miércoles, 22 de agosto de 2018

La familia, base de la sociedad, (XVII)

En esa misma ley, y abonando su justificación, se proclama que la incorporación de la mujer al trabajo ha motivado uno de los cambios sociales más profundos de este siglo y que este hecho hace necesario configurar un sistema que contemple las nuevas relaciones sociales surgidas y un nuevo modo de cooperación y compromiso entre mujeres y hombres que permita un reparto equilibrado de responsabilidades en la vida profesional y en la privada.

No obstante, debemos preguntarnos qué circunstancias son las que han propiciado tal realidad, que lo es. Podemos llevarnos una sorpresa nada grata si analizamos las mismas circunstancias y la situación económica de un sistema social y político que cada día más depende de aspectos ajenos a la persona y más cargados de intereses, económicos y otros que siguen siendo ajenos, si no contrarios, a la persona humana.

Así, tanto la ley citada como el Plan Integral de Apoyo a la Familia, aprobado el 8 de Noviembre de 2001 por el Consejo de Ministros, manifiestan que el legislador es consciente de la realidad familiar existente en España, lo cual, es preocupante ya que a pesar de esa circunstancia, no parece dispuesto a reconducir la situación, sino a perpetuarla y empeorarla.

El Plan comienza dando un dato significativo: “de un total de 39.852.651 españoles, 38.848.133 viven en familia” y que “la valoración que el español da a la familia, es un 9’37 sobre 10, por encima de cualquier otra circunstancia” . Esta cifra, no obstante, parece un poco inflada, si se tiene en cuenta la existencia de un importante colectivo de ancianos que se encuentra en los asilos, relegados de los hogares familiares, por poner un caso entre otros.

Pero acto seguido, manifiesta cual es la voluntad del Plan 2001-2004 para garantizar el principio de continuidad demográfica. No se trata en ningún caso de hacer políticas que interfieran en la vida de las familias, sino de facilitar que éstas puedan tener la seguridad y estabilidad necesarias para tomar sus propias decisiones .

La afirmación contiene un importante contrasentido. Por una parte señala lo único que evidentemente preocupa al legislador: garantizar el principio de continuidad demográfica, gravemente dañada a lo largo de los últimos lustros, y por otro dice que pretende facilitar que la familia tome sus propias decisiones. Contradicción que se refuerza si nos adentramos en la ley de conciliación…

Es el caso que el legislador, en el pleno conocimiento de la evolución del árbol de población; es más, culpable directo de la evolución del mismo, sabía perfectamente en 1980 que la población laboral de 2020 sería absolutamente incapaz de mantener el sistema de Seguridad Social y de Pensiones, y no sólo no hizo nada por remediarlo, sino que bien al contrario, gestionó una política antifamiliar que abonaba el gasto por el gasto, el disfrute sin límites, y lo que es peor, la creación de la peor prensa hacia el matrimonio, y muy especialmente hacia la mujer casada que se dedicaba exclusivamente a la educación de sus hijos.

En esas fechas, toda la banca se lanzó a una vorágine de captación de fondos en planes de pensiones, y para convencer a los posibles clientes no dudaba en usar el árbol de la población y con los datos del Instituto Nacional de Estadística en la mano, invertir el mismo, con lo cual significaba que la base productiva no podría sostener al sistema de previsión, y conseguía del cliente los fondos que buscaba.

Hoy en día, quién más quién menos, tiene asumido que si quiere tener una vejez mínimamente plácida, debe contratar un plan de pensiones con una entidad financiera. Y la entidad financiera, naturalmente, se frota las manos con un negocio que, con la colaboración desinteresada del Estado, que paga con el dinero de todos, es casi la única actividad que obtiene beneficios.

Pero el asunto no queda ahí, porque las aportaciones a esos planes de pensiones han sido destinados, en gran medida, y a espaldas de los propios inversores, a fondos hipotecarios “subprime”, de alto riesgo, y ubicados prioritariamente en los EE.UU, con lo que la garantía de ingresos de los más mayores, queda sumida en una virtualidad difícil de calificar, y produce alarma cuando el inversor observa que su inversión se va devaluando con el tiempo.

Texto completo: http://www.cesareojarabo.es/2018/04/la-familia-base-de-la-sociedad-texto.html

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