miércoles, 31 de octubre de 2018

Puerto Rico y el 98 (III)

Pero las autoridades nacionales no actuaban conforme a lo que podía esperarse de ellas aún contando con el beneplácito manifiesto de la población. Tal vez por ello, William Freeman Halstead, espía británico en Puerto Rico, fue detenido, pero no fue ejecutado.



Finalmente, el 21 de abril de 1898, se rompían las hostilidades entre España y Estados Unidos, cuando ya había empezado a regir en Puerto Rico una carta constitucional autonómica.
Pero no era sólo la autonomía lo que el gobierno español conocía de Puerto Rico, sino las manifiestas intenciones de los Estados Unidos. Si no era suficiente la información acumulada durante las décadas anteriores, que dejaban meridianamente clara la intención usense de ocupar Puerto Rico.

A poco tiempo de proclamarse el estado de guerra, el servicio secreto que el Gobierno español mantenía y pagaba en Wáshington, Montreal (Canadá) y otros lugares, pudo, a través de ciertas indiscreciones, traslucir en su casi totalidad el plan de invasión a Puerto Rico, y así se lo comunicó al general Macías. (Rivero 1922)

Pero a pesar de toda la información acumulada; del conocimiento exacto de las fuerzas en la isla, nada hizo el gobierno salvo guardar las apariencias.
Con esa situación, el 25 de julio desembarcaron las tropas invasoras en Guánica. Los día  25 y 26 se produjo un combate entre la brigada Garretson, perteneciente a la expedición del general Nelson Miles, y las fuerzas españolas, que fueron derrotadas, y en días sucesivos ocuparon los invasores a Yauco, Peñuelas, Ponce, Sabana Grande, San Germán, Mayagüez, Arroyo, Guayama, Las Marías, Adjuntas, Utuado, Juana Díaz y Coamo.

Sólo a tener en cuenta un dato: Todas las fuerzas españolas que les presentaron resistencia se reducían a once guerrilleros comandados por el teniente Méndez.

Los traidores corrieron a rendir pleitesía a los invasores.

el primer día de la invasión, cinco ciudadanos españoles se acogieron a la nueva bandera, renunciando la de España y aceptando cargos retribuidos; fueron estos: Vicente Ferrer, cabo de Mar, nacido en Valencia; Agustín Barrenechea, alcalde del poblado, vizcaíno; Juan María Morciglio, práctico del Puerto y actualmente capitán del mismo; Robustiano Rivera, torrero, y Simón Mejil, tonelero, eran portorriqueños. (Rivero 1922)

Otros separatistas puertorriqueños, ligados a la masonería, jaleaban la invasión; unos desde los Estados Unidos; otros desde el mismo Puerto Rico: Julio Henna, Roberto Todd Wells, Mateo Fajardo, Antonio Mattei Lluveras, Eduardo Lugo Viña, Ricardo Nadal, Matos Bernier, Celedonio Carbonell, Rodulfo y Rafael del Valle, y otros, que alcanzarían puestos de importancia en el gobierno colonial tras haberse desplazado a Puerto Rico con las tropas invasoras.
No quedaron marginados los miembros del gobierno insular ejercientes al estallar el conflicto: Juan Hernández López, José Severo Quiñones, Manuel F. Rossy, Luis Muñoz Rivera, Francisco Mariano Quiñones y Manuel Fernández Juncos, que acabarían detentando puestos de importancia en la administración usense, llegando incluso Manuel Fernández Juncos a redactar un himno laudatorio para los Estados Unidos.
Pero más llamativo que la acción de los traidores declarados es la actuación de las autoridades, que no carecían de información, y sin embargo no tenían ningún destacamento en el lugar.

Dos meses antes de la invasión, el teniente coronel de Estado Mayor, Larrea, el capitán del mismo Cuerpo Emilio Barrera y el coronel Pino, de infantería, estaban en el poblado de Guánica una tarde en cierta inspección militar, cuando el segundo de dichos jefes, señalado hacia la entrada de aquel puerto, pronunció estas palabras proféticas: Si el Ejército americano nos invade, seguramente entrará por allí. (Rivero 1922)

Texto completo en el enlace http://www.cesareojarabo.es/2018/06/puerto-rico-y-el-98-texto-completo.html

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