viernes, 31 de agosto de 2018

Puerto Rico y el 98 (II)

Tampoco fueron reforzadas las guarniciones, que en estos momentos contaban con las siguientes unidades:

Infantería... ....... . ........ .......... 5.000
Artillería ....... .... .. .................. ..700
Otras Armas y Cuerpos ..........2 .300
TOTAL.. ............................... 8. 000



Dos cruceros, dos cañoneros, un destructor y un buque auxiliar componía la defensa marítima.

Desde el último día del mes de abril del año 1797, la plaza de San Juan no había disparado un solo tiro de guerra: ciento y un años de paz.

Por su parte, los separatistas no eran tan pasivos, y aprovechaban la menor circunstancia para hacerse oír, y el autoatentado del Maine no fue una circunstancia menor.

El día 10 de marzo de 1898, y cuando el pueblo norteamericano estaba en el más alto grado de exaltación por el desgraciado accidente ocurrido al Maine, el doctor Julio J. Henna, portorriqueño ilustre y sabio médico, que residió y reside en Nueva York, se encaminó a Washington, visitando allí al Senador por Massachusetts, Mr. Lodge, a quien habló de llevar la guerra a Puerto Rico si estallaba el conflicto hispanoamericano, como todo inducía a creerlo. (Rivero 1922)

Henna había ofrecido, desde marzo de 1898, sus servicios personales y los de 50 puertorriqueños para la invasión de la Isla. (Soto 1922:211)
También Henna pasó un  informe sobre las fuerzas españolas en Puerto Rico, su armamento, parques, caminos, puentes y ferrocarriles; añadiendo que, caso de una invasión, si a ella cooperaban él y sus amigos, el país en masa iría alzándose contra el Gobierno de España, a la vanguardia de las fuerzas usenses.

En ese orden, el catorce de marzo de 1898 escribió a Teodoro Roosovelt

Hon. Theodore Roosevelt.—Sub-Secretario de Marina, — Washington, D.C.—Muy Señor mío:—Tenido el gusto de incluir una breve descripción de Puerto Rico, que he escrito a la carrera, y que espero resultará de interés para las fuerzas invasoras de mar y tierra en el caso de que se rompan las hostilidades entre este país y España. También quiero reiterar la oferta que le hice personalmente de mis servicios, y los de cincuenta de mis compatriotas, para la invasión. Nuestro conocimiento de la topografía de la isla; la que ocupamos, y el deseo de romper para siempre con el bárbaro yugo de la despótica España que nos inspira y alienta para la lucha, pronto serán demostrados si somos aceptados entre las filas del Ejército o Marina de los Estados Unidos. A nuestra llegada a Puerto Rico, tenemos motivos para esperar que toda la población nativa se acogerá bajo los pliegues de la gloriosa bandera de la República Americana, evitando de este modo innecesaria efusión de sangre y prolongación de la lucha. Como le dije a usted en mi última entrevista, estoy listo, en cualquier momento, a obedecer sus órdenes y trasladarme a Washington a recibir instrucciones y mis credenciales de Comisionado. Hago la misma oferta al Secretario de la Guerra, si usted tiene a bien trasmitirla por el conducto apropiado y si lo considera necesario. Con sentimientos de la más alta consideración, quedo respetuosamente suyo,—J. J. Henna, M.D.—Presidente de la Sección Puerto Rico. (Soto 1922:212)

Pero ese espíritu más parecía estar en la mente de Henna que en la realidad, pues por su parte, el cónsul usense en la isla, Philip Hanna, con pocas fechas de diferencia sobre el agente ilegal diferían sensiblemente

El cónsul dice que la autonomía en Puerto Rico, últimamente concedida por el Gobierno español de S. M., ha sido proclamada y ha de ser un éxito. El pueblo de Puerto Rico es un pueblo leal y pacífico, y todos parecen contentos con la autonomía concedida por la madre patria." (Washington Daily Post, abril, 1898.)

Y es que, a pesar de la voluntad de Henna, muy pocos portorriqueños eran partidarios de la anexión a los Estados Unidos; los Lugo Viña, Fajardo, Palmer, Francisco Amy, Besosa y algunas docenas mas de médicos o ingenieros que habían cursado sus estudios en universidades usenses, eran realmente admiradores de la República Norteamericana.

Salvo algunos contados intelectuales, y los bullangueros de cada pueblo que gustan siempre de pescar en aguas turbias nadie, en Puerto Rico deseó la invasión del Ejército norteamericano. (Rivero 1922)

Texto completo en el enlace http://www.cesareojarabo.es/2018/06/puerto-rico-y-el-98-texto-completo.html

0 comentarios :

 
;