martes, 12 de junio de 2018

LA INQUISICIÓN Y LOS JUDÍOS (6)

Presiones, sí, pero presiones que no debieron ser menores que las recibidas en las persecuciones que sufrieron en Europa en el siglo XIV, y donde por cierto no hubo conversiones. “Muy al contrario, cientos de miles de bautizados se obtienen en Castilla y Aragón a raíz de las matanzas de 1391, más aún  a consecuencia de las leyes extraordinariamente discriminatorias de de Fernando IV de Aragón y finalmente en 1413-14 como resultado de la disputa de Tortosa.”



Las persecuciones fueron muy importantes, siendo que hay autores que estiman en más de cien mil el número de judíos sacrificados , exageración que debe ser atendida tan sólo para certificar la importancia del movimiento antijudío que vivió España en esos días, y que otros historiadores sitúan en cuatro mil , cifra igualmente exagerada según otros historiadores. Enrique III castigaría al arcediano de Écija, Fernando Martínez, instigador de la revuelta.

Lo cierto es que durante el siglo XIV en los reinos hispánicos se refugiaron los judíos que eran expulsados de toda Europa, acusados de haber provocado la peste Negra. Y es que, “la degradación social y económica de los judíos nunca fue tan completa en la península como en otras partes de Europa. Sus actividades culturales continuaron desarrollándose tranquilamente y, salvo ocasionales ataques violentos localizados, sus vidas y sus propiedades estuvieron en general a salvo.”

“En Sevilla, por ejemplo, fueron asesinados cientos de judíos—según el historiador británico Henry A. Kamen: La Inquisición Española: Una revisión histórica—y en otras ciudades como Barcelona y Valencia las cifras según este mismo autor fueron similares 250 y 400 respectivamente.”

En 1379 moría Enrique II “el de las mercedes”, hubo quién dijo que como consecuencia de envenenamiento provocado por un regalo del emir Mohamed de Granada. Protegió a los judíos, a quienes antes había perseguido, y convocó numerosas cortes. Le sucedió Juan I, que vio como era asesinado el judío Jose Pichón, “que ocupaba el cargo de almojarife y contador mayor... ciertos enemigos particulares entre sus propios correligionarios procuraron su asesinato… el sentimiento contra los judíos creció de modo alarmante.”

Pero la legislación protegía a los judíos; así, en el Código de las Siete Partidas, la partida 7 del título 14 de la Ley Sexta reza: “Fuerza sin premia non debe facer en ninguna manera a ningubt judío porque se torne cristiano, mas con buenos ejemplos, et con los dichos de las santas escripturas et con falagos lo deben los cristianos convertir a la fe de nuestro señor Jesucristo, ca nuestro señor Dios non quiere nin ama servicio que sea fecho por fuerza”. Lo mismo establece la ley 2 del título 15 de la misma partida para los moros. En estas normas no se incluía a los herejes. En concreto en el título 26 del libro segundo se condena a la hoguera a los “perfectos” que no se retracten.

“Las partidas intentan frenar el odio popular por el converso e imponen la pena capital (por fuego) a los que maten conversos.”  Lo que parece evidente es que los métodos eran un tanto radicales más o menos siempre, no sólo cuando las víctimas eran de un determinado sector, sino fuesen del sector que fuesen.

Pero no son sólo las Partidas las que protegen a los judíos; así, los Usos y Costumbres del Reino de Aragón decían:  «Otro si mandamos que despues que algunos judios se tornaren cristianos, que todos los de nuestro señorío los honren , et ningun non sea osado de retraer á ellos, nin á su linage de como fueron judios en manera de denuesto: et que hayan sus bienes et sus casas partiendo con sus hermanos et heredando á sus padres et si los otros sus parientes, bien así como si fueren judios, et que pueden haber todos los oficios et las honras que han los otros cristianos».

Mientras las leyes de protección se extendían, el rencor del pueblo llano iba creciendo. Las ofensas llegaron a entenderse como generalizadas, mientras las predicaciones contra los judíos habían arreciado en el último cuarto del siglo XIV, cuando Ferrán Martinez, que acabaría siendo arzobispo de Sevilla en 1390, animaba a la persecución de los hebreos. En 1391 sería asaltada la judería de Sevilla, y tras ella las de otras ciudades en toda España, al tiempo que se animaba al bautismo, lo que acabó con las juderías de Sevilla, Toledo, Burgos o Palencia, cuyos miembros mayoritariamente se bautizaron o en menor escala huyeron a otros lugares.

En 1391, en la revuelta antijudía que conoció toda España, en Sevilla, la judería fue saqueada sin piedad… la furia se extendió durante aquel verano y el otoño por toda la península… En Écija y en Carmona quedaron totalmente exterminadas las comunidades judías. En Córdoba quedó reducida a cenizas toda la judería. Toledo fue escenario de una horrorosa matanza… Tumultos semejantes tuvieron lugar en otras setenta ciudades de Castilla. En Aragón… se siguió el ejemplo… En Valencia… no quedó vivo ni un solo judío profeso. En Barcelona… la comunidad judía quedó exterminada… el dos de agosto tuvo lugar en Palma una matanza exterminadora. Juan I mandó restituir lo que se les había quitado a los judíos de Barcelona. El motivo de este motín generalizado se encuentra en que la profunda crisis que estaba sufriendo el pueblo estaba motivada, en gran parte, por el fuerte endeudamiento que tenían contraído con los prestamistas judíos, protegidos por el rey y por la nobleza, y que aplicaban tipos de interés legales del 33%, que generalmente eran incumplidos por exceso.

http://www.cesareojarabo.es/2018/06/la-inquisicion-y-los-judios-texto.html

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