viernes, 19 de octubre de 2018

La familia, base de la sociedad (XVIII)

Es evidente que la gente comprende y apoya a la familia, en cuyo seno se ha criado. Sin embargo, los poderes públicos parecen no darse cuenta de esa situación. Es cierto que últimamente empiezan a tomar conciencia de la baja natalidad, y eso, más que el propio hecho de la familia, es lo que parece ser el objeto de su preocupación.

Las personas, al margen de la situación, tampoco saben exactamente ni qué hacer, ni por supuesto saben a qué o a quién sirven unos poderes públicos, cada día más distantes y creadores de legislaciones que difícilmente parecen estar dictadas para servir a las personas. De lo que sí se dan cuenta es que la sociedad está envejeciendo, y por consiguiente, en un plazo no muy lejano, disminuirá el número de votantes. Y eso, la inexistencia de votantes, la inexistencia de mano de obra, es lo que realmente preocupa. No les preocupa la familia, ni les preocupa la salud de sus miembros.

Por eso favorecen realidades antinaturales como el divorcio, la homosexualidad, la eutanasia o el aborto, en detrimento de una sociedad que permanece inerme ante el ataque de que es objeto por parte de quién debía estar a su servicio. Desvirtúan el concepto de familia hasta todos los límites. Así, la Ley de Renta Garantizada , en su artículo quinto reconoce como unidad familiar la constituida por una única persona: “Se considera hogar independiente el marco físico de residencia permanente, donde residen exclusivamente la persona o personas que componen la unidad familiar o de convivencia”.

Con su falta de previsión se les ha ido la mano en el control social; se les ha ido la mano en la política antifamiliar llevada a cabo a lo largo de treinta años; en un sistema educativo que ha formado generaciones de incompetentes; y se les ha ido la mano, es de suponer,  en otras muchas cosas que no vienen ahora al caso.

En la Exposición de Motivos que encabeza la Ley de Conciliación de la Vida Familiar y Laboral de 1999, en su primer párrafo se afirma que “La Constitución española recoge en su artículo 14 el derecho a la igualdad ante la ley y el principio de no discriminación por razón de nacimiento, raza, sexo, religión u opinión o cualquier otra condición. En el artículo 39.1, el texto constitucional establece el deber de los poderes públicos de asegurar la protección social, económica y jurídica de la familia y, en el artículo 9.2, atribuye a los poderes públicos el deber de “promover las condiciones para que la libertad y la igualdad del individuo y de los grupos en que se integran sean reales y efectivas; y remover los obstáculos que impidan o dificulten su plenitud facilitando la participación de todos los ciudadanos en la vida política, económica, cultural y social” .

En su segundo párrafo continúa diciendo que “la incorporación de la mujer al trabajo ha motivado uno de los cambios sociales más profundos de este siglo. Este hecho hace necesario configurar un sistema que contemple las nuevas relaciones sociales surgidas y un nuevo modo de cooperación y compromiso entre mujeres y hombres que permita un reparto equilibrado de responsabilidades en la vida profesional y en la privada” .

Parece como si hasta 1999 no hubiese existido familia. Parece como si la familia fuese un producto del Estado, cuando lo cierto es que si el Estado no sirve a la familia, el Estado debe desaparecer, porque el Estado es consecuencia de la familia, y no a la inversa.

Por pura naturaleza, el Estado debe reconocer y amparar a la familia como institución natural y fundamento de la sociedad, con derechos anteriores y superiores a toda ley humana positiva, como reiteradamente manifiesto en este trabajo.

Pero por el contrario, en España la protección a la familia se entiende estrictamente desde un punto economicista, que no parece responder en su totalidad al principio de justicia, ya que la protección económica a las familias “se instrumenta a partir de una doble modalidad: los subsidios familiares están destinados a las familias con menores recursos y las desgravaciones fiscales a las capas sociales medias y altas. En lo que respecta a los subsidios familiares, un abismo nos separa de las tendencias del conjunto de los países europeos, que, por término medio, gastan unas siete veces más en este capítulo. Su bajo importe, unido a que son concedidos bajo condición de recursos, les brinda un carácter asistencial que contrasta con la pauta dominante en Europa. Por otra parte, mientras que el importe de las asignaciones por hijo a cargo no se actualizó durante el último decenio, la cuantía de las deducciones fiscales se fue revalorizando regularmente, con lo cual se había ido equiparando poco a poco el valor de ambas prestaciones.

Texto completo: http://www.cesareojarabo.es/2018/04/la-familia-base-de-la-sociedad-texto.html

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