lunes, 23 de julio de 2018

LOS VOLUNTARIOS REALISTAS Y LA MILICIA NACIONAL (2)



Puede darnos la sensación que el servicio a la sociedad debía ser su principal y único objetivo, pero quedó inmediatamente demostrado que no era exactamente eso lo que se perseguía. Casi inmediatamente a su constitución sería utilizada para reprimir a los disidentes del sistema. Así, podemos observar que desde su constitución fue un instrumento represivo al servicio de la tiranía liberal; una policía política que, de forma autónoma, actuaba con total arbitrariedad y sectarismo al servicio de los intereses del sistema, dejando a éste impoluto y hasta justificado para proceder a la "disolución" de este cuerpo represivo al que, transmutado su nombre o circunstancias, nunca ha dejado de subvencionar. La realidad era que la Milicia Nacional se creó con el fin primordial de abortar las intentonas golpistas de la Guardia Real, de carácter absolutista, que se estaban viviendo en ese momento, y para ejercer un contrrol social violento e indiscriminado.



Los milicianos se elegían entre quienes disponían de propiedad, renta, industria u otro modo de subsistir a juicio del ayuntamiento y los cargos eran amovibles y electivos y eran compatibles las funciones en la milicia con la actividad profesional.

Hubo lugares en los que no compareció nadie voluntariamente para engrosar la milicia nacional, ante lo que los ayuntamientos hicieron una acción proactiva, casa por casa, para hacer el alistamiento. Como consecuencia de esta proactividad, curiosamente, los mismos miembros que constituyeron la milicia nacional, en ocasiones serían los que conformarían el cuerpo de Voluntarios Realistas. Un caso concreto lo tenemos en El Picazo, en la provincia de Cuenca, donde según señala Benedicto Collado, además se produjeron enfrentamientos cuando a la hora de constituir el cuerpo de voluntarios

se juntó la mayor parte de los concurrentes y en altas y desentonadas voces prorrumpieron con una descompostura sin igual que habrían de nombrar todos los dos capitanes y de lo contrario no pasaban a votar, llegando a tan alto grado su altanería y ruidoso estrépito que no dejaban entenderse a persona alguna en dicho Ayuntamiento…por cuya razón se vieron precisados a suspender este acto. (Collado 2012: 115)

Evidentemente, la tranquilidad no llegó de la mano de las Milicias Nacionales, sino las conspiraciones republicanas y absolutistas. Quizá la más desgraciada fue la del capellán del rey, Matías Vinuesa, que tras ser apresado fue linchado por el populacho.

Y es que, según refiere Félix Rodrigo Mora en su estudio  "La milicia nacional, una organización criminal al servicio de la constitución de 1812",

el estudio imparcial de los hechos muestra: 1) la inmensa mayoría de las víctimas era gente de las clases modestas sin adscripción política definida ni particular entusiasmo religioso, 2) el sector ultrareaccionario de la sociedad era el constitucionalismo gaditano, al haberse erigido por sí en enemigo principal del pueblo, muy por delante de los escasos partidarios del Antiguo Régimen existentes, 3) no se puede justificar el descomunal mal realizado por la Milicia Nacional porque, supuestamente, fuera dirigido contra los “absolutistas”: quienes eso sostienen, o insinúan, deben ser tenidos por gentes de mentalidad patibularia y genocida, similar a la de los jacobinos. (Rodrigo 2012: 2)

La fase de esplendor de la Milicia Nacional fue 1821-1823, cuando el pueblo, en las ciudades pero sobre todo en los campos, se alzó, a veces por métodos pacíficos y en otras armándose, contra la política monstruosa de los gobiernos del Trienio Constitucional, inspirada por la Constitución gaditana, así como contra su arrogancia ilimitada, visceral odio a las clases modestas, arbitrariedad despótica, sinrazón jacobina, espíritu reaccionario y omnipresente latrocinio, corrupción y enriquecimiento. (Rodrigo 2012: 2)

En estos momentos la represión liberal ya era generalizada y menos sutil que en la actualidad. Como consecuencia se produjeron agitaciones en Aragón, mientras el clero acomodaticio entraba en connivencia con el sistema; así en Pamplona, el obispo Uriz y Lasaga orientó a los eclesiásticos de su diócesis a ser complacientes con el régimen liberal. (Garralda 1987: 503), mientras los vecinos se negaban a dar limosnas a los franciscanos de Pamplona por estar adscritos a la Sociedad Patriótica. (Garralda 1987: 503)

Lo que hizo la Milicia Nacional se concreta en seis palabras: vigilar, intimidar, perseguir, detener, torturar y asesinar. Cualquiera que discrepase del nuevo orden, que no admitiese las políticas instituidas, que se atreviese a decir en público lo que pensaba sobre la situación política, que sometiera a crítica total o parcial la Constitución de 1812 o que meramente cayese mal a los caciques locales sería intimidado y encarcelado, muy probablemente torturado y en bastantes casos ejecutado. Todo ello en un ambiente de arbitrariedad, descaro e impunidad, a menudo sin sumarios ni juicios, de forma expeditiva, buscando someter al pueblo con un miedo pánico. (Rodrigo 2012: 2)

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