sábado, 30 de junio de 2018

Las penas en la Inquisición (1)


Como apunte previo al análisis de esta cuestión, es interesante señalar que la legislación civil suprimió la pena de azotes ya entrado el siglo XIX.

Por su parte en la Inquisición, “a mediados del siglo XVI se prohibió su aplicación a los culpados solamente del delito de herejía. Lo mismo cabe decir de la condena a galeras.”  De hecho, “la limitó desde el principio a sólo dos causas, que fueron la de bigamia y la de escalamiento de sus cárceles. Iba el Santo Tribunal, sin pretenderlo, despojando a la jurisprudencia antigua de la rudeza y severidad propias de la época y adelantándose mucho a la del día.”



Remarquemos que, en algunos aspectos de esta cuestión, la Inquisición se adelantó tres siglos a los otros tribunales en humanizar las penas, con lo que la propaganda ilustrada en torno a este asunto, puede y debe ser declarada tendenciosa y falsa.

Por otra parte, y siguiendo la política intemporal de la Iglesia, “La Inquisición muchas veces prefería absolver a castigar, sobre todo en casos en los que aún no se había producido una divulgación del hecho. Resultaba más positivo ocultar al pueblo la existencia de libros considerados heréticos antes que castigar al clérigo imprudente y así suscitar una 1ógica curiosidad por lo misterioso y oculto.”

Velando por el espíritu del secreto en el que tanto énfasis ponía la Inquisición, y como hemos visto, se realizaba una pormenorizada investigación de cada caso, en el que “si la falta tan concienzudamente averiguada no era de mucha trascendencia, se le condenaba a la  audiencia de cargo, que consistía en la secreta comparecencia del acusado ante el tribunal o algún comisario inquisidor, el cual, a presencia de otra persona de categoría inquisitorial, le hacía cuantos cargos arrojaba el sumario; no con adusta autoridad, sino cordial y amistosamente, lo exhortaba a la enmienda, o lo reprendía o apercibía para lo futuro, o cuando más, se le imponía el que por ocho o quince días hiciera ejercicios espirituales, todo con tanto secreto, que el reo no perdía cosa alguna de su fama.”

Queda así manifiesto que el tribunal velaba por sus intereses propios y por los intereses de los investigados, aunque evidentemente sin la anuencia de éstos. Evidentemente lo que queda en entredicho con esta actuación es la libertad, que sin embargo, a pesar de la exquisitez de medios inquisitoriales distaban mucho de la perfección alcanzada hoy en día por los medios de control existentes, desde la manipulación de los medios informativos hasta el control de todas las llamadas telefónicas. Así, el control social ejercido por la Inquisición no podía ser, ni con mucho, tan perfecto como el ejercido hoy día por el estado. El total de condenados por la Inquisición varía según los autores, pero parece que lo que más se acerca a la realidad es una horquilla comprendida entre 3000 y 10.000 personas… para 400 años de Inquisición en todo el Imperio, y teniendo en cuenta que entre estos están contados también los que que ya habían fallecido previamente o habían huido al extranjero.

Para constatar lo afirmado, y aunque el dato es corto porque nos restringimos al segmento más luctuoso de las ejecuciones,  tomemos un muestreo. “Durante el siglo XVI, y restringiéndonos al ámbito canario, únicamente podemos contabilizar ocho ejecuciones... Dado que fueron en total 827 las causas de fe sustanciadas, el porcentaje que se obtiene es el 0,97 por 100.”

“Es interesante resaltar que, a partir de las Instrucciones de Torquemada, se impusieron cada vez mayores restricciones para la adopción de la condena a muerte. De hecho sólo se aplicaba excepcionalmente e iba acompañada de otras sanciones: la excomunión mayor, la confiscación de los bienes del procesado y la inhabilitación de hijos y nietos por línea paterna e hijos por línea materna para ocupar cargos públicos, ejercer ciertos oficios, llevar vestidos de seda, joyas, portar armas y montar a caballo.”  Inhabilitaciones que, como veremos más adelante, eran fácilmente salvadas.

 “En Toledo, entre 1481 a 1530, es decir la etapa de mayor vorágine inquisitorial contra los judeoconversos, el 21,1 % de las causas contra marranos se resolvió en condena a muerte; el 50.4 % fueron reconciliados y tan solo el 15.0%, abjurados con penitencias espirituales inferiores. Con los protestantes, pasó algo similar, pero evidentemente en una etapa posterior, de modo que de 1561 a 1620, las causas contra protestantes se resolvieron con un 10,8% de condenados a muerte, un 35.8 % reconciliados y un 26% abjurados con penitencias escasas.”

“El total de procesados a lo largo de toda la historia de la Inquisición española no fue superior a los 150.000. De ellos, un 50% aproximadamente fueron judaistas, un 12% moriscos, un 30% acusados por delitos ideológicos y un 8% por otros conceptos.”




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