cuando éstos se negaron a reconocer como rey al católico Fernando II de Habsburgo y proclamaron monarca a Federico V, lo que hicieron mientras lanzaban por la ventana del palacio a dos ministros católicos en lo que fue conocido como “defenestración de Praga”.  Fueron lanzados “desde  18 metros de altura. Su secretario, leal pero imprudente, protestó ante esta barbaridad: corrió la misma suerte. Milagrosamente, los tres cayeron sobre los montones de desperdicios que se habían ido acumulando en el foso del castillo y salvaron la vida. Tambaleándose, ayudados por sus criados, esquivaron los disparos que les hacían desde la cámara del consejo y se pusieron a salvo.”

“Dos días después de la defenestración de Praga, la asamblea eligió un comité de treinta y seis miembros, doce de cada uno de los estados de la Dieta (nobles, pequeños nobles y burgueses), para formar un gobierno provisional, y les autorizó a formar un ejército de 5 000 hombres para expulsar a las pocas guarniciones del país leales al emperador.”  Un detalle a tener en cuenta, los soldados de la dieta eran siervos o, principalmente, soldados de fortuna extranjeros.

Con este hecho se dio lugar al inicio de lo que sería la Guerra de los Treinta Años, que duraría hasta  1648. Aunque España no estaba en condiciones de intervenir, ya que en 1621 expiraba la tregua de los doce años con los holandeses, envió tropas de ayuda al emperador Fernando II, que si en un principio tuvieron lucidas victorias, como la de Breda al mando del general Spínola en 1625, conocieron terribles derrotas como la de Rocroi en 1643, desbordado ante la alianza de holandeses, ingleses, venecianos y protestantes alemanes, y globalmente, de rebote, fue un fracaso para España, que acabó siendo mutilada en la paz de Westfalia de 1648, donde perdió las posesiones de los Países Bajos, tras haber sufrido humillantes derrotas en Luxemburgo, en Cartagena, en el Rin, y hasta en Italia, donde se estaban gestando también levantamientos populares que estallaron en Sicilia y en Nápoles en 1647. Amparándose en esta situación, Francia engordó mediando los ardides de Mazarino, el delfín de Richelieu, traidor que había sido educado en la universidad de Alcalá y era brazo derecho de la hermana de Felipe IV, Ana de Austria, a la sazón madre de Luis XIV.

Texto completo http://www.cesareojarabo.es/2018/04/la-crisis-del-siglo-xvii-texto-competo.html

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