domingo, 19 de agosto de 2018

1898, LA GUERRA EN FILIPINAS (4)

Mientras tanto, el teatro seguía combinado con la realidad, y mientras se festejaba en Manila el pacto de Biacnabató,



En Nueva Ecija, en Bulacán, en Batangas y en otras provincias, era una temeridad ir solo por los caminos de unos pueblos á otros, porque de continuo se recibían noticias de asaltos, robos y asesinatos cometidos en dichos puntos, por los que hasta entonces habíamos llamado insurrectos, y que después de firmada la Paz, se llamaron, porque así le parecía al Capitán general, tulisanes, malhechores, gente de mal vivir. (Ría 1899: 26)

Al final nada se había resuelto, pues Primo de Rivera, en vez de extinguir la insurrección, la aplazó y dio nuevos bríos con el pacto de Biacnabató, por el cual, los traidores quedaban reconocidos como parte beligerante, con lo que quedaron revestidos de prestigio para reiniciar un nuevo levantamiento que serviría para apoyar la agresión usense anunciada, al tiempo que Manila contaba para su defensa con seis batallones de infantería y 8.000 voluntarios.
En consonancia con lo que sobre el terreno denunciaba Ría, tras la marcha de Aguinaldo a Hong Kong, el día 14 de marzo de 1898, se produjo una nueva sublevación.

el día 2 de Marzo se tuvo noticia de la concentración de la escuadra norteamericana del mar de China en Hong-Kong, á la vista casi de Manila, y el día 8 de que el departamento de Marina de Wáshington organizaba una escuadra volante compuesta de cruceros de guerra y de vapores veloces
de las compañías mercantiles para dar caza á los buques mercantes españoles en el caso de que estallase la guerra. (Isern 1899: 399)

Nada hizo el gobierno español al respecto.
El 2 de marzo, mes y medio antes de la declaración de guerra, y seis meses después de la comunicación ministerial relativa a la cantada agresión usense sobre Filipinas,  publicaba la prensa inglesa la noticia de que la escuadra norteamericana del mar de China se había situado en Hong-Kong, y los periódicos de Madrid decían, al reproducir la noticia, que la estancia de la escuadra norteamericana en Hong Kong, era motivo en Londres de impresiones pesimistas. Algo que no alarmó al gobierno español, que mientras tanto estaba orquestando el desastre.

Pero Inglaterra debía tener algo más que impresiones pesimistas, ya que era la principal interesada en llevar a cabo la mutilación de España. La razón de esa afirmación la aclaraba en su momento el teniente “X”, de la armada francesa, testigo de los acontecimientos de Cavite, que el 15 de Agosto de 98 publicaba en "La Revue de París” un artículo con el título de "La Guerra en Filipinas", en el que afirmaba:

Antes de zarpar de Hong-Kong los americanos, embarcaron artilleros ingleses, desertores de la armada británica. Así se explica la seguridad del tiro americano en el combate de Cavite; sus piezas estaban dirigidas por hhíe jackets; á cada desertor se le sedujo mediante un sueldo de quinientos dollars al mes, como si fuera un almirante. Me resisto aun á creerlo: la insolencia de estos procederes sajones es demasiada. Pero la historia no rechaza lo inverosímil. Los ingleses y americanos, entre sí, son como los bávaros y los prusianos: se odian pero son de la misma familia y se entienden contra los demás. Los americanos, el día mismo que hicieron la paz con Inglaterra, hace más de un siglo, estaban dispuestos á ayudarles para arrojar á los franceses de Canadá, si lo hubieran necesitado los ingleses. Es preciso cerciorarse de si el hecho es cierto. Inglaterra no protestará, puesto que han sido los Estados Unidos los que llevaron esos marineros…/… A mi juicio, el Cónsul Wildam ha manejado los hilos principales de la empresa americana en el mar de la China. El es quien la dirige, quien merece estatuas, y teniéndolas, se honrará en él á la marina, pues el Cónsul Wildam es un antiguo oficial de la escuadra
norteamericana.  (Mendoza 1902: 114)

En esos momentos se organizaba una “armada” que, al mando del almirante Cervera era enviada a la muerte y al desguace. De nada sirvieron las quejas y las propuestas del almirante, que concientemente y en un exacerbado concepto del deber no supo distinguir entre los intereses de la Patria y los intereses de un gobierno que estaba sirviendo el dictado de los enemigos de la Patria.

http://www.cesareojarabo.es/2018/04/1898-la-guerra-en-filipinas-texto.html

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