martes, 4 de septiembre de 2018

El conde-duque de Olivares (2)

El 31 de Marzo de 1621 Felipe III pasó a mejor vida, y Felipe IV, que contaba 16 años, ordenó que todos los asuntos que llevaba el duque de Uceda pasasen a ser tratados por Baltasar de Zúñiga. Evidentemente, Felipe IV no era Carlos I, y respecto al duque de Lerma, que seguía en su retiro, “el mismo Rey adolescente, recién vestido el luto de su padre y entre los primeros sollozos de su dolor, le notificó, por si aún lo dudaba, que nada tenía que hacer en Palacio; y en forma tan agria y tan a la vista de los cortesanos, malignamente alborozados de la escena, que, seguramente, debió sentir entonces el mayor dolor de sus horas de mala fortuna; mucho mayor que cuando desterrado y preso aguardaba a la muerte libertadora.”



Baltasar de Zúñiga, el primer valido de Felipe IV, anuncia su intención de restaurar todas las cosas en el estado que estaban durante el reinado de Felipe II y abolir la gran cantidad de abusos introducidos por el reciente gobierno, y apoyado por su sobrino Gaspar de Guzmán y Pimentel, III conde de Olivares, reprime los excesos que habían tomado forma en el reinado de Felipe III: Rodrigo Calderón fue ajusticiado en septiembre de 1621, Pedro Téllez Girón, III duque de Osuna, falleció en prisión en 1624; Cristóbal de Sandoval y Rojas, I duque de Uceda, y Fray Luis de Aliaga fueron desterrados en abril 1621, y a Francisco Gómez de Sandoval y Rojas, I duque de Lerma, les fueron confiscadas las propiedades.

Esos acontecimientos fueron consecuencia de la represión ejercida sobre el último gabinete de Felipe III, que alcanzó a un importante número de personas ligadas al duque de Lerma, quién por su parte continuaba haciendo ostentación y ofreciendo suntuosos banquetes. Pero como el escándalo suntuario era tanto más llamativo cuanto que la crisis económica tenía al pueblo español sumido en la miseria, para controlar los abusos suntuarios se llegaron a adoptar medidas ridículas; “se prohibió dorar y platear braseros, bufetes y vajillas; bordar colgaduras, camas, doseles y otros aderezos domésticos; se moderaron las guarniciones de los vestidos de las mujeres, y sobre todo se dio la famosa pragmática de las lechuguillas de los cuellos de los hombres, prescribiéndose la medida y tamaño que habían de tener, la calidad de la tela, que había de ser holanda o cambray, y no otra alguna, y toda la corte reformó sus cuellos.”

Sorpresivamente, Baltasar fallece el 7 de octubre del año 1622 y es sustituido por su sobrino Gaspar de Guzmán en el que, al principio de su mandato encontramos un reflejo perfecto de su tío Baltasar de Zúñiga; un valido con ideas geniales, con actos incluso de generosidad, pero que al final acabó pareciéndose demasiado a su principal rival el cardenal Richelieu, con quién mantuvo una partida en la que la apuesta era España.

Los errores y los aciertos de ambos mandatarios hicieron que la victoria de uno de ellos no estuviese siempre clara, pero la moneda, para desgracia de España y de la Humanidad, dio la victoria al maquiavélico francés y no al maquiavélico español. Tal vez, si la suerte hubiese favorecido los designios del Conde Duque, su fama no sería tan triste, pero para su desgracia, y sobre todo para la desgracia de España, el beneficiario de los hados no fue él, sino Richelieu.

Al acceder al valimiento, una de las primeras medidas que quiso adoptar es, a todas luces, una excelente idea. El conde-duque se propuso repartir entre todos los reinos la carga militar que soportaba Castilla en exclusiva. Desde el reinado de Carlos I, España estaba presente en todos los campos de batalla europeos, y en estos momentos, los enemigos, Francia, Inglaterra y Holanda, estaban disputando de una manera decidida su predominio en el mundo. La inoperancia de Felipe IV permitió que el Conde Duque ejerciese, no como Secretario de Estado, sino como valido, imagen que se desarrolló ya en el reino de Felipe III, donde los duques de Lerma y Uceda desbordaban ampliamente las funciones del secretario de estado, y que en el caso de Olivares lo convertía prácticamente a él en rey absoluto, siendo este hecho el origen de la enemistad de nobles y oligarcas. Pero la respuesta de Olivares a esa actitud de la nobleza dejaba patente su carácter, y “la dureza con que se vengaba y hacía sentir el peso de su indignación sobre los grandes y poderosos que se atrevían a desobedecerle y resistir su voluntad, llegó a tenerlos acobardados y sumisos.”

La labor del conde-duque sería uniformar los reinos hispánicos llevando a cabo las oportunas reformas en los distintos campos, sobre todo administrativos y jurídicos; así,  “entre 1621 y 1625 elaboró un proyecto centralizador de la Monarquía Hispánica, la llamada "Unión de Armas", que al ser aplicada levantó revueltas y descontento en territorios españoles, casos de Portugal, Nápoles, Sicilia y Cataluña…/…Este proyecto pretendía crear una reserva de 140.000 soldados para la defensa de un posible ataque exterior. Castilla y las Indias aportarían 44.000; Cataluña, Portugal y Nápoles aportarían cada uno 16.000 soldados; Flandes, 12.000; Aragón, 10.000; Milán, 8.000; por último, Valencia, Sicilia y las islas aportarían cada uno 6.000 hombres.

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