domingo, 30 de septiembre de 2018

América, parte sustancial de la Patria HIspánica (4)

La protección del indio, desde el momento del descubrimiento, fue función principal de la corona. No es de extrañar, así, que cuando era preciso, los indios respondiesen a favor de quienes les protegían. Y no es para menos, ya que eran tan vasallos como los habitantes de cualquier otro reino.



España trasplanta al continente americano su propia organización social y política como muestra de la cualidad que tenía el rey de España como rey de las Indias, y esto, no por derecho de conquista sino como resultado del pacto  existente entre las élites indígenas con el rey, y no con el estado. Pactos que llevaron a reconocer a las dinastías indígenas los mismos derechos que tenía la nobleza castellana. Si la dinastía Moctezuma llegó a dirigir el virreinato de México (José Sarmiento y Valladares, Conde de Moctezuma), la dinastía de los Incas fue asociada al trono en el mismo rango que la nobleza de la España europea.

En este sentido, el de la protección del indio, pero también en el sentido más amplio de defensa de los derechos de todos, Bernardino Bravo Lira señala que “La nota distintiva del Estado indiano es la juridicidad. Es decir, la sujeción de gobernantes y gobernados a un derecho que es supraestatal. Así se entendió el Estado y el gobierno en América, desde la llegada de Colón hasta la introducción del constitucionalismo”  , cuando tras la dislocación de la Patria, los gobiernos liberales impuestos por la oligarquía al servicio de los colonialistas británicos introdujeron leyes de desamortización y abolieron fueros, no sólo en América sino también en la España europea.

Pactos que se llevaban a efecto incluso con los llamados “indios bravos”, que como en el caso de los araucanos conllevó serios enfrentamientos militares, como el relatado por Diego de Ercilla en “La Araucana”, la guerra mantenida con este pueblo en la quinta década del siglo XVI. Las relaciones acabaron concretándose un siglo después, cuando en 1641, y cuando ya los araucanos habían tenido desagradable contacto e incluso colaboración con los piratas ingleses y holandeses, y en lo que es conocido como las Paces de Quillín se acordó:
“Que los mapuches conservarían su absoluta libertad, sin que nadie pudiera molestarlos en su territorio ni esclavizarlos o entregarlos a encomenderos;
Que su territorio tenía como frontera norte el Biobío;
Que los españoles destruirían el fuerte de Angol, que quedaba dentro del territorio mapuche;
Que los mapuches debían liberar a los cautivos españoles que retenían;
Que dejarían entrar a sus tierras a los misioneros que fueran en son de paz a predicarles el cristianismo;
Que se comprometían a considerar como enemigos a los enemigos de España y que no se aliarían con extranjeros que llegaran a la costa.”
Estos tratados, y en concreto el firmado en tiempos de Felipe IV serían argumentados por los mapuches cuando los gobiernos chilenos y argentinos del siglo XX atacaron sus derechos. Es de destacar la actuación de los 8000 guerreros araucanos que combatieron junto al regimiento Talavera en defensa de los derechos de España contra los separatistas americanos (San Martín, O’Higgins) en las guerras separatistas que acabaron con España en 1822.
Hasta consolidada la fragmentación de la Patria, en América se había reconocido “a los indígenas como vasallos libres de la corona. Es decir, se les iguala jurídicamente a los vasallos europeos de los reyes de Castilla. Por lo mismo, los caciques indígenas son equiparados a los nobles o hijosdalgos de Castilla. En consecuencia, salvo excepciones, el Derecho indiano no conoce la esclavitud de los indios.”  Un derecho que nos confirma un hecho trascendente que no se limita a las más altas estructuras de los reinos prehispánicos, sino que permeabiliza toda la sociedad.

Texto completo en: http://www.cesareojarabo.es/2018/03/america-parte-sustancial-de-la-patria_30.html

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