viernes, 27 de julio de 2018

EL EJÉRCITO EN LAS ANTILLAS Y FILIPINAS DURANTE EL SIGLO XIX (VIII)


Mientras tanto, el problema de Cuba, como no podía ser de otro modo, iba haciéndose cada vez mayor, y el gobierno sólo encontraba una solución: enviar disfrazados de soldados y condenados a la miseria, más y más mozos. Así,



Entre el 8 de marzo de 1895 y el 1 de enero de 1897, se envían doce expediciones de soldados a Cuba; un total de 180.546 hombres, siendo que el total de la campaña absorbió un total de 206.074 hombres. (Navarro 2014: 131)

Estos movimientos de tropas son especialmente significativos entre los años 1896 y 1898.  A principios de 1895, en Cuba, toda la fuerza militar se reducía

a menos de 15.000 hombres; siete regimientos de infantería, dos escuadrones de caballería, un batallón de cazadores y una batería de artillería, mas un batallón mixto de ingenieros y tres tercios de la Guardia Civil y 60.000 Voluntarios. (Togores 2006: 563)

La distribución de los efectivos a esa fecha  la facilita Pedro Pascual Martínez:

A esos 13.842 hombres como fuerza del ejército permanente en Cuba para 1894-95, se añadieron 4.560 de la Guardia Civil, 976 de Orden Público y 943 de los voluntarios pagados por la sección de Guerra del presupuesto de la isla. La fuerza estaba distribuida en 7 regimientos de Infantería de Línea, 1 batallón de Cazadores, 12 Compañías de guerrilleros, las escuadras de Santa Catalina de Guaso, una sección de Ordenanzas, 1 brigada disciplinaria, 2 regimientos de Caballería, el escuadrón Voluntario de Camajuaní, 1 batallón de Artillería de plaza con 1 batería de montaña, 1 Compañía de obreros, 1 batallón mixto de Ingenieros y 1 brigada sanitaria, 3 tercios de la Guardia Civil, 1 regimiento de Orden Público con 1 sección montada y 84 marineros, dotación de las embarcaciones menores afectas al servicio militar. (Pascual)

Por su parte, quienes tenían posibles, eludían la miseria pagando en metálico. Durante el periodo de 1896 a 1898 la cifra de redimidos fue de unos 62.000 mozos (21.000 en 1896, 17.000 en 1897 y 23.000 en 1898), porcentaje bastante elevado (alrededor de un 30%) si se tiene en cuenta el total de los soldados enviados a Cuba, Puerto Rico y Filipinas.

Semejante movimiento de tropas, que resultaba inoperativo y sólo servía para transmitir a la opinión pública una aparente preocupación gubernamental por atajar el “problema cubano”, parece que en realidad sólo servía para debilitar a la sociedad peninsular, dar argumentos a los separatistas y condenar a la muerte por inanición a quienes no tenían medios económicos y debían acudir a luchas en las “colonias”, al tiempo que generaba un enorme gasto improductivo a la nación. Algo que no se hubiese producido, si el liberalismo no hubiese privado a las provincias de Ultramar de su condición de  provincias, con los mismos derechos y privilegios que los de la Península, y si no hubiese abandonado la política de Patria común, empezando por el sistema educativo y alcanzando a todos los órdenes de la vida social.

En 1895 quedaba claro que la desastrosa situación que venía sufriendo España desde el Tratado de Utrecht, que se había visto incrementada a lo largo de todo el siglo XIX de una forma espectacular, había posibilitado la absoluta indefensión, que se vio incrementada por la política de dejación, todo lo cual hacía que, añadidos los presupuestos auspiciados por el ministro de la guerra, general López Domínguez, España contase con un ejército de todo punto inoperativo.

No se trata de una cuestión de deficiente actuación momentánea… ni de desconcierto durante una década, que ya sería extraordinario. Se trata de algo de mucho más calado. Si acaso el sistema liberal, desde Fernando VII, hubiese actuado como marca la historia de España, la situación no se hubiese producido.

Pero el sistema liberal no actúa como marca la historia de España, sino como marca Inglaterra. Tal vez por ello, ocultando la realidad, y probablemente con el objetivo de mantener al pueblo en la inopia, se presentaba la guerra de Cuba como una revuelta de bandoleros, por lo que el ministro de Ultramar, señor Abarzuza

no sólo afirmó que se trataba exclusivamente de la represión del bandolerismo, sino que además atribuyó poca importancia a lo que ocurría en Cuba. (Soldevilla 1886: 71)

0 comentarios :

 
;