viernes, 14 de septiembre de 2018

Las Casas, un payaso al servicio de la Corona (1)

Todo señala que la idiosincrasia de Fray Bartolomé de las casas era, cuando menos, peculiar. Su biografía nos lo presenta como auxiliar de las milicias que el año 1500 sofocaron en Granada la insurrección de los moriscos, tras lo cual, dos años más tarde, con la escuadra de Ovando, pasó como aventurero y buscador de oro a las Américas.



Recibió las órdenes menores en 1506, en Sevilla, y en 1507, fue ordenado presbítero en Roma. Sería el primero de sus seis viajes a la Península, donde permanecería dos años.
En ese periodo, en los primeros años del siglo XVI, tomó parte en campañas militares llevadas a cabo contra los indios hostiles, motivo por el cual le fueron asignados unos negros con los que, en Cibao (Puerto Rico) volvió a dedicarse a la busca de oro.
En 1512 participó en la conquista de Cuba, donde no había en toda la isla más clérigo que él. De modo que será tarea suya predicar para el Gobernador, Diego Velázquez, a quién había conocido y con el que había trabado amistad en el Tercer Viaje de Colón, y para su segundo, Pánfilo de Narváez. De Velázquez recibió un repartimiento de indios, que empleó para sacar oro de las minas y para el trabajo en granja.

En 1511 –el año del sermón de Montesinos– se alistó para la conquista de Cuba, y participó como capellán en la dura campaña de Pánfilo de Narváez contra los indios. Con los muchos indios que le tocaron en repartimiento, fue encomendero en Canarreo, hasta 1514, en que se produce su primera conversión, y renuncia a la encomienda. (Iraburu 2003: 17)

La toma de Cuba fue realizada con un solo hecho represivo: la muerte de Hatuey, pero posteriormente, Narváez, desobedeciendo órdenes expresas, atacó a los indios produciendo lo que pasó a la historia como “la matanza de Caonao” donde asesinó 2.000 indios según Las Casas, y 100, según informó Velázquez al rey.
En 1514 renunció a la encomienda de la que era beneficiario, dando paso así a la etapa por la que se haría su hueco en la Historia.
No cabe duda que el detonante que provocó esta nueva actitud del dominico fue comprobar una triste realidad: la evidente mortalidad masiva que venía produciéndose en los territorios conquistados, probablemente incluso antes de la llegada de los españoles, sin parar a considerar el motivo de la misma, que puede, y de hecho tiene, varias interpretaciones, posiblemente todas certeras, y que señalan como causa de la mortandad:
Las prácticas de sacrificios humanos y el canibalismo de las tribus.
La proliferación de enfermedades desconocidas en América, en justa reciprocidad a la mortalidad que los conquistadores sufrían como consecuencia de su exposición a nuevas enfermedades tropicales para las que carecían de defensas.
La posible existencia de una degeneración natural entre los naturales.
Y por supuesto los hechos de guerra.
Lo que escapaba a todos los análisis llevados a cabo por la Corona era la importancia que en el holocausto de nativos pudiera llegar a tener lo que quedaba fuera de control: la enfermedad. Sea como fuere, la alarma cundió y quién más hizo por alertar a la Corona, destacando los excesos llevados a cabo por los encomenderos, fue Fray Antonio de Montesinos. La Corona atendió la alerta dando lugar a la redacción de nuevas leyes. Luego sería  Fray Bartolomé de las Casas, quién cargaría las tintas señalando a los españoles como responsables de la debacle indígena, y esa creencia fue la que llevó a la redacción de las Leyes Nuevas, Primero, a la celebración de la celebérrima Controversia de Valladolid, al nombramiento de Bartolomé de las Casas como ”Defensor universal del indio”, y a la creación de toda una legislación encaminada a proteger a los indígenas de abusos reales y supuestos, hasta tal extremo que llegaron a producirse quejas por parte de españoles, que señalaban abusos manifiestos por parte de indios en la aplicación de los derechos que tenían reconocidos.
Esas quejas las encontramos un siglo después, en 1628, cuando el padre Nicolás Durán Mastrilli provincial de la Provincia Jesuítica del Paraguay, expresa en sus ordenaciones:

hay muchos encomenderos que no hacen agravio a los indios y otros que no quieren encomendarse y otros se convertirán por medio de la exhortación del confesor....son los encomenderos tan pobres que no pueden restituir de lo pasado y porque los indios por ser tan pocos son ahora más bien tratados que nunca, y sirven de ordinario tan poco y con tantas faltas que apenas cumplen lo que deben. (Salinas 2009: 34)


Texto completo en http://www.cesareojarabo.es/2018/08/las-casas-un-payaso-al-servicio-de-la.html

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