sábado, 18 de agosto de 2018

Antonio Pérez, el primero entre los traidores (XVII)

ANTONIO PEREZ, RESGUARDADO EN ARAGÓN

Era 19 de Abril de 1590. Su entrada en Aragón inauguró los disturbios al haberse guarecido en sagrado y presentarse fuerzas a arrestarlo. La crisis que se iniciaba superaba a la ocasionada con el fracaso de la Armada en su intento de invadir Inglaterra en 1588.



Habiendo recurrido al beneficio de la manifestación, del que era acreedor, a pesar de no ser aragonés y gracias a los buenos oficios ejercidos por su padre, que sí lo era, fue conducido a la prisión de los manifestados en Zaragoza. Una vez allí intentó presionar a Felipe II amenazando con hacer públicos los documentos que portaba, lo que finalmente hizo, “no sin grande escándalo del pueblo”.  A estas alturas, la amenaza del traidor, si bien inquietaba al rey, se trataba de una inquietud moderada dado que los secretos que portaba tenían, como poco, doce años. Daño harían, pero no sería mortal la herida.

Era el privilegio de la manifestación “una presentación que puede hacer cada uno de su persona y causa ante el justicia, y en reparo de su agravio pretendido de cualquiera jurisdicción y suprema autoridad.”  Un derecho aragonés que preservaba a su beneficiario de la persecución que pudiese ejercer sobre él una autoridad no aragonesa.

“A partir de este momento, constatada la imposibilidad de llevarle de nuevo a Castilla sin vulnerar la legislación aragonesa, se instruyen nuevos procesos a fin de obligarle a permanecer en ese reino, evitando así lo que más temen: su huida a Francia y la colaboración con uno de los Estados enemigos de Felipe II” , pero la intención de Pérez al huir “no era simplemente escapar del Rey poniéndose en manos del Justicia de Aragón (podría haber seguido huyendo a un país enemigo de la Monarquía Católica); lo que él buscó era hallar refugio en algún lugar en donde poder provocar un levantamiento popular contra la Corona para, amparándose en la alteración, sentirse seguro y vengarse del Rey.”  Conocía sus posibilidades, y pretendió romper la unidad nacional. Antonio Pérez estaba dispuesto a encabezar un movimiento secesionista en Aragón, para lo que contaba con el apoyo de Francia y de Inglaterra.

Las pegas infranqueables que presentaba el beneficio de la manifestación para que el traidor fuese debidamente juzgado eran insalvables; con tal motivo, salvo datos que abonen fehacientemente lo contrario, a quién efectúa este trabajo le da la sensación que se recurrió a lo que nunca quiso utilizar: el uso de la Inquisición para fines de estado.

La Inquisición siempre fue una institución que se mantuvo fiel a su cometido, y es muestra de equidad, ponderación y justicia para quién se atreve a acercarse a ella. La falta de información que hoy pueda existir es debido, en exclusiva, a la acción de los enemigos de España y de la Inquisición, que desde la invasión francesa destruyeron cuantos archivos inquisitoriales estuvieron a su mano, y a la incultura, siendo que la Inquisición era, sobre todas las cosas, un instrumento de creación de documentos. El caso es que, en el asunto de Antonio Pérez, “a partir de ese momento, las declaraciones de los testigos citados por la Inquisición aportaron datos para incrementar la sospecha del contacto de Antonio Pérez con los herejes de Bearn. Finalmente, el propio Pérez confirmó los argumentos de la Inquisición escapando a Francia.”

Texto completo: http://www.cesareojarabo.es/2015/10/antonio-perez-el-primero-entre-los_9.html

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