sábado, 25 de agosto de 2018

EL MANDO POLÍTICO MILITAR EN CUBA DURANTE EL SIGLO XIX (IX)


Convencida de que con la estrategia militar llevada hasta el momento no era posible derrotar la insurrección de Cuba, la Corona concibió separar en la isla el gobierno civil del militar, y nombró para este último al general Arsenio Martínez Campos, cuya función no sólo era presionar por las armas, sino explotar tanto las rivalidades del mando separatista como el inmenso deseo de muchos jefes separatistas de recuperar sus riquezas.



Alfonso XII decide, en noviembre de 1876 separar el mando de la Isla de la dirección de las operaciones militares: Jovellar se hará cargo de la capitanía general y el veterano Martínez Campos de la dirección de la guerra. (Togores 2010: 349)

El tres de noviembre de 1876, cuando más auge parecía tener la revolución, el General Martínez Campos, que ya tenía experiencia en Cuba desde 1869,  desembarcó en La Habana como General en Jefe; llevaba consigo importantes refuerzos y el respaldo del Tesoro de la Corona, así como licencia para todo tipo de maniobras en Cuba; con tal de que lograra pacificar la isla.

Dio comienzo a una política de perdón para los guerrilleros que se presentaran, lo que acabó por desmoralizar al enemigo.  Las deserciones en las partidas eran tan numerosas, que llegó a desaparecer la caballería.

Las medidas cambiaban de forma manifiesta el decurso de la campaña. ¿Se estaba equivocando el gobierno? La verdad es que Martínez Campos adoptó medidas que conducían a una total victoria sobre los separatistas.

Prohíbe la ejecución de prisioneros, promete dinero y tierras a aquellos que deserten del bando mambí, incluyendo las pagas que pudiesen corresponder atrasadas a los oficiales por los años que hubiesen combatido en las fuerzas rebeldes y el reconocimiento de sus grados dentro del Ejercito Español. Saca de las prisiones a muchos condenados y facilita la salida hacia el exilio a aquellos que así lo soliciten, e incluso devuelve a aquellos que han depuesto las armas los bienes que les fueron incautados. Ratifica la libertad de los esclavos, suprime los destierros y ofrece el indulto a los desertores. Todas estas medidas llevaron a decir a Máximo Gómez: Desde que no matan la gente se esta dejando coger. (Togores 2010: 350)

La mano dura con guante blanco estaba facilitando los éxitos que ni la complicidad con los traficantes de esclavos, ni la ambición personal, ni la prevaricación, ni la incompetencia, ni la complicidad con el enemigo, ni el manifiesto servilismo a los poderes extranjeros habían conseguido hasta el momento. Y eso lo notaban los separatistas, que no habiendo dudado nunca en recurrir al asesinato y al expolio, aplicaban las medidas a sus propios jefes.

El gobierno del cuarto presidente de la República Cubana, Estrada Palma, apoyándose en las fuerzas de Máximo Gómez, intentaba con escaso éxito resistir. Los jefes mambís Varona y Castellanos, que se habían manifestado en favor de la paz, fueron acusados de traición, juzgados y ejecutados el 7 de octubre en Bayamo. Pocos días después, el 19 de octubre, Estrada Palma era apresado por las tropas de Martínez Campos. (Togores 2010: 351)

Todo hacía indicar que la intentona de los agentes británicos en Cuba estaba liquidada. El 10 de febrero de 1878 se firmó la paz de Zanjón entre Arsenio Martínez Campos y los representantes manbises Emilio Luaces y Ramón Roa, que debía haber significado el fin del problema, pero que acabó siendo sólo una tregua, pues el problema de fondo causante del conflicto no se resolvió debido en gran medida a la actitud de los posteriores gobiernos españoles de la Restauración que, sometidos a las mismas servidumbres que desde 1808 conferían de facto a España la condición de colonia británica, incumplieron sistemáticamente todos y cada uno de los acuerdos.

http://www.cesareojarabo.es/2018/04/el-mando-politico-militar-en-cuba-en-el.html

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