domingo, 12 de agosto de 2018

LA INQUISICIÓN Y LOS JUDÍOS (7)

En 1408 se obligó a los hebreos a llevar distintivos y a recluirse en las juderías y, en 1412, la regenta de Castilla, Catalina de Lancaster, prohibió la convivencia entre cristianos y judíos, algo similar hizo el rey aragonés Alfonso V.  “El mandato estuvo repetido en el decreto real del año 1465 pero no se cumplió ni en el territorio de Castilla ni en Aragón.”  Algo que es significativo. ¿Cómo es posible que tras los alborotos sangrientos no se cumpliesen esas medidas que tendían a ser protectoras? Parece evidente que el motivo no era otro sino que los mismos destinatarios de la protección se negaron a utilizarla.



Sea como fuere, y como se deduce de lo comentado, la población llevaba una lucha no precisamente sorda contra los judíos, que con razón o sin ella eran acusados de todo tipo de maldades. Pero a mediados de siglo la situación no había cambiado; los resultados esperados tras el bautismo generalizado de judíos no habían sido efectivos; había llegado un punto en el que no se salvaban ni los judíos ni los conversos, a quienes se acusaba, con razón o sin ella, de no serlo de forma sincera. Había levantamientos en armas contra los judíos en Sevilla, Toledo, Burgos, Valencia, Tudela, Barcelona… Y la Inquisición, que estaba establecida en Aragón, no estaba establecida en Castilla, con lo que la protección de los judíos que vivían en Castilla estaba poco atendida. Sí, la Inquisición protege a los judíos, y siempre lo hizo.

“Y en tal estado de los reinos de Aragón y Castilla, llegamos al año 1449, a Toledo, en donde se produce un enfrentamiento entre dos facciones, la cristiano vieja frente a la cristiana nueva. Y aunque la excusa vino dada de la mano de la petición realizada por Juan II, en boca de su condestable Don Álvaro de Luna, con la exigencia de un millón de maravedíes para la guerra contra Aragón, los encargados de recaudar el impuesto fueron en su mayoría de origen converso. El día señalado para hacer efectivo el pago se produjo el asalto a la zona habitada por estos. La ciudad, en la que encabezaba la revuelta su alcalde mayor Pedro Sarmiento, quedaría en mano de los rebeldes, y aunque los culpables fueron castigados por el rey de Castilla, la situación no volvería a ser como antaño”.

Y es que, aunque la mayoría de las conversiones fueron sinceras, y los nuevos cristianos eran cristianos auténticos, revueltos entre ellos se camuflaban aquellos que generaban el odio de las víctimas de la usura: los usureros, los recaudadores de impuestos, que antes como judíos y ahora como cristianos continuaban con su odiosa labor.

Claro que, la actuación no era llevada en solitario. Álvaro de Luna, “en nombre del monarca, pretende arrancar de la población toledana un millón de maravedíes en concepto de empréstito, con el fin de conseguir los medios económicos necesarios para enfrentar la endémica rebeldía nobiliaria del reino. En este contexto, "por primera vez en España -indica Delumeau- un cuerpo municipal, apoyándose en el «derecho canónico y en el derecho civil» y en la enumeración de toda suerte de crímenes y de herejías cometidos por los cristianos nuevos, decide que, de ahora en adelante, éstos [los conversos] serán reputados indignos de ocupar cargos privados o públicos en Toledo y en su jurisdicción. De este modo nace -según dicho autor- el primero cronológicamente de los estatutos españoles de «limpieza de sangre»". Esta primera revuelta contra los conversos (vistos como socios del poder real) genera una verdadera guerra intestina y un acalorado debate doctrinal y político en territorio hispano, orientado sobre todo a redefinir la condición de los judíos y los "nuevos cristianos" dentro del reino de Castilla.”

Se produce un efecto curioso: Por una parte, el poder real, en manos de una persona capaz, Álvaro de Luna (que por cierto acabará ejecutado por las malas artes de una nobleza avariciosa con un rey incapaz), mueve los hilos para conseguir un bien común, el control de la nobleza, y curiosamente es el beneficiario final de esa medida, quién se revela en contra, soliviantado porque los agentes son los mismos que les vienen esquilmando desde siglos. Sería interesante determinar dónde está el fallo.

El caso es que las diferencias que antes estaban centradas entre judíos y cristianos, ahora se habían complicado a tres bandas, perjudicando muy especialmente a aquellos conversos que lo eran de corazón. “La avenencia entre cristianos viejos y nuevos se hacía imposible. Quién matará a quién, era el problema."

http://www.cesareojarabo.es/2018/06/la-inquisicion-y-los-judios-texto.html

0 comentarios :

 
;