viernes, 6 de julio de 2018

LA REVOLUCIÓN CANTONAL (4)


Consecuencia inmediata de estas actuaciones fue que de Cartagena huyó una multitud de familias que preferían vivir en poblaciones cercanas, aún a costa de sufrir la desnudez y la enfermedad. Pero no fue ésta la única reacción. Parte de la población huida fue suplida por la chusma de los alrededores.



La confusión y el desorden habían ya superado todos los grados; mientras, el 14 de julio Pi y Margall defendía su actuación:

¡Que hemos sido desgraciados en Cartagena! ¿Y puede eso motivar tan graves insinuaciones? Apenas supimos que había salido el general Contreras con dirección a Cartagena, expedimos la correspondiente orden para que se le detuviese en el camino; desgraciadamente no le pudimos alcanzar; pero, esta desgracia, ¿es imputable al gobierno? El gobierno, cumpliendo lealmente sus deberes, ha hecho contra el movimiento de Cartagena todo lo que podía, como lo ha hecho con todos los movimientos, y si el gobierno no ha hecho más ha sido porque no ha tenido para tanto medios materiales.
¿Qué podíamos hacer en Andalucía, donde no teníamos un solo soldado?
Hemos tenido fuerzas para batir Alcoy; y qué, ¿no las hemos mandado contra aquella ciudad?
Se dice que las tropas del gobierno han entrado indebidamente en Alcoy, y esto tampoco es exacto. Las tropas han entrado en Alcoy sin condiciones ni pactos de ninguna clase; han entrado en Alcoy sin resistencia de los insurrectos, porque no la han opuesto; pero si los insurrectos hubieran opuesto resistencia, el general Velarde con sus tropas habría sabido cumplir con su deber y con las órdenes dadas por el gobierno…/… ¿Acaso ignoráis que las fuerzas que tenemos en el Norte no son ni siquiera suficientes para atajar el aumento que van tomando las facciones carlistas? ¿Podemos retirar tampoco los batallones de Cataluña donde tenemos un enemigo temible y donde además las tropas están tan indisciplinadas, que no obedecen ni las órdenes del gobierno ni las de las autoridades militares?  (Blasco 1892: 753)

Evidentemente, la locuacidad de los políticos era (y es) extraordinaria. Mientras tanto, y aprovechando la defensa parlamentaria que Pi hacía de sí mismo, fue proclamado el Cantón de Murcia, cuya vida discurriría desde el  catorce de julio hasta el once de agosto.

Desde Murcia, se animó a los municipios cercanos para que se sumaran a la revolución, lo que realmente hicieron; pero la rendición de esta ciudad, el once de agosto, sin disparar un tiro, cuando las fuerzas del gobierno se acercaban, fue causa suficiente para que los municipios que la habían seguido y apoyado en el inicio del levantamiento cantonal, rápidamente se apartaran de el.

El general Martínez Campos lo suprimió el once de agosto, cuando los cantonalistas murcianos empezaron su éxodo hacia Cartagena, siendo disuelta la Junta Revolucionaria y los Voluntarios de la Libertad, cuyas figuras principales eran Geznimo (¿Jerónimo?) Poveda, Presidente;  Hernández Ros, vicepresidente; Martínez Palao y Francisco Valdés, secretarios; Tomás  Valderrábano, Martínez García, Manuel Multedo, Martín Fontana, Saturnino Tortosa, vocales.

Con esta situación, que para la conciencia política debía ser de total normalidad, la vida parlamentaria continuaba entre insultos y amenazas. Por parte del sector más moderado, el 17 de julio de 1873 se redactó la nueva constitución federalista (ver anexo 1), que quedaría en proyecto, y que señalaba que las regiones eran estados soberanos y dividía a España en 19 estados con constitución propia, señalando al ayuntamiento como el pilar básico del estado con el alcalde y los concejales a la cabeza del mismo, encargados del poder legal.

Manifiestamente, España se enfrentó al caos total y estuvo a punto de su desintegración; se declararon las repúblicas independientes de Cataluña, Málaga, Cádiz, Valencia, Granada, Sevilla......, Alcoy, Cartagena, Algeciras, Almansa, Andújar etc., y el presidente Pi se encontró con una situación que le desbordó.

el retardo en la aprobación de la Constitución por parte de Francisco Pi y Margall, segundo presidente de la República, hizo estallar la rebelión cantonalista, atizada por ciertos sectores del republicanismo federal. Nicolás Salmerón nombró a los generales Martínez Campos y Pavía para acabar con el cantonalismo. La Internacional tuvo un papel relevante en estos acontecimientos., teniendo lugar en la ciudad de Alcoy lo que en un primer momento fue una “huelga general de todos los oficios en demanda de aumento de salario y la reducción de las horas de trabajo”, pero que se convirtió en un baño de sangre debido a la desafortunada intervención del alcalde en el conflicto, teniendo lugar un auténtico levantamiento revolucionario conocido como “Revolución del Petróleo” (Tormo: 25-26)

Texto completo en papel de "el cantonalismo" en  https://www.facebook.com/elcantonalismo/

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