viernes, 10 de agosto de 2018

El secreto en la Inquisición (1)

Uno de los asuntos que más controvertidos han resultado a los estudiosos de la Inquisición es el secreto. Debe tratarse, a vistas del trato dado al secreto, más que del secreto en sí, de la forma en que se aplica el secreto; así, uno de los mayores enemigos de la Inquisición, la masonería, es un especialista en el uso del secreto, y según sus defensores, en la masonería “el secreto fue el máximo conservador de sus tareas”, y más, llegó Manzini a establecerlo en la organización de la ‘Joven Italia’; el artículo es breve pero elocuente y dice: ‘Los que no obedeciere las órdenes de la sociedad secreta o revelaren sus misterios, morirán irremisiblemente apuñaladas’ .” Estas instrucciones son masónicas, no inquisitoriales. El secreto, en la Inquisición tiene otro entorno.



El secreto era aplicado por el Santo Oficio porque “los inquisidores deben comprobar que las confesiones del reo coinciden con las deposiciones presentadas contra él, y esta operación sólo es posible si el acusado desconoce el contenido de las imputaciones (lo que tiene lugar en los supuestos de autodelación espontánea sin indicios e, inexistente ésta, en las audiencias que se tienen con el reo antes de la publicación de testigos) o la identidad de quienes las han formulado. Y de ahí también que la misericordia de los inquisidores a la hora de acordar las penas dependa en muchas ocasiones del momento procesal en que el reo confiesa sus pecados, siendo menor cuanto más avanzado se encuentre el iter del procedimiento. Y, en la medida en que "el pecado prevalece sobre el delito", el Santo Oficio no dudó en "sacrificar la seguridad jurídica del acusado en aras de la eficacia que el secreto les proporcionaba para escudriñar la conciencia del reo” .

Esta afirmación viene a corroborar lo que venimos manifestando a lo largo del presente trabajo: El fin de la Inquisición era salvar almas; era conseguir la confesión y el arrepentimiento sincero de los reos; era imponer penitencias de carácter espiritual. El espíritu de los tiempos hizo el resto, siendo que el resto no es deleznable como la historia negra y la Ilustración de empeñan en afirmar gratuitamente.

El secreto era llevado a todos los capítulos de las causas: “Al denunciado no se le informaba quiénes eran los denunciantes; a los testigos no se les indicaba quién era el acusado ni los denunciantes ni otros testigos, y los funcionarios que instruían la causa no daban señal alguna del asunto que podía tratarse, iniciando en cada caso un documento en blanco, impidiendo que los implicados tuviesen ningún tipo de contacto” .

Evidentemente, esta forma de actuar parece encaminarse a la estricta búsqueda de la verdad. No se perseguía el castigo del reo; por ello se mantenía en secreto su identidad ante los testigos, que debían denunciar no sabían qué ni de quién… y que acababan haciéndolo cuando el reo era culpable de aquello por lo que había sido detenido. Cuando menos, método llamativo.


No obstante, los inicios del tribunal no fueron esos. “Cuando el Santo Tribunal comenzó sus averiguaciones hízolo según los trámites ordinarios; pronto se convenció que por este camino, lejos de llegar al término propuesto, acumularía más desgracias sobre la nación entera… ¿Qué sucedía, pues? Que ninguno o muy raro se atrevía a delatar ni a declarar algún judaizante por miedo de sus parientes y fautores.”

El secreto en los procesos inquisitoriales procede de los inicios de esta institución en el Languedoc. “En el año 1254, la carta apostólica Cum negotium, de Inocencio IV, ordena preservar la identidad de los acusadores y testigos que intervengan en las causas de herejía, sin que por ello decaiga la validez de sus deposiciones… Posteriormente, el 28 de julio de 1262, Urbano IV, en virtud de bula dirigida a los inquisidores de Aragón, matiza la anterior al señalar que, excepcionalmente, se podrá mantener en secreto el nombre de las personas examinadas, de considerar que corren peligro si es conocido”.

En principio, "la doctrina admitió que los tribunales podían ocultar la identidad de éstos cuando razonablemente cupiera esperar en ellos alguna resistencia a declarar contra personas poderosas, por temor a su venganza o cuando hubiera riesgo de sobornos" . Finalmente se tomó como norma el secreto, y la Inquisición española heredó el método sin mayor discusión.

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