martes, 16 de octubre de 2018

La expulsión de los judíos en 1492 (1)

Mucho se ha hablado de la Inquisición, mucho se ha hablado de la expulsión de los judíos, como si acaso fuese lo único que hizo de la Inquisición, o como si acaso hubiese sido lo más importante desarrollado por la Inquisición, y curiosamente la Inquisición no hizo nada de eso.



La Inquisición no expulsó a los judíos; lo hizo el estado. La Inquisición no persiguió a los judíos; tampoco lo hizo el estado. ¿Qué nos queda? Una mentira urdida por los enemigos de España para hundir a quién ya no creía en sí mismo. Sí, porque de no haber existido el lastre de la desidia y de la incultura nacionales, la leyenda negra se hubiese quedado en una cosa más de los enemigos de España.

No hay que buscar justificación a la actuación de los Reyes Católicos en la mentalidad materialista, en la mentalidad atea. No es ahí donde hay que buscar.

Podemos afirmar, sin lugar a error, que “no fueron las confiscaciones las que llenaron el erario real y le proporcionaron los medios económicos para sustentar gastos públicos o guerras… Los judíos, desde el punto de vista económico, hubieran sido más interesantes como contribuyentes.”

Conociendo como conocemos a los de la mentalidad capitalista, liberal, democrática, sabemos que, si llegan a leer algo de esto, entornarán los ojos con una cierta sonrisa y dirán aquello de: “sí, claro”. Es lo único que pueden decir, y estoy convencido que creen lo que dicen; son los herederos de los sofistas; de aquellos individuos que se calificaban a sí mismos como tales, como “sofistas”, “sabios”; personajes que realmente tenían ciertos conocimientos, pero que les faltaba sensibilidad humana. Poseedores de ciertos conocimientos, han conseguido, por ejemplo, que en la historia de la Filosofía se les estudie a ellos, cosa que es una barbaridad y un gran contrasentido histórico e ideológico. Si ellos son sabios, lo lógico será que se les estudie en la historia de los “sofistas”, pero nunca en la de los simples filósofos.

Creo que esta aclaración es procedente para lo que estamos tratando, porque la mentalidad de la España Imperial, la mentalidad de los Reyes Católicos, casa con la mentalidad de los filósofos, y se enfrenta con la mentalidad de los sofistas, de los sabios. Esa mentalidad, que dio pie al humanismo cristiano, a la Reforma, no a la protestante, sino a la iniciada precisamente por los Reyes Católicos con personajes como Cisneros o con el mismo Carranza… Esa mentalidad, tan incomprensible para los sofistas, es la que permitió un acto tan controvertido y tan doloroso para los Reyes Católicos como fue el hecho de la expulsión de los judíos, asumiéndolo como mal menor inesquivable.

La expulsión se produjo en aras de la unidad política y religiosa. “el motivo financiero se manifiesta como absurdo porque los Reyes obtuvieron solo una parte despreciable de los bienes judíos… tenemos que acabar con la afirmación que cuando la Corona expulso el judaísmo (no judíos fatalmente porque estos podían convertir) no expresaba ni antisemitismo ni racismo ni quería destruir posiciones comerciales que se conservaron gracias a conversiones.”

Se ha acusado a los Reyes Católicos de pretender enriquecerse con las riquezas de los judíos, pero “La iglesia y el estado no ganaron nada con esta mudanza al parecer tan feliz, porque aquella no puede prosperar sino con la piedad verdadera, y el estado peligra abrigando en su seno gentes resentidas y enemigos ocultos: las leyes en estos casos pierden su vigor, y los magistrados son impedidos en el desempeño de su cargo.”  Los reyes no debían desconocer esta realidad, pero debía pesar todavía más el peligro de enfrentamiento social que podía acarrear el mantenimiento de la situación preexistente, extremos que eran comunes al resto de Europa, de donde llegaron felicitaciones por la medida.

En cualquier caso, y por lo que parece, nunca fue positivo el balance, lo que se desprende de los datos de la hacienda pública. “Según lo recaudado por la hacienda real de las cantidades de los penitenciados por la Inquisición, entre 1488 y 1497 (y fueron momentos álgidos) no representa apenas el 2% de sus ingresos y gran parte de estas cantidades estaba destinada al financiamiento de la propia Inquisición. Es evidente que allí no había para la Corona ese fabuloso negocio que por algunos le ha sido atribuido.”

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