sábado, 4 de agosto de 2018

La expulsión de los moriscos (3)

La situación, que había llevado a la corona a despoblar algunas poblaciones costeras para evitar el contacto con los piratas norteafricanos llevó a la Real Pragmática que exigía la conversión total de los mudéjares, pero no fue ésta lo que llevó a un alzamiento general de los moriscos para Jueves Santo del año 1568; mientras el marqués de los Vélez concedía mercedes a los moriscos en detrimento de los cristianos viejos, que se amotinaron y sufrieron represión, la confabulación morisca ponía al frente a un antiguo soldado que fue en Flandes, Fernando de Válor, descendiente de los últimos reyes de Granada que cambiando su nombre por el de Aben Humeya fijó la insurrección morisca para la Navidad del mismo año. Antes de esa fecha los moriscos provocaron una serie de martirios sobre cristianos.



Diego Hurtado de Mendoza nos cuenta en su “Guerra de Granada” las horrorosas matanzas que, hasta el grado más monstruoso, perpetraron los moriscos contra la pacífica y desarmada población española que con ellos convivía.

Aben Humeya fue finalmente derrotado en Vera el 26 de Septiembre de 1569. Era asesinado por sus parciales, hartos de su prepotencia, resentidos por los asesinatos cometidos entre su propia gente y enterrado en un muladar pocos días después, siendo sustituido por su primo Aben Aboo, que dio nuevos bríos a la guerra.

En Octubre de 1570 se ordenó la expulsión de los moriscos de Granada, y fueron expatriados en Diciembre a las provincias de Cuenca y Toledo, Extremadura, Galicia, La Mancha, Campo de  Montiel y Sevilla, si bien los señores de la tierra impidieron que la expulsión fuese, ni con mucho, completa. También en este año los turcos, faltos de botín, pactaron su marcha a Berbería y se ofrecieron para acabar con la vida de Aben Aboo, extremo que no consiguieron. Finalmente, el Xéniz, que quería la paz, acabó con la vida de Aben Aboo, y entregó su cabeza para que fuese expuesta en Granada.

Ya a finales del siglo XVI, la población morisca en España estaba compuesta por 319.000 personas, y “no estaban distribuidos de manera uniforme por toda la península. Más del 60 por 100 se hallaban concentrados en el cuadrante suroriental del país. En Valencia, que contaba con la mayor concentración de población morisca, eran 135.000, aproximadamente el 33 por 100 de la población, un morisco por cada dos cristianos.”

En 1609, la reconquista continuaba en la Hispania Tingitana. Así, el 9 de Septiembre se tomaba la plaza de Larache, entregada por Mohamed Xeque Xarife, rey de los reinos de Marruecos, y Fez.  Dos días más tarde, el 11 de Septiembre, se decretaba la expulsión de los moriscos.  Medida que se hizo imprescindible porque  “los de efte Reyno, y de Caftilla paffavan adelante con fu dañado intento, pues al mifmo tiempo, que fe trataua de fu remedio, embiaron perfonas á Constantinopla, y á Marruecos á tratar con el Turco, y el rey Muley Cidan, pidiendoles, que el año que viene envíen fus fuerças, y socorro en fu ayuda, affegurandoles, que hallarían ciento y cincuenta mil hombres, tan Moros como los de Berberia, que les afsiftirían con las vidas, y haziendas. Es la empresa facil, por estar eftos reynos muy faltos de gente de armas, y exercicio militar, y que demás defto trayan tambien fus platicas, y hartas diligencias con Hereges, y otros Principes, que aborrecen la grandeza de nuestra Monarchia, y los vnos, y los otros  han ofrecido ayudarles con todas fus fuerças: y el Turco para enviar fu armada, fe fabe de ciencia cierta, que fe concertó con el Perfiano, y con sus rebeldes, que le trayan ocupado, y el Rey Muley Cidan vá estableciendo en fu Reyno, y ha tratado con los Hereges de las tierras maritimas de Septentrión, que les han de dar nauios para paffar fu exercito, y fe lo han concedido; y fi eftos, como los demás enemigos cargan á un mifmo tiempo, nos verémos en peligro, que fe dexa entender.”  Los moriscos, así estaban continuando con las mismas actividades antiespañolas que siempre habían usado.

En cualquier caso, la medida, vista desde la distancia y con flaco conocimiento histórico nos puede parecer desorbitada, pero para ser ecuánimes debe ser sopesada en todos sus puntos. También en el momento de ocurrir pareció injusta y desorbitada en algunos ámbitos, especialmente en el ámbito nobiliario, directo beneficiario de la laboriosidad de los moriscos.

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