jueves, 22 de noviembre de 2018

España bajo el Islam (23)

La cultura reverdeció en el reinado de Alfonso II, habiéndose llegado a escribir la conocida como “crónica asturiana perdida” cuya existencia fue demostrada por Claudio Sánchez Albornoz , y restableció el gobierno de palacio, que podemos entender como la estructuración del gobierno. Así mismo creó el obispado de Oviedo .

Mientras, en Córdoba se producían graves altercados con los mozárabes, que fueron salvajemente reprimidos por el emir.

El primero de ellos ocurriría en Córdoba durante los años 805, 806 y 814, y sus autores, los muladís, que no buscaron la complicidad de sus hermanos mozárabes, fueron duramente reprimidos. Expulsados, marcharon unas ocho mil familias a Fez, donde fueron ubicados separados de la población árabe.

El tributo en sangre no fue pequeño. Setenta y dos de los conjurados fueron crucificados, y en 806, una manifestación callejera de protesta le hizo, en 806, poblar de cruces las márgenes del Guadalquivir.

Otros levantamientos se produjeron en Mérida y en Toledo, de cuyos habitantes diría el cronista árabe Ibn Alcutia que tenían en alto grado el espíritu de rebeldía. La falta de coincidencia religiosa impidió los triunfos que resultaban necesarios a los españoles; mozárabes y muladíes no acababan de colaborar con total confianza, a pesar del ardor patriótico mostrado por su cabecilla, el poeta muladí Guerbib. 

Sólo a la muerte de éste, y cuando fue nombrado gobernador en 807 el renegado Amrús ben Yusuf, se acabó con la revuelta, urdiendo el asesinato del nuevo cabecilla, Obvaida ben Hamid, cuya cabeza fue remitida, en sal, a Al Hakam.

El nuevo gobernador se granjeó la confianza de los españoles y les tendió una celada.

El príncipe heredero, Abderramán, al mando de una aceifa, se presentó en Toledo y se hospedó en la alcazaba que los mismos toledanos habían elevado, donde recibió a los españoles más principales y les ofreció un magnífico banquete.

Los españoles fueron recibidos de uno en uno, siendo conducidos al centro de la fortaleza donde se había excavado un gran foso, donde fueron arrojados, previamente degollados, todos los invitados. Cuentan los historiadores árabes Ben Alcutia, Annouairi e Ibn Adari que fueron asesinados entre 700 y 5000 toledanos ante la vista de Abderraman, que contaba catorce años. El trágico día ha pasado a la historia como “el día de la hoya” . Y es que los invasores seguían al pie de la letra lo que les manda el califa Omar: “Nosotros debemos comernos a los cristianos, y nuestros descendientes se deben comer a los suyos mientras que dure el islamismo”.

Cuenta el historiador Ben Alcutia  : “Los toledanos eran gente tan revoltosa e insubordinada que no hacían caso de los gobernadores, hasta un extremo a que jamás llegaron vasallos de ningún país respecto a sus autoridades”… y sigue relatando que “ascendió eol número de los muertos a cinco mil trescientos y pico. La visión de la espada se le fijó a Abderraman en los ojos; nunca pudo borrarla mientras vivió”.

Pero no era sólo Toledo; el 31 de Agosto del 813 tuvo lugar en Córdoba la revuelta llamada del arrabal; lo cuenta Ben Alathir . El desorden llegó a tal punto que, cuando se convocaba a la plegaria, el populacho gritaba, dirigiéndose a Al- Hakam: “¡Ven a rezar, borracho, ven a rezar!” Por su parte, Al Hakam hizo crucificar a diez españoles significados cristianos, lo que motivó un levantamiento y la ruina del arrabal.

Acto seguido sacó de todas las viviendas a quienes las habitaban y se les hizo prisioneros, luego se detuvo a treinta de los más notables de entre ellos, se les ejecutó y se les crucificó cabeza abajo. Y, durante tres días, los arrabales de Córdoba sufrieron muertes, incendios, pillajes y destrucciones. Parte de los emigrantes del Arrabal se refugiaron en Fez y otros en la isla de Creta, donde formarían un gobierno autónomo hasta el año 961.  Al Hakam, después hizo arrasar el arrabal y sembrarlo para que no quedara recuerdo de él. Posteriormente lo convertiría en cementerio.

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