domingo, 3 de junio de 2018

Sobre la herejía (16)

Se había descubierto una fórmula que serviría como comprobación, aunque no simple de encontrar en las Escrituras, sin embargo resumía la doctrina de San Juan, San Pablo y el propio Cristo, “Yo y el Padre somos uno”. La herejía, como destaca San Ambrosio, había provisto desde su propia vaina el arma para cortar su cabeza.



Si Cristo no fuera plenamente hombre y plenamente Dios, no podría llevar a cabo la salvación, puesto que sólo se salva lo que se asume (la humanidad) y sólo puede salvar quien tenga potestad para ello (la divinidad).110

La consubstancialidad numérica es en la substancia, que es común a ambos. Si fuera en la persona (del Padre), caeríamos en el modalismo que temían los adversarios. 111

Tratando de las "personas", Gregorio de Nacianzo : "El nombre propio del sin principio, es Padre; del engendrado de modo sin principio, hijo; del que de modo no engendrado o procede hacia, el Espíritu Santo"112

Ni el Hijo es el Padre, pues hay un solo Padre, sino lo que es el Padre, ni el Espíritu es el Hijo por (venir) de Dios, pues hay un solo Unigénito, sino lo que es el Hijo. Los tres son uno en la divinidad y lo uno es tres en las propiedades"113

La “consubstancialidad” fue aceptada. Solamente trece obispos disintieron, y rápidamente se redujeron a siete. Hosio redactó las declaraciones conciliares, a las que fueron anexados anatemas contra aquellos que afirmaran que el Hijo alguna vez no había existido, o que no existía antes de ser engendrado, o que Él había sido hecho de la nada, o que Él era de una substancia o esencia diferente del Padre, o era creado o variable. Todos los obispos hicieron esta declaración excepto seis, de los cuales cuatro a la larga se retractaron. Eusebio de Nicomedia retiró su oposición a los términos de Nicea, pero no firmaría la condena de Arrio. El emperador, que consideraba la herejía como rebelión, propuso las alternativas de suscripción o destierro; y, en el terreno político, el Obispo de Nicomedia fue exiliado poco después del concilio, involucrando a Arrio en su ruina. El heresiarca y sus seguidores soportaron su sentencia en Iliria.114

Finalmente, en el Concilio de Nicea del año 325 se aprobó el credo propuesto por Atanasio (y a lo que parece formulado por Osio)115, y la cerrada defensa del encarnacionismo hecha por Atanasio consiguió incluso el destierro de Arrio. Cuando éste fue perdonado el año 336, murió en misteriosas circunstancias (probablemente envenenado). La disputa entre encarnacionistas y arrianos iba a durar durante todo el siglo IV, llegando incluso a haber emperadores arrianos (el propio Constantino I el Grande fue bautizado en su lecho de muerte por el obispo arriano Eusebio de Nicomedia. Ulfila, obispo y misionero, propagó el arrianismo entre los pueblos germánicos, particularmente los visigodos ostrogodos y vándalos. Después del Concilio de Calcedonia del año 381, el arrianismo fue definitivamente condenado y considerado como herejía en el mundo católico. Sin embargo, el arrianismo se mantuvo como religión oficial entre los germanos hasta el siglo VI. El último rey germano en mantener el arrianismo fue Leovigildo, rey de los visigodos.116

La adhesión al credo niceno fue general y entusiasta. Todos los obispos, excepto cinco, se declararon prestos a suscribir dicha fórmula, convencidos de que contenía la antigua fe de la Iglesia Apostólica. Los oponentes quedaron pronto reducidos a dos, Teonas de Marmárica y Segundo de Tolemaida, quienes fueron exilados y anatematizados. Arrio y sus escritos fueron también marcados con el anatema, sus
libros fueron quemados y él fue exiliado a Iliria.117

El concilio también fijó la celebración de la Pascua en el primer domingo después del primer plenilunio de primavera, siguiendo la praxis habitual en la iglesia de Roma y en muchas otras.118

Fueron condenados los escritos de Arrio y tanto él como sus seguidores desterrados, entre ellos Eusebio de Nicomedia. Aunque no era arriano, Constantino gradualmente relajó su posición anti-arriana bajo la influencia de su hermana, quien tendía simpatías arrianas. A Eusebio y a otros se les permitió regresar y pronto comenzaron a trabajar para destruir lo hecho en el Concilio de Nicea. Por los manejos de Eusebio de Nicomedia, Constantino intento traer a Arrio de regreso a Constantinopla (334-335) y rehabilitarlo, pero murió antes de que llegara. Aprovechando la nueva situación, el partido arriano fue ganando terreno y logró el exilio de San Atanasio, quien ya era obispo de Alejandría, y de Eustaquio de Antioquía. Avanzaron aún más durante el reinado del sucesor de Constantino en Oriente, Constancio II (337-361), quien dio un apoyo abierto al arrianismo.119




110 El arrianismo. Juan Antonio Cabrera Montero. http://historia.libertaddigital.com/el-arrianismo-
1276240018.html
111 El Concilio de Constantinopla I y el proceso previo. Algunas anotaciones. Sergio Zañartu, S.J.
http://www.scielo.cl/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S0049-34492007000300009 Pag. 7
112 Id. Id. Pag. 9
113 Id. Id. Pag. 10
114 Barry, William. "Arianism." The Catholic Encyclopedia http://ec.aciprensa.com/wiki/Arrianismo
115 Historia de los heterodoxos españoles. Marcelino Menéndez Pelayo
http://www.filosofia.org/aut/mmp/hhein1.htm
116 LA CUESTIÓN ARRIANA. http://lacuestionarriana.wordpress.com/arrianismo/
117 PRIMER CONCILIO DE NICEA http://ec.aciprensa.com/wiki/Primer_Concilio_de_Nicea
118 ¿Qué sucedió en el Concilio de Nicea. Francisco Varo. http://www.opusdei.es/art.php?p=15384
119 ARRIANISMO Y SEMIARRIANISMO http://www.corazones.org/diccionario/arrianismo.htm

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