martes, 3 de julio de 2018

Puerto Rico y el 98 (I)





En 1895 los separatistas Betances y Henna fundaban en Nueva York una liga separatista de Puerto Rico,  como “sección Puerto Rico del Partido Revolucionario Cubano”, y el 23 de julio de 1896, desde Nueva York, Julio Henna dirigió a los puertorriqueños, una carta encaminada a despertar en ellos el espíritu separatista, señalando que se encontraba "habituado a las libres instituciones de la Gran República de los Estados Unidos.



Paralelamente se desarrollaba el movimiento autonomista. Así, el nueve de marzo de 1897, se constituyó el Partido Autonomista Puertorriqueño. El punto quinto de su programa rezaba: El Partido no rechaza la unidad política, antes bien proclama la identidad política y jurídica, según la cual, en Puerto Rico, lo mismo que en la Península, regirán la propia Constitución, la Ley electoral, la de reuniones, la propia representación en Cortes, la propia ley de asociación, la de imprenta, la de procedimientos civiles y criminales, la orgánica de tribunales, la de matrimonio civil, la de orden público, la misma ley provincial y municipal; es decir, que en punto a derechos civiles y políticos, el Partido pide que se iguale a las Antillas con la Península.

El 15 de enero de 1898 fue nombrado Gobernador General de Puerto Rico el Tte. Gral. Manuel Macías y Casado que llegó a Puerto Rico el 3 de febrero de 1898 con la consigna de implantar el régimen de amplia autonomía.

Sus actuaciones durante los cuatro meses aproximados que duró el conflicto, fueron muy discutidas y censuradas. Delegó todas sus funciones militares en el Jefe de Estado Mayor coronel Juan Camó, y no tomó ninguna medida para corregir las deficiencias defensivas que padecía la isla desde hacía al menos un siglo.

Se decía del general Macías que voluntariamente era prisionero de su jefe de Estado Mayor, y de éste nada bueno puede relatarse. No permitió, entre otras cosas, que el general Ricardo Ortega saliese a campaña, como solicitara repetidas veces, al frente de una división de tropas regulares de las tres Armas, para ofrecer batalla al enemigo en campo abierto.

Debido a todo ello, la creencia en una traición por parte del gobierno era generalizada, aunque no expuesta abiertamente.

Muchas personas en Puerto Rico y en el exterior han mantenido la creencia de que el general Macías recibió de Madrid instrucciones concretas, y que a ellas ajustó su conducta, tan extraña como pasiva. (Rivero 1922)

Pero el gobierno sabía guardar la ropa, disimular y dejar que la iniciativa de lo que todos entendían una venta, fuese llevada por los compradores.

Hasta el momento de la invasión cada cable de Madrid era una arenga de guerra; después del 25 de julio, los Ministros de Guerra y Ultramar y hasta el mismos Presidente del Gobierno español bajaron el tono, aconsejando economizar la vida de los soldados, pero dejando en todo caso a salvo el honor de las armas; si hemos de retirarnos de esa Isla, y eso sucederá, dejemos recuerdos honrosos de valor y nobleza que no empañen los timbres de Juan Ponce de León, de Pizarro y de Cortés. Podremos ser vencidos por el número o por la penuria de recursos, pero jamás por desidia o cobardía. Así dijo, telegrafiando en clave, el Ministro de la Guerra. (Rivero 1922)

Pero esas eran palabras que, de haber sido ciertas, hubiesen llevado otro tipo de actuaciones que habían sido eludidas desde hacía un siglo. No, no fueron responsables sólo los políticos del 98, sino todos los anteriores. Y ninguno de ellos puede remitirse a la desinformación de la realidad exacta. Sólo la traición reiterada puede ser el origen de tal situación.

Por muchos años San Juan y toda la Isla estuvieron desartillados. Desde el año 1797, fecha de la invasión inglesa, no se había disparado un tiro de guerra, y nadie pensaba, ante el temor de parecer ridículo, en bélicos alardes. (Rivero 1922)

Texto completo en el enlace http://www.cesareojarabo.es/2018/06/puerto-rico-y-el-98-texto-completo.html

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