miércoles, 14 de noviembre de 2018

Las Casas, un payaso al servicio de la Corona (2)

Excepciones si se quiere, pero que van paralelas a los excesos que por su parte llevaron a cabo algunos encomenderos. Unos y otros rebasaban el ámbito de las leyes, y noticias hay del castigo aplicado a los encomenderos que infringían las ordenanzas.
Es el caso que, a cuenta del más que evidente retroceso de la población indígena,



Hubo grandes discusiones durante muchos días sobre este asunto y finalmente se sancionaron algunas leyes, por las cuales se prohibieron las expediciones bélicas de los españoles contra los indios, vulgarmente llamadas "conquistas", a la par que se mandó restablecer en su libertad a todos los indios sometidos a servidumbre por quienes hicieron las divisiones, esto es, el "repartimiento" o la "encomienda".” (Casas. Apología)

Pero para llegar a esas discusiones y a la redacción de esas leyes hubo un proceso previo del que, como queda indicado, fue iniciador Fray Antonio de Montesinos, una fecha, 30 de noviembre de 1511, y un lugar: La Española, donde, junto a Fray Pedro de Córdoba había encabezado la primera misión dominicana. El fraile puso en cuestión el desarrollo de las encomiendas.
Pero contra lo que se pueda suponer merced a la posterior actuación de Bartolomé de Las Casas, no quedó en nada la actuación de Montesinos. Recibió el respaldo del rey Fernando. Todo lo que después vendería Las Casas como propio no sería más que una repetición de las denuncias de Montesinos, solo que aderezado por sus propios delirios, invenciones y exageraciones.
El inexacto cumplimiento de las instrucciones dadas a los encomenderos no acababa de resolverse, como no acababa de resolverse la mortandad de indígenas, en general, no solo en las encomiendas, y sin excluir las que estuvieron bajo la titularidad de Bartolomé de las Casas. Por esos motivos, los dominicos elevaron unas protestas que encontraron respuesta por parte de la Monarquía Hispánica, y que se plasmaron en una nueva legislación: las Leyes de Burgos y Valladolid, de 1512 y 1513.
Mientras se desarrollaban estas denuncias y se redactaban estas legislaciones, Bartolomé de las Casas era encomendero. En 1512 era ordenado sacerdote por el obispo de Puerto Rico, don Alonso Manso, y seguidamente sería nombrado capellán de la expedición que Diego Colón organizó para la ocupación y colonización de la isla de Cuba, al frente de la cual iba el gobernador Diego Velázquez con sus capitanes Pánfilo de Narváez y Juan de Grijalba.
Tras seguir ejerciendo la encomienda en Cuba, acabó convirtiéndose en su peor enemigo y renunció a la que estaba explotando, contrariando la voluntad de su amigo Diego Velázquez.
En 1515 viajó por segunda vez a la Península, donde permanecería catorce meses, con la idea principal de exponer su visión del asunto al rey Fernando, regente de Castilla, pero la entrevista, que tuvo lugar el 23 de diciembre de 1515, no tuvo el éxito deseado dado que el rey, cercano ya a su muerte, carecía ya de ningún ánimo para atender nada salvo su tránsito. Tan fue así que nunca llegó a celebrarse la segunda entrevista que habían concertado, al haber fallecido en ese plazo.
A Las Casas le quedaba una segunda alternativa: los regentes Cisneros y Adriano de Utrecht, con quienes se entrevistó el 8 de marzo de 1516, y a quienes hizo entrega de un “Memorial de Agravios”.
En el mismo, el antiguo encomendero expone los abusos que bajo su entendimiento se estaban cometiendo en las encomiendas, y propone su disolución, al tiempo que propone también suprimir las guerras de conquista por considerarlas ilícitas.

Todas estas universas e infinitas gentes a todo género crió Dios los más simples, sin maldades ni dobleces, obedientísimas y fidelísimas a sus señores naturales e a los cristianos a quien sirven; más humildes, más pacientes, más pacíficas e quietas, sin rencillas ni bullicios, no rijosos, no querulosos, sin rencores, sin odios, sin desear venganzas, que hay en el mundo. Son asimismo las gentes más delicadas, flacas y tiernas en complisión e que menos pueden sufrir trabajos y que más fácilmente mueren de cualquiera enfermedad, que ni hijos de príncipes e señores entre nosotros, criados en regalos e delicada vida, no son más delicados que ellos, aunque sean de los que entre ellos son de linaje de labradores. (Las Casas. Brevísima Indias: 3)

Tuvo que escuchar Cisneros el acalorado relato de un sacerdote que le relataba una situación de inhumanidad sin parangón, llevada a cabo, precisamente, por cristianos españoles, dos extremos que caían dentro de su competencia, uno como regente y otro como cardenal. La muerte por enfermedad, que también cita Las Casas, parece no alarmar, cuando manifiestamente era la principal causa de mortandad. La situación debía ser aclarada cuanto antes, máximo cuando estaba esperando la llegada de Carlos, que venía de Flandes para ser coronado rey.
Y es que lo que contaba el futuro dominico (entraría en la orden en 1522, seis años después), rebasaba todos los límites aceptables. Estaba relatando las hazañas de una banda de asesinos sin ningún tipo de moral, control ni freno. ¿Cómo podía el cardenal dejar de investigar la verdad de lo que le era relatado cuando entre las afirmaciones se señalaban actuaciones propias de bestias?

Dos maneras generales y principales han tenido los que allá han pasado, que se llaman cristianos, en estirpar y raer de la haz de la tierra a aquellas miserandas naciones. La una, por injustas, crueles, sangrientas y tiránicas guerras. La otra, después que han muerto todos los que podrían anhelar o sospirar o pensar en libertad, o en salir de los tormentos que padecen, como son todos los señores naturales y los hombres varones (porque comúnmente no dejan en las guerras a vida sino los mozos y mujeres), oprimiéndolos con la más dura, horrible y áspera servidumbre en que jamás hombres ni bestias pudieron ser puestas. A estas dos maneras de tiranía infernal se reducen e ser resuelven o subalternan como a géneros todas las otras diversas y varias de asolar aquellas gentes, que son infinitas. (Las Casas. Brevísima, Indias: 4)


Texto completo en http://www.cesareojarabo.es/2018/08/las-casas-un-payaso-al-servicio-de-la.html

1 comentarios :

Gerardo dijo...

Las Casas era marrano y seguía las indicaciones de introducirse en las ordenes religiosas. Además, creía que los indios eran los descendientes de las tribus perdidas de Israel y por eso propuso el llevar a los descendientes de Cam, los negros, con lo que mataba dos pájaros de un tiro y, además, lograba que los marranos (portugueses y genoveses) hiciesen negocios con la trata de negros.

 
;