martes, 25 de septiembre de 2018

La caída del Imperio Romano (18)

En el Concilio XIII, del año 683, amnistió a Paulo y los cómplices de la sublevación de la Narbonense contra Wamba. Y también en este concilio se marcó el miedo del rey a posibles represalias por su actuación, ya que se señalaba de forma muy especial en la redacción del mismo la voluntad de proteger a su familia, en concreto a su mujer, de la que para el caso se cita el nombre, y la protección de sus hijos,   quedando señalado “que nadie podría abiertamente o en secreto intentar matarlos, enviarlos al exilio, tonsurarlos o privarlos de sus propiedades. Las reinas, sus hijas y sus nueras no podrían ser obligadas a entrar en la vida monástica tras la muerte del rey. Todas estas actuaciones o intenciones quedaron prohibidas por los obispos so pena de anatema eterno y condena imparcial en la otra vida” , así como que “ninguno…por estratagema urdida por el rey o por instigación de otra potestad…sea privado del honor…” En este Concilio se asimiló a los sacerdotes con los gardingos y con los primates de palacio. Marcaba, en fin, seguridades para el rey y para su familia.



En 687 le sucedió en vida su yerno Egica, sobrino de Wamba, que procuró restablecer el derecho de Recesvinto y convocó el XV Concilio de Toledo el 11 de Mayo de 688, el cual puede decirse que no tuvo más objeto que resolver una grave duda y escrúpulo que traía al rey desasosegado. Era el caso que al desposarse con Cixilona, la hija de Ervigio, había hecho juramento de amparar en todo a la familia de su suegro, y cuando recibió la corona había jurado hacer justicia por igual a todos sus súbditos. El Concilio respondió «que el primer juramento, el de proteger a la familia de su predecesor, no obligaba sino en cuanto no fuese contrario a la justicia que debía a todos sus súbditos.»  , por lo que en el canon IX justificaron también que el nuevo monarca repudiara a la hija de su predecesor, con la cual se había unido en matrimonio como parte de las medidas adoptadas para asegurar su propia sucesión. La reina Liuvigoto, tras ser repudiada, fue sometida a reclusión en un monasterio junto con sus hijas y a su familia se la privó de las posesiones que había «adquirido injustamente.

Otro asunto relevante que trató el XVI Concilio del año 693 fue el de la sodomía; el castigo que se imponía a todo clérigo o laico sodomita era ser azotado, decalvado, castrado y desterrado.  También se anatematizaba el suicidio. Todo, clara muestra de la depravación en que estaba sumido el reino.

Egica convocó el 17º y último concilio de Toledo;  agudizó la persecución a los judíos, que fueron diseminados y condenados a servidumbre por múltiples motivos, entre ellos el de conspiración con los árabes del norte de África en una conjura que tuvo efecto entre los años 692 y 694, así como con la conspiración que en esos mismos años se llevó afecto para facilitar otra invasión por parte de Constantinopla. Se dictaba que los hijos de judío fuesen arrancados del seno de su familia a los siete años de edad, y que fuesen educados por familias cristianas.

Pero por si fuera poco, existía una profunda separación de clases, ya que la nobleza visigótica, que se había apropiado de las dos terceras partes del suelo (historiadores recientes abogan porque esto no se produjo, ya que hubiese ocasionado una revuelta social, y abogan porque lo que recayó en los godos fueron las dos terceras partes de las rentas que correspondían al imperio) , disfrutaba de enormes prebendas y emulaba a la corte constantinopolitana en lo referente al lujo y a la laxitud de costumbres mientras la población llana vivía condenada a la pobreza. Y lo que era más grave, una parte nada desdeñable del clero, que tantos beneficios había prestado a la sociedad, especialmente desde el III Concilio de Toledo, también estaba inmersa en esa corrupción general .

En medio de esta desolación social y espiritual, el metropolitano de Toledo, Siseberto, fue cabecilla de una brutal conspiración destinada a matar a toda la familia real. Sisiberto fue excomulgado, confiscados sus bienes y exiliado en el concilio del siguiente año, el XVI, cuando además se promulgó que en todas las iglesias se rogase por el rey. Entre los compañeros de conspiración, si es que lo eran, estaba la viuda de Ervigio, y es razonable suponer que las otras dos mujeres y los otros dos hombres que se mencionan estuvieran emparentados de alguna forma con ella y con el rey anterior. Todo esto pudo ser simplemente la eliminación definitiva del la familia del predecesor de Egica.

Es este hecho, tan sólo, una muestra del grado de disolución social que estaba padeciendo España; las costumbres sociales, corrompidas, el clero, disoluto y atento a cuestiones ajenas a la religión, las gentes, desmoralizadas e inmersas en penurias y en la peste bubónica que se había generalizado en la narbonense y se había extendido por el reino durante la última década del siglo VII; las conspiraciones, a flor de piel, y la atención, alejada de la amenaza sarracena que ya ocupaba casi todo el África occidental, ponía en jaque las plazas fuertes españolas en el norte de África y había hecho incursiones tanto en la península como en las Baleares.

Texto completo: http://www.cesareojarabo.es/2015/09/la-caida-del-imperio-romano-texto.html

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