miércoles, 10 de octubre de 2018

El secreto en la Inquisición (2)

Pero las actividades de los judíos conversos llevaron el tema del secreto al Vaticano, motivo por el que “El 18 de abril de 1482, movido por las quejas elevadas ante la actuación de los inquisidores, Sixto IV dicta una bula por la que les ordena "que publiquen y den a conocer los nombres, declaraciones y manifestaciones de los acusadores, de los denunciadores y de los promotores de todo aquel proceso inquisitorial, y también los de los testigos, que más tarde habían sido recibidos a jurar y declarar, y se abra todo el proceso a los acusados mismos y a sus procuradores y defensores", negando validez a las declaraciones que no llenen tales requisitos,,,,” a lo que respondió el rey Fernando “Me han narrado ciertas cosas, Santo Padre, que si fueran verdaderas merecerían grandísima admiración. Son éstas:... Que ha ordenado que se revelen a los reos los nombres de los testigos que testificaron en los procesos de los inquisidores de la pravedad herética que ahora tienen lugar en la provincia de Aragón... Pero a la narración antedicha nosotros no la hemos dado ningún crédito, porque nos ha parecido que tales concesiones no debían ser otorgadas en modo alguno por Vuestra Santidad... Y si acaso esas concesiones hubieran sido ya otorgadas, por las astutas e inoportunas persuasiones de dichos conversos, no pienso admitirlas nunca.”



Espectacular respuesta del rey Fernando que por lo que parece no tenía otro objeto que el de proteger la vida de los testigos.

Juan Antonio Llorente insiste en que “Al principio los papas dejaron á la prudencia de los inquisidores el manifestar ó no los nombres; pero la multitud de casos de persecución y muertes procuradas por los procesados ó sus parientes dio motivo á la total prohibición”.

Pero en tiempos de la Inquisición española, el secreto alcanzó cotas que hoy son insospechadas, sin que el secreto estuviese aplicado en todas las instancias, y sobre el que no tenía potestad ni el propio rey. Así, “Cuando Felipe II se interesó por la suerte de cierto cirujano encarcelado, el inquisidor general, Quiroga, dejó de responder a dos peticiones suyas, arguyendo a la tercera que no le podía decir ni siquiera si el cirujano estaba o no recluido.”  Y el mismo rey que se vio obligado a utilizar a la Inquisición para perseguir a un primer ministro traidor (Antonio Pérez), no pudo conseguir que la Inquisición rompiese el secreto. Y es que el secreto era la salvaguarda del buen nombre del encausado si resultaba absuelto.

Tengamos en cuenta que las instrucciones al respecto eran muy severas; así, la instrucción de 27 de Octubre de 1488, señalaba “Que las escrituras y papeles de Inquisicion esten donde los inquisidores residen y se custodien en arca, cuya llave tenga el notario del tribunal, bajo privacion de oficio. Estas escrituras y papeles de que se trata en el artículo eran los procesos.”   Y es que, en definitiva, todo proceso inquisitorial no era sino una confesión o intento de obtener la confesión de los pecadores, y con ella su arrepentimiento, y la violación del secreto de confesión está castigada con la excomunión.

La Inquisición defendía el secreto dado que "el secreto, en los negocios de fe y en los demás que pertenecen al Santo Oficio de la Inquisición, uno de los medios más importantes para conseguir los altos fines de tan sagrado instituto, mantener su autoridad y el respeto y buena opinión de sus ministros, sin que se hagan odiosos". Por otra parte, quizá nada haya contribuido de un modo más decisivo a alimentar la leyenda negra que la existencia de un secreto inquisitorial que impide conocer fehacientemente la naturaleza real de los procedimientos judiciales del tribunal y de la suerte que corren los encausados por él".   “Pinta Llórente defiende las posiciones de aquéllos que entienden que la ocultación fue un instrumento necesario en beneficio de la fe, del bien social, de la integridad de los testigos y de la buena fama de los procesados”

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