jueves, 30 de agosto de 2018

Las penas en la Inquisición (2)

El británico Henry Kamen, conocido estudioso no católico de la Inquisición española, ha calculado un total de unas 3.000 víctimas a lo largo de sus seis siglos de existencia. Kamen añade que "resulta interesante comparar las estadísticas sobre condenas a muerte de los tribunales civiles e inquisitoriales entre los siglos XV y XVIII en Europa: por cada cien penas de muerte dictadas por tribunales ordinarios, la Inquisición emitió una".”  Los bailes de cifras, como puede observarse son grandes, pero cuando son dados por manifiestos enemigos de la Inquisición, como el citado Henry Kamen, nos sitúan en una posición que nos permite mirar con mayor tranquilidad la historia, y hasta nos permite señalar que si los datos fuesen ciertos, y dado el carácter social del momento, la Inquisición saldría en muy buena posición, pero es que, esos seis siglos de Inquisición, cuya historia también es digna de ser estudiada, comprendida y comparada, incluye los tres siglos y medio de Inquisición Española, por lo que los datos aportados vienen a confirmar que la estimación de víctimas en toda la Hispanidad, en 350 años de actividad inquisitorial, en el peor de los casos no va más allá de los 1200, siendo que casi el 50% de los mismos, por causas distintas (fallecimiento anterior o huida) fueron relapsos en efigie.



“En cualquier caso, la condena a muerte tan solo se aplicaba en casos de herejía grave, que quedara plenamente probada y en dos situaciones bien establecidas:
- Relapsos: los que reincidían en una herejía de la que habían abjurado tiempo atrás. Dependiendo de si se arrepentían y abjuraban o no lo hacían, se les consideraba Penitentes relapsos o Impenitentes relapsos, respectivamente.
- Impenitentes no relapsos: los que no abjuraban de su herejía por no reconocerla como tal.”

Pero en cualquier caso, lo que perseguía la Inquisición era el reconocimiento de los pecados, y el arrepentimiento del reo. La penitencia sería la que fuese marcada.

“Si en la hora final se negaban a reconciliarse con la Iglesia eran quemados vivos. Pero si se producía el arrepentimiento del procesado, aunque fuese de última hora e inclusive si se encontraba camino del suplicio, la pena podía ser conmutada. Si sucedía así, las autoridades civiles debían devolverlo a los Inquisidores, quienes realizaban un proceso de comprobación dirigido a verificar la autenticidad de tal conversión. En él se exigía al reo que hiciese la denuncia inmediata y voluntaria de sus cómplices; asimismo, que mostrase su disposición a perseguir a la secta a la cual había pertenecido. Luego se le pedía la abjuración de estilo.”

También, según acuerdo del Consejo de la Suprema fechado el 7 de Mayo de 1512 eran reos de muerte los guardias adscritos a la Inquisición que abusaban de las presas.

“Se debe agregar, en honor a la verdad, que la pena de muerte en el Quemadero no era exclusividad de la Inquisición puesto que la justicia civil la imponía en los delitos de sodomía, bestialidad y adulteración de moneda.”

Son numerosos los expertos anglosajones, franceses, centroeuropeos, escandinavos, judíos y españoles, pertenecientes a escuelas y tendencias diversas, quienes han realizado análisis sin el sesgo antihispánico o anticatólico de otras épocas. Puede afirmarse que entre muchos especialistas en la Inquisición española su leyenda negra está asimilada y superada.

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