jueves, 18 de octubre de 2018

Antonio Pérez, el primero entre los traidores (XVIII)


Para solventar el asunto era menester la entrada en funcionamiento de la Inquisición, única institución con competencia en todo el territorio nacional. “Felipe II no tenia intención de servirse de la Inquisición desde el primer momento, sino que fue después cuando, movido por los fracasos sufridos, se interesó por lo actuado por el Santo Oficio.“



Pero las razones para que interviniese la Inquisición las facilitó el propio Antonio Pérez, ya que “Las declaraciones realizadas en la Audiencia por Diego de Bustamente y Juan Luis de Luna, arrojan luz sobre las verdaderas intenciones de Pérez al tramar su fuga de la prisión: Juntamente con Mayorín, pretendía escapar a Bearn y acogerse allí a la protección de Md. Catalina y de su hermano Enrique de Vendóme.”

En cualquier caso debemos convenir que el argumento es bastante débil. Se coge con pinzas y por los pelos. Evidentemente Antonio Pérez estaba en contacto con Bearn, pero era debido a su traición a la Patria, no exactamente, por eso, debía ser calificado de hereje… ¿o sí?

Lamentablemente, el expediente inquisitorial contra Antonio Pérez no se encuentra en el archivo de la Inquisición de Zaragoza, sino en París. Debemos tener en cuenta que una de las actividades que llevaron a cabo con gran esmero las tropas francesas durante la invasión napoleónica fue la metódica destrucción y expolio de cuantos archivos inquisitoriales cayeron en sus manos. Actuación indispensable para que la leyenda negra contra España no pueda ser contrastada. Pero al fin no supieron cumplir bien su labor destructiva, y siguen existiendo archivos casi completos donde la cultura puede dar algún revolcón a los voceros de la citada leyenda.

También se encuentran en París, y no en Simancas, muchos otros documentos que fueron saqueados por las tropas napoleónicas y por los traidores afrancesados, como el ex secretario de la Inquisición Juan Antonio Llorente.

Lamentaciones aparte, y volviendo al asunto que nos ocupa, “Antonio Pérez no pudo elegir mejor momento para su huida que este. Aragón se debatía en la defensa de sus fueros, que se había convertido en un problema de primer orden, y el enfrentamiento con la Corona se encontraba en su momento álgido. El otrora poderoso secretario encontró un fuerte apoyo en Aragón, el duque de Villahermosa y el conde de Aranda entre los grandes y muchos miembros de la pequeña nobleza se solidarizaron con él como medio de defender sus privilegios feudales.”

Los servidores de la historia negra, aún los que procuran mantener cierta fidelidad a la historia nos presentan el caso señalando que “Perez habia expiado en Castilla su participación en la muerte de Escovedo, con la pérdida de su valimiento, con el desastre de su fortuna, con su largo cautiverio y los dolores del tormento; Felipe II iba á expiar la suya en Aragón con la evidencia de su complicidad, con el descubrimiento de sus perfidias y la absolución de su adversario. El subdito habia sido castigado en su persona; el principe debia serlo en su fama, castigo reservado á los que no pueden sufrir otro.” … Eso, o iba a aquilatar el poder de los derechos feudales que con grandes esfuerzos habían logrado mantener como privilegios de clase los sectores más recalcitrantes de la nobleza frente a la labor socializadora llevada a cabo tanto por los Reyes Católicos como por Carlos I y Felipe II.

El privilegio de la unión pertenece al derecho medieval. Cuando accede al trono Pedro III y los nobles consiguen arrancarle en 1283 el Privilegio General y, unos años más tarde, en 1287, también logran obtener de su sucesor Alfonso III el Privilegio de la Unión.  “por el cual prometía convocar anualmente, en Zaragoza, Cortes que serían las que designarían el Consejo del rey, y no proceder contra la Unión sin previa sentencia del Justicia del reino y del permiso de las Cortes. Si el rey obraba en contra de lo estipulado en este documento, los nobles podían “desnaturarse” (negar la obediencia y elegir otro soberano sin incurrir en nota de infidelidad). Esta condición dio motivo a Alfonso III a decir: “Que había en Aragón tantos reyes como ricoshombres”.   Dentro del privilegio de la Unión estaba el que Antonio Pérez recurriría: el de la Manifestación. Y los Reyes Católicos, que tanto hicieron por controlar el poder desmedido de la nobleza, no lograron derogar este privilegio, que efectivamente, no era de Aragón, sino de la nobleza.

Señalemos que quienes podían “desnaturarse” eran los nobles, y nadie más que los nobles. Era un derecho pasado de moda.

Y el Justicia de Aragón era el defensor nato de este arcaísmo, siendo inapelable su sentencia. Si había pleito en el que se implicaba el rey, el rey acudía como parte del mismo. Y en esta caso, la entrada del proscrito en Aragón significó un movimiento popular espectacular, movido por la nobleza levantisca, interesado en conocer de primera mano las circunstancias que lo habían llevado a esa situación.  Antonio Pérez hablaba con todos, haciéndose por momentos querido y popular en Aragón.

Texto completo: http://www.cesareojarabo.es/2015/10/antonio-perez-el-primero-entre-los_9.html

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