lunes, 30 de julio de 2018

América, parte sustancial de la Patria HIspánica (3)

Es interesante volver a destacar la calificación jurídica de los territorios: Virreinatos, gobernados por un virrey. La misma calificación y la misma actuación que la llevada en la península. Estamos reiterando algo que resulta evidente, pero la verdad es que resulta  difícil dejar de caer en la reiteración al afirmar constantemente que no estamos hablando de “colonias” sino de “reinos”, cuando ante semejantes evidencias, y de forma también reiterada, se viene insistiendo en el tratamiento contrario por parte de propagandistas, en ocasiones desinformados y en ocasiones desinformadores, que dan la sensación de servir a algo que no cuadra exactamente con la verdad histórica.

No obstante, algún cambio llegó a producirse tras la Guerra de Sucesión, en la segunda década del siglo XVIII. La estructura política que aportó la dinastía borbónica, en la península, sustituiría los Virreinatos por las provincias, manteniendo y multiplicando, aquellos en América.
De esa estructura, y sin tener en cuenta otras consideraciones que reafirman el aserto; volviendo a ser necesariamente reiterativos, debemos señalar con Luis Alfredo Andregnette Capurro, que “las Indias no eran colonias sino Reinos y estaban unidos a la Corona de Castilla fuera de toda vinculación con el Estado español. Esto era lo que establecía el ordenamiento jurídico originado en los Pactos celebrados por el nieto de los Reyes Católicos con las autoridades indígenas locales. Todo nos lleva a la época de Carlos V, cuando el César firma, a su paso por Barcelona, en el año 1519, los documentos por medio de los cuales se “estableció la Unidad e Intangibilidad de América”. Durante tres siglos, ése fue el Estatuto.”

Y como consecuencia, “América no había dependido nunca de España sino que en igual plano, aquélla y ésta tenían un solo monarca.”

Frente a ello, y como punto de referencia, debemos señalar que en el siglo XVI, en la abdicación de Carlos I, se habla, por igual, de reinos y Estados en el Viejo y en el Nuevo Mundo, lo que, también a modo de ejemplo contrasta con otras realidades; a saber:  “Los primeros establecimientos ingleses, franceses u holandeses datan sólo del siglo XVII y revisten la forma de colonias, no de Estados, como los iberoamericanos.”

Ciñéndonos a la realidad, debemos señalar con Horacio Vázquez Rial que “en lo textual y en lo real, la Corona de Castilla no tenía colonias. Ni en todo el extenso corpus de las Leyes de Indias ni en el no menos extenso trabajo de los juristas de los siglos XVI y XVII, inmersos en un debate que hasta hoy nos afecta, se mencionan una sola vez las palabras colonia o factoría, como recuerda Levene. Se habla siempre de Reinos, Provincias, Territorios, y, posteriormente, de Virreinatos, incorporados de pleno derecho a España, y cuyos súbditos poseían un estatuto idéntico al de los peninsulares, con la excepción expresa del monopolio comercial de Castilla, que empezará a hacer agua en el XVIII. Los comerciantes peninsulares no necesitaban órdenes: no comerciaban con países con los que España estuviese en guerra. Pero los comerciantes americanos, alejados de esas contiendas, pretendían hacerlo, en especial con la decisiva Inglaterra, finalmente promotora de las independencias. Antes de eso hubo un siglo entero, el XVIII, en el que la norma del comercio criollo era el contrabando, perseguido pero jamás contenido. Contrabando de mercancías británicas, pero también de propaganda británica y jacobina que acabaría por calar en las élites americanas.”

Esta era la realidad en cuanto a los territorios, pero ¿y en cuanto a las personas? La respuesta, aún teniendo en cuenta los conflictos que inexcusablemente existieron la dieron los indios con su actuación y confianza en el sistema legal. “Los indios sostenían una suficiente confianza en el sistema legal como para buscar justicia en las Cortes, donde frecuentemente ganaban sus casos ya que los tribunales generalmente venían a reconocer la validez de las costumbres y las leyes nativas.”

Y no era para menos, cuando las leyes recogían capítulos como los siguientes:

Se ordena a los virreyes “tengan muy especial cuidado del buen tratamiento, conservación y aumento de los indios”. (Recopilación de las Leyes de Indias, Libro III Título III Ley II)

“Mandamos á los Virreyes, Presidentes y Oidores de nuestras Audiencias, que ordenen á los Alcaldes ordinarios de las ciudades donde residieren las Audiencias, que no cumplan ni ejecuten auxilio invocado por cualesquiera Jueces eclesiásticos contra indios ni otros, y los Jueces de los demás lugares vean si los autos están justificados por informaciones, y estándolo, los cumplan y ejecuten, y no de otra forma.” (Recopilación de las Leyes de Indias, Libro III Título I Ley II)

“Mandamos que los Visitadores jueces de grana en las visitas que hicieren no puedan vender ni comprar, ni hacer otros contratos con los indios sobre los frutos de sus cosechas ni otros ningunos, aunque representen que es conveniencia y utilidad de los indios, y los Virreyes de la Nueva Espafia procuren excusar estos jueces y escribanos, y lo encarguen á los Corregidores, Alcaldes mayores y otras personas que tengan ministerios públicos.” (Recopilación de las Leyes de Indias, Libro IV Título XXXI Ley XLV)

“Algunas estancias que los españoles tienen para sus ganados, se les han dado en perjuicio de los indios por estar en sus tierras, ó muy cerca de sus labranzas y haciendas, y á esta causa los ganados les comen y destruyen los frutos y les hacen otros daños: Mandamos que los Oidores que salieren á la visita de la tierra lleven á su cargo visitar las estancias sin ser requeridos, y ver si están en perjuicio de los indios ó en sus tierras, y siendo así, llamadas y oídas las partes á quien tocare breve y sumariamente ó de oficio, como mejor les pareciere, las hagan quitar luego y pasar á otra parte, todo sin daño y perjuicio de tercero.” (Recopilación de las Leyes de Indias, Libro IV Título XXXI Ley XIII)

“Cuando saliere el Visitador á cumplir su turno, visite con particular atención las encomiendas, minas, chacras y obrajes, é inquiera el tratamiento que los encomenderos, mineros y dueños de las demás haciendas hicieren á los indios de repartimiento ó voluntarios, y no consienta que los unos ni los otros padezcan violencia ni servidumbre, castigando los culpados, y ejecutando en sus personas y haciendas las penas impuestas”. (Recopilación de las Leyes de Indias, Libro IV Título XXXI Ley X)

“Los Visitadores averigüen y sepan en el discurso de sus visitas el tratamiento que los caciques hacen á sus indios, y los castiguen si averiguaren que han cometido algunos excesos”. (Recopilación de las Leyes de Indias, Libro IV Título XXXI Ley XI)

“Los Abogados no dilaten los pleitos, y procúrenles abreviar en cuanto fuere posible, especialmente los de indios, á los cuales lleven muy moderadas pagas, y les sean verdaderos protectores y defensores de personas y bienes sin perjuicio de lo proveído en cuanto á las protectorías”. (Recopilación de las Leyes de Indias, Libro IV Título XXIV  Ley XXV)

“Debe el Visitador procurar cuanto sea posible que los indios tengan bienes de comunidad, y planten árboles de estos y aquellos Reinos, porque no se hagan holgazanes, y se apliquen al trabajo para su aprovechamiento y buena policía, y la Audiencia le dé instrucción de todo lo que le pareciere conveniente y digno de remedio, aunque no esté prevenido por las leyes de este Título, y especialmente se la dé de lo contenido en esta nuestra ley”. (Recopilación de las Leyes de Indias, Libro IV Título XXXI Ley IX)

“No han de tocar ni aprovecharse de la plata que estuviere en las cajas de comunidades de los indios, ni emplearla en ningún efecto, ni servirse de los dichos indios, ni ocuparlos en ningunos ministerios, pena de que se les hará cargo en sus residencias, y serán castigados con demostración”. (Recopilación de las Leyes de Indias, Libro III, Título VI, Ley LXXVI)

“Mandamos que cuando alguno de los Presidentes y Oidores de nuestras Audiencias ú otros cualesquier Juez enviare á llamar á indio ó indios, que no sepan la lengua castellana, para les  preguntar alguna cosa para otro cualquier efecto, ó viniendo ellos de su voluntad, á pedir ó seguir su justicia, les dejen y consientan que traigan consigo un cristiano amigo suyo que esté presente, para que vea si lo que ellos dicen á lo que se les pregunte y pide, es lo mismo que declaran los naguatlatos é Intérpretes, porque de esta forma se pueda mejor saber la verdad de todo, y los indios estén sin duda de que los Interpretes no dejaron de declarar lo que ellos dijeron, y se excusen otros muchos inconvenientes que se podrían recrecer”. (Recopilación de las Leyes de Indias, Libro IV Título XXIX  Ley XII)

Texto completo en: http://www.cesareojarabo.es/2018/03/america-parte-sustancial-de-la-patria_30.html

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