domingo, 24 de junio de 2018

Los campamentos del Frente de Juventudes (XVI)

Escuadrismo y camaradería


La vida interna de los Campamentos puede interpretarse como un constante ensayo de sociabilidad; toda la vida campamental giraba en torno a esa formación, a una voluntad de constante superación que debía redundar en beneficio, no sólo individual, sino colectivo, a través de la escuadra, del pelotón o de la centuria.



En el momento de pisar el terreno del Campamento, los acampados tenían una primera obligación: formar las escuadras.

Estas escuadras, que se procuraba estuviesen compuestas por muchachos de una misma localidad, con objeto de iniciar una amistad duradera, no se aislaban del resto, ya que las relaciones con las demás escuadras eran constantes, y no sólo de carácter competitivo.

Una vez organizadas, sus miembros debían confeccionar un reglamento interno que todos los miembros se comprometían a cumplir, existiendo graves sanciones para aquellos que transgredieran aquello que de una forma que podemos calificar como democrática, habían decidido entre todos, pues, como era norma, había que combinar la camaradería con la mayor inflexibilidad en la disciplina.171

Las graves sanciones citadas eran del orden siguiente:

Hablarle de Vd.(al castigado) durante 24 horas.
Hacerle dormir en el suelo.
Hacerle aprender un capítulo de “El Coyote” para decirlo en el Fuego de Campamento.172

Castigos que, por otra parte, revestían gravedad, si tenemos en cuenta que el tuteo era norma esencial de camaradería.

Señalemos, además, que el hecho de la camaradería era repetido constantemente; los camaradas… deben ser constante ejemplo de entrañable camaradería y abnegada preocupación para con sus compañeros, procurando ayudarles con afectuosa solicitud, evitando hacer aquellas cosas que puedan molestarles, y sobre todo teniendo especial cuidado con las bromas que se gastan173.

El hecho de vivir con otros muchachos, de relacionarse continuamente, estaba encaminado a una formación de espíritu juvenil; vivir en compañía de otros nos obliga a adoptar un especial cuidado en nuestro comportamiento… Una buena formación de la persona lleva consigo una actitud de permanente consideración y respeto hacia los demás; no permite que sea el egoísmo o el capricho quién domine; ni que nuestros impulsos salgan espontáneos, sin tener en cuenta que somos parte de una comunidad que exige atención y cuidado.174

A este respecto son multitud las citas de manuales a las que se puede recurrir, pero quiero hacer referencia tan sólo a dos que, separadas en el tiempo, nos muestran la perdurabilidad del estilo:

El buen falangista sabe ganar con nobleza y perder con elegancia. No olvides que juegas con camaradas y no incurras por tanto en falta de estilo.175

La vida normal de nuestro mundo pide, cada vez más, la cooperación. El individuo aislado nada logra. La división del trabajo señala a cada cual su parcela para que la cultive con esmero. La acción de cada individuo, coordinada con la de los demás, origina que el éxito y el progreso se den en el grupo. Los inadaptados y los rebeldes, que no saben colaborar y quieren ser ellos solos los que hagan todo, pierden. El aislamiento no conduce a ninguna meta en nuestra civilización. Hoy es el “nosotros” lo que vale y no el solitario “yo”.176

Máximas como la prestación de ayuda a quién lo precise, así como la admiración por los méritos ajenos, son extremos que atraen la atención de los manuales de acampado.

La persecución al individualismo, por tanto, era patente, y lo era, basándose en la doctrina política que inspiraba a la organización juvenil: la Falange.

El punto 16 de la Norma Programática joseantoniana reza así: Todos los españoles no impedidos tienen el deber del trabajo. El Estado Nacionalsindicalista no tributará la menor consideración a los que no cumplan función alguna y aspiren a vivir como convidados a costa del esfuerzo de los demás177

Este mismo extremo se ve reflejado en los 12 puntos de la O.J. El punto 9 dice así: Ser Nacional-Sindicalista significa no tener contemplaciones con privilegiados injustos. Luchamos por la Patria, el Pan y la Justicia.178

Estos constantes ataques a los privilegiados, al individualismo que los provoca, abocaban a la formación de grupos juveniles, tipo patrulla de los Boy Scouts que, con el nombre de escuadra agrupaba a seis o siete muchachos que, libremente, elegían de entre ellos el jefe que los mandaría en adelante.

El escuadrismo, por tanto, no es una forma casual de agrupar a los acampados, sino una forma estudiada de hacerlo.

En la escuadra, el muchacho colaboraba activamente en su propia formación, ya fuese en la redacción de su propio estatuto, en la creación artística, etc., concretando la responsabilidad de cada cual con respecto a sus compañeros, así como colectivamente.

Es, en definitiva, la aplicación de una pedagogía activa, donde los educandos colaboran en su propia formación.

Por eso mismo, la estructura de la escuadra no era variada u ordenada al gusto de algún mando superior, porque la escuadra debe ser un  pequeño grupo con individualidad y fisonomía propia. Para ello es necesario que los escuadristas tengan el tiempo necesario para compenetrarse mutuamente, siendo un gran error proceder constantemente a modificar los componentes de una escuadra.179

Finalmente, un artículo de Manuel Parra Celaya nos marca el espíritu de la escuadra:

La escuadra debe ser la unidad vital en nuestras filas. Una comunidad de afanes, de sacrificios, de alegrías, de SERVICIO.180


Ejemplaridad

Si esencial era la camaradería y el escuadrismo, la ejemplaridad no puede entenderse fuera de aquel contexto.

Como se apunta en Ciudades de Lona181, lo más importante del mando es dar ejemplo con su conducta en todos los actos; el Jefe de Campamento se levantará el primero y se acostará el último, vigilando contantemente el cumplimiento de las misiones señaladas a cada servicio. Velará de una manera extremada y constante la utilización y conservación del material a su cargo. Dará constante ejemplo, hasta en los más mínimos detalles de su vida diaria, sin abandonar el recinto del Campamento excepto cuando los acampados salgan de marcha, a los que acompañará.

Esa ejemplaridad debía reflejarse en la actuación diaria, y empezaba con el tuteo generalizado, con una vestimenta igual para todos (mandos y acampados), y cumpliendo servicios del mismo modo el flecha que el mando del campamento.

Esto, y el reconocimiento de las responsabilidades de los mandos, debía forzar el espíritu del acampado, y es que los Campamentos debían ser escuelas de vida, en donde la juventud española adquiera, con el diario quehacer, el hábito de un modo de ser en todas las ocasiones de actuar como miembro de una comunidad… el mando de campamento está mucho más sujeto a observación a lo largo de la duración del turno que nadie, y de ahí la necesidad de que la preocupación para que nuestro comportamiento sea siempre limpio y ejemplar deba constituir casi una obsesión en todos.182

Por su parte, la Delegación Nacional exigía a los mandos una ejemplaridad total en las virtudes personales; por ello no puede ser mando ni director de juventudes quién no sea lo que predica183

Y como era hábito, este tipo de consignas se repetían hasta la saciedad. De aquí que, en el Decálogo del Mando de Campamentos ya citado184, se insertasen una serie de consignas de obligado cumplimiento por parte de los mandos:

Mandar es servir.
Al Jefe no se le perdonan ni los pecados leves. En esto, el subordinado es exigente.
El mejor jefe de juventudes es aquel cuyas órdenes son sus propios ejemplos.

El mando no tenía previsto asistir a un campamento con voluntad de holgar.

El primero en el sacrificio: el jefe.

Este espíritu, evidentemente, tendía a la creación de conceptos firmes de entrega y servicio a los acampados que, generalmente, admiraban a sus superiores.


Estímulo.-

Una de las consecuencias de la recta utilización de las consignas de escuadrismo es la posibilidad de obrar intensamente por el estímulo, sin caer en el peligro de fomentar el egoísmo o la soberbia.

Juzgamos interesante para los mandos la manera de lograr un sano e intenso estímulo en todas las actividades del Frente de Juventudes, equivalente al afán de superación que caracteriza a todo verdadero falangista.

Para lograr dicho estímulo se utilizan en los campamentos y en las escuadras del F.J.F., en general, las competiciones y puntuaciones.185

Estas puntuaciones lo eran en orden a la limpieza de la tienda, la limpieza personal, la decoración del terreno de la escuadra, las posiciones obtenidas en las competiciones deportivas, etc.

Los resultados obtenidos se leían públicamente a la hora de arriar banderas, y se otorgaba a la escuadra vencedora la custodia del banderín acreditativo, participando su jefe, directamente, en el acto de arriar banderas.

Los premios no acostumbraban a verse reflejados en valores materiales, sino a menciones como la citada. Como regla general, se debe proscribir toda recompensa individual, así como todas aquellas que consistan en relevar a la unidad o individuo premiado de un servicio reglamentario y normal (turnos de guardia, asistencia a los actos y reuniones). Para nosotros, el servicio es un honor, y, por tanto, no tiene cabida un premio que consistiría en quitar dicho honor186.

Este mismo espíritu lo vemos reflejado en diversas ocasiones. Sin embargo, se atiende a las puntuaciones negativas, ya que el mayor mérito y el máximo honor de un militante de las F.J.F., es serlo, y no existen puntuaciones ni premios que puedan igualarse a semejante honor.187

El ascetismo, la exigencia, la voluntad, son conceptos que impregnan la vida campamental, hasta utilizarlos como argumentos del estímulo.

Este extremo, difícilmente asumible desde otra óptica, era entendido como lógico por los acampados, según manifestaciones personales de quienes conocieron la vida campamental,

La comodidad era un concepto que no acababa de ser entendido; el héroe lo es por haber superado una gran dificultad, no por haberse hundido en un cómodo y mullido sillón; esta era la lógica entendida, y la vida campamental un camino para aplicarla.

Texto completo: http://www.cesareojarabo.es/2018/04/los-campamentos-del-frente-de_15.html

3 comentarios :

Jl Gs dijo...

Todo esto de los campamentos está muy bien, pero se precisa explicar, si esto daba tanta camaradería y como tal modo de ser no ha tenido ninguna influencia en la historia posterior, puesto que ni estaba, ni está ni se la espera.

Como ya he comentado en otros artículos yo jamás fui a un campamento, que para mí era una pérdida de tiempo, mientras que la práctica totalidad de amigos o conocidos iban en su mayoría, pero ni entonces a su vuelta ni posteriormente vi en ellos el más mínimo asomo de empatía, camaradería ni nada que se le parezca, no solo conmigo "por no haber ido" sino mucho más con el resto de sus teóricos más allegados, que no lo eran porque su consideración hacia mi persona era mucho más alta que entre ellos mismos.

Total, que solo iban allí para pasar gratis unos días y porque todavía no era lo más normal salir de vacaciones con la familia, porque no tenían "un duro", pero de solidaridad, patriotismo o empatía, nada de nada.

En fin, posteriormente en la mayoría indiferencia y en el resto incluso clara hostilidad a lo anterior, que los tiempos así lo "indican y ordenan".

Por tanto de todo lo anterior ni rastro y tal adoctrinamiento ha resultado totalmente infructuoso. Ahora toca explicar el porqué, que es lo importante y lo que nos ha abocado a los aciagos tiempos actuales.

Saludos.

Unknown dijo...

Pues eso.

Jl Gs dijo...

Pues eso ¿que?

Vaya forma de argumentar...

 
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