martes, 24 de julio de 2018

Conspiraciones, pronunciamientos y sublevaciones en el siglo XIX (12)

En ese ambiente de menosprecio por el pueblo español, tan semejante al existente en 2016, el 10 de abril de 1865 se produjo una manifestación de obreros y estudiantes, concentrados en la Puerta del Sol de Madrid, que fue duramente reprimida por fuerzas de la Guardia Civil y tropas a pie y a caballo, que efectuaron disparos contra la multitud, seguidos de cargas de caballería a bayoneta calada. La acción dejó catorce cadáveres tirados por las calles y 193 heridos, además de 66 fusilados.
Muchas de las víctimas eran simples viandantes que andaban paseando en aquella primaveral noche madrileña, conocida como La noche de San Daniel. Era Narváez Presidente del Consejo, y su ministro de gobernación González Bravo, ambos del Partido Moderado.



El ambiente guerracivilista no daba tregua, motivo por el que, el tres de enero de 1866, en  Villarejo de Salvanés se produjo un nuevo levantamiento a cargo del general Juan Prim y del general Lorenzo Milans del Bosch, que resultando fracasado, significó el exilio de Prim, que desde Portugal envió un manifiesto en el que señalaba:
¿He terminado mi obra?, ¿me declaro vencido? No y mil veces no.

Casi seis meses después, el 22 de Junio de 1866, se produjo un nuevo intento revolucionario a cargo del capitán Baltasar Hidalgo de Quintana, que acabó en fracaso. Los demócratas entregaron armas al pueblo, teniendo como centro operacional el cuartel de de San Gil, que sería finalmente tomado por los zapadores de Gerona al mando de O’Donnell.

Después de una lucha encarnizada, no sólo a tiros, sino con arma blanca y cuerpo a cuerpo, el Gobierno logró vencer la Revolución y desató su sed de venganza contra los vencidos. Se declaró el estado de sitio en casi todas las provincias, y los Tribunales marciales comenzaron su tarea, haciendo fusilar treinta y cuatro sargentos, diez y nueve cabos y soldados de artillería y dos paisanos. Condenaron, además, a muerte, de la que se libraron por haber huído al extranjero, a Becerra, Aguirre, Carlos Rubio, Castelar, Sagasta, Martos y a otros muchos militares y paisanos. Cuando comenzó la represión, anunció la reina a su Gobierno que había de negarse terminantemente a firmar ningún indulto. Finalmente, un indulto del día 8 libró de ser fusilados a 118 infelices.

Dos años largos sin asonadas de envergadura pasarían hasta que el dieciocho de septiembre de 1868 sucediesen los acontecimientos de  La Gloriosa, a cargo del general Juan Prim, el general Francisco Serrano y Domínguez, el comandante Juan Bautista Topete y el general Francisco Serrano Bedoya.
Y es que España esos dos años sin asonadas se caracterizaron por una grave crisis económica, financiera, agraria e industrial, ante las que el deterioro del sistema político monárquico no era más que una triste compañía.


Los acontecimientos indicaban que algo debía ocurrir, dado que el clima político y social contra Isabel II venía siendo creciente, ante lo que los moderados aplicaban una dura represión, desde la supresión de las garantías constitucionales hasta los fusilamientos sumarios.

Se reclamaba libertad y soberanía, separación de la Iglesia y el Estado, supresión de las quintas, sufragio universal masculino, abolición del impuesto de consumo, elecciones a cortes constituyentes, y los sectores más radicales reclamaban el reparto de la propiedad y la proclamación de la República.

Texto completo: http://www.cesareojarabo.es/2018/02/conspiraciones-pronunciamientos-y.html

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