domingo, 1 de julio de 2018

Los cátaros (16)

Tras fracasar la persuasión aplicó una feroz represión. Simón de Montfort tuvo al principio buenas intenciones, pero después utilizó el pretexto de la religión para usurpar el territorio de los condes de Toulouse. La pena de muerte fue, realmente, infligida demasiado libremente a los albigenses, pero debe recordarse que el código penal de la época era considerablemente más riguroso que el nuestro, y que los excesos fueron a veces provocados. 130

Y es que por una parte, ni los albigenses eran pacifistas como pacifistas eran sus “perfectos”, ni tenían aprecio a la vida propia, buscando voluntariamente la muerte, por lo que las provocaciones a las tropas cruzadas llevaban claramente el objetivo de ser muertos.

Todo ello fue aprovechado por la Francia del Norte, enemiga inveterada de los meridionales, que vio llegada la hora de vengar sus ofensas y redondear su territorio.131

Se convocan dos concilios, uno en Saint Gilles en 1210, y otro en Montpelier en 1211, con obispos meridionales que solucionen la cuestión. 132
Teniendo todo en cuenta, la cruzada contra los albigenses no consiguió al final el objetivo religioso que teóricamente la había justificado. En cambio, y como acabamos de ver, si consiguió plenamente unos objetivos militares y políticos que al inicio no estaban claramente previstos y que finalmente acabaron teniendo una enorme trascendencia histórica. Lo más sorprendente es que el conjunto de las iglesias cátaras de Languedoc salieron de la cruzada relativamente activas –eso sí, muy diezmadas en sus dirigentes y sometidas a las penalidades de una vida clandestina- y además, revaloradas ante los ojos de su pueblo fiel como consecuencia de la feroz persecución de la que habían sido objeto y de la consiguiente aureola de martirio, con mortalidades colectivas tan escalofriantes como las hogueras de Minerva (1210, ciento cuarenta víctimas), Lavaur (1211, cuatrocientas), o Los Cassers (1211, más de sesenta). Por ese motivo, de manera prácticamente inmediata, la Iglesia católica puso en marcha un
mecanismo de “extirpación de la peste” que, esta vez sí, se revelaría como realmente definitiva: la Inquisición.133

Pedro II hizo al Papa una propuesta. Él, Pedro, tutelaría todas las tierras de Tolosa durante unos años. Su cuñado, el conde Raimundo VI, renunciaría a sus territorios en favor de su hijo adolescente, que sería educado en la corte de Aragón en los usos del gobierno devoto. Cuando llegara a la madurez, Raimundo VII entraría en posesión de su herencia, que para entonces el monarca aragonés habría limpiado de catarismo. El
hijo no debería pagar por las faltas de su padre.

Además, Pedro exigía que la Iglesia y sus sanguinarios servidores dejaran en paz a sus vasallos al norte de los Pirineos: los condes de Foix y los dominios montañosos vecinos de Béarn, Comminges y Couserans. A juicio de Pedro, Simón de Montfort se había pasado de la raya; tras iniciar su carrera como enemigo de los cátaros y caudillo espiritual, se había convertido en un proscrito. En 1211 y 1212, Simón había atacado territorios de los que Pedro era señor, y que nunca habían sido corrompidos por la herejía.134

Al final de su carta fechada el 21 de mayo de 1213, Inocencio apercibió a Pedro: «Éstas son las órdenes que vuestra Alteza Serenísima está invitado a obedecer, hasta el último detalle; de lo contrario... nos veremos obligados a amenazaros con la Ira Divina y tomar medidas contra vos cuyo resultado será un sufrimiento de daño severo e irreparable» (Zoé Oldenbourg, Massacre at Montségur, p. 163). Es asombroso que en
apenas diez meses Pedro pasara de héroe de la cristiandad —la batalla de las Navas de Tolosa había tenido lugar en julio de 1212— a peligro para el Papa.135

En 1216, a la muerte de Inocencio III le sucede en el pontificado Honorio III (1216-1227), y se producen sublevaciones de los cátaros. Raimundo VII retorna a su marquesado de la Provenza decidido a reconquistar los territorios de su condado.

Marsella, Aviñón y Arlés ayudan a Raimundo en su empeño.136 Acaban sitiando Tolosa y tomándola.

A la muerte de Simón de Monfort en 1218, y gracias a los buenos usos del papa Inocencio III, es devuelto a Aragón el infante Jaime I, que aquel tenía cautivo, y que acabará prestando su apoyo en la nueva campaña iniciada por Raimundo II, hijo de Simón de Monfort.


Notas:
http://es.catholic.net/sacerdotes/222/2454/articulo.php?id=23235
130 N.A. WEBER http://ec.aciprensa.com/a/albigenses.htm
131 Historia de los heterodoxos españoles. Marcelino Menéndez Pelayo Pag. 290
http://www.filosofia.org/aut/mmp/hhein1.htm
132 GUILLERMO DE TUDELA Y "LA CANCION DE LA CRUZADA CONTRA LOS ALBIGENSES"
Joaquín Guillén Sangüesa. dialnet.unirioja.es/descarga/articulo/2273363.pdf
133 Els càtars: una veu silenciada. Antoni Dalmau i Ribalta.
http://www.revistaigualada.cat/ImatgesArticles/2008/14.03.18.pdf
134 STEPHEN O'SHEA LOS CÁTAROS, la herejía perfecta.
https://docs.google.com/viewer?a=v&q=cache:MZkOULdhX5QJ:ahuramazdah.files.wordpress.com/2009
/11/oshea-stephen-los-cataros-la-herejiaperfecta1.
doc+stephen+o%27shea+los+c%C3%A1taros+la+herej%C3%ADa+perfecta&hl=es&gl=es&pi
d=bl&srcid=ADGEEShOD0drVoOkq1ATBIduBAXHrh6LDho-gndEFlteXXCiKcx9OhZEYAzzTZpOGy9mXUZLmX4PeHaksDTBDXf7nsYvvw0eXwS1Oj1BzQpRfnU86UOztzWJ1-
SzMW47uWv649Skg9o&sig=AHIEtbQn_HfrO0A21gN_4550o5jHg5WoiA
135 Id. Id.
136 GUILLERMO DE TUDELA Y "LA CANCION DE LA CRUZADA CONTRA LOS ALBIGENSES"
Joaquín Guillén Sangüesa. dialnet.unirioja.es/descarga/articulo/2273363.pdf

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