jueves, 4 de octubre de 2018

LA ESPAÑA ULTRAMARINA DURANTE LAS GUERRAS CARLISTAS (1)

Dentro de los procesos separatistas de América, el 30 de noviembre de 1821, y con el nombre de Haití Español, se independizó de España la República Dominicana, que en 1822 sería invadida por Haití, que mantuvo la ocupación hasta el 27 de febrero de 1844 cuando conoció su segunda independencia, que finalizaría con la reincorporación a la corona Hispánica.

La reincorporación de Santo Domingo a España en 1861 no fue vista sin inquietudes por la corona británica.

Al respecto, el cónsul Hood en Santo Domingo escribía al ministro dominicano con fecha 14 de enero de 1861:

Nosotros no queremos inmiscuirnos en los asuntos del país, pero después de las gestiones que Gran Bretaña y Francia han hecho para conservar la independencia de la República Dominicana, y que estas potencias fueron las primeras en reconocer, estamos convencidos que ellas no sabrían interpretar favorablemente ningún acto que tendiera a modificar o a destruir esa independencia a sus espaldas. (Marte 2012: 40)

Queda claro en el comunicado, al menos, y por boca de los mismos británicos, la decidida intervención que las potencias europeas tuvieron en los procesos separatistas de América.

Este acto acontecía a espaldas de la Gran Bretaña, y sin que los agentes británicos en gobierno español pudiesen hacer, de momento, nada para evitarlo. El 8 de marzo de 1861, el mismo cónsul escribía a John Russell:

Tengo el honor de participar a Su Señoría que de una fuente confiable he confirmado como cierta la noticia que le comuniqué en mi despacho N° 2 del 5 de enero último relativa al protectorado español y a la cesión de esta isla a España. Pese a la afirmación de lo contrario del señor Castro parece que efectivamente hay un acuerdo o convenio según el cual España concede el protectorado a la República Dominicana el cual será ejecutado de inmediato. (Marte 2012: 58)

Finalmente, el 18 de marzo de 1861 se proclamó la reincorporación a España.

…un joven escritor que acababa de llegar a Santo Domingo, testigo presencial de lo ocurrido aquel día refirió lo siguiente: El espectáculo era grandioso, y yo, admirador de mi patria, no pude permanecer indiferente. Al oír prorrumpir al pueblo dominicano en estruendosos ¡vivas a España! Mi corazón se dilataba y repetía aquellos vivas que llenaban el aire como el incienso que exhala el fuego sagrado de nuestros templos. . .En la galería del palacio senatorial y bajo venerandas bóvedas, veíase aquel cortejo de patricios ilustres evocando la fraternidad, gran principio social consignado en el Evangelio y realizado por la civilizacion cristiana: En la Plaza el pueblo, descubierto, aclamando la nacionalidad española, agitaba sus sombreros en señal de regocijo y a retaguardia, inermes, las tropas de la guarnición, seguían con verdadero transporte aquel movimiento hacia su antigua Metrópoli. (Marte 2012: 62)

 Al respecto, el cónsul británico señalaba lo contrario, si bien remarcaba que

Al presente no hay aquí ningún barco de guerra español ni han arribado tropas, pero no puedo saber con certeza si algunas han sido relegadas. (Marte 2012: 64)

La prensa dominicana, por su parte, acogía el hecho con estusiasmo.

No hubo periódico alguno que no aceptase esa reincorporación, que no la pidiese con insistencia; los absolutistas, con delirante entusiasmo; los demócratas, sin vacilación; los progresistas, con patriotismo; los moderados, con frenesí. (Navarro 1869: 192)

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