martes, 20 de noviembre de 2018

Siguiendo con la guerra de sucesión (XIX)

Sigue señalando Felíu de la Peña que “el bombardeo de Barcelona duró tres semanas: del 15 de septiembre al 9 de octubre y fue terrible –6.000 bombas–. A la capitulación y salida de Velasco de la ciudad, le sucedieron las de las familias borbónicas de los Alós, Verthamón, Copons, Oriol... En total salieron de Barcelona unas 9.500 personas. Paralelamente al desembarco aliado en Barcelona, triunfaban levantamientos por casi todo el territorio catalán –a excepción de Cervera y Tortosa.”

Tras el feroz asedio en el que la ciudad era bombardeada por mar y tierra, Peterbourgh rindió al virrey Antonio Fernández de Velasco, que abandonó la ciudad el día 14, cuando se produjo un tumulto que arrasó muchas viviendas y costó la vida a algunos.  Fernández de Velasco, el duque de Pópulo, el marqués de Aytona, el conde de la Rosa… “las casas de Gironella, de Rupit, de Argensola, de la Floresta, de Ons, de LLar, de Darnio, Cortada, Marimón, Grimaos, Taberners, don Juan  de Josa y don Agustín Copons…/… otros muchos siguieron el ejemplo, que fuera prolijo referirlo” , abandonaron Barcelona, protegidos por Peterbourgh.

Tras Barcelona cayó Tarragona, y posteriormente el avance austracista se expandió por Aragón, por Valencia y por la Mancha, mientras por Extremadura, comandados por Galloway, también avanzaban los austracistas. Mientras, el embajador francés, Amelot, miembro del consejo real, impuso que las guarniciones españolas de San Sebastián, Santander y Sanlúcar, toda la costa de Guipúzcoa y Vizcaya fuesen sustituidas por tropas francesas, lo que motivó un conflicto en el Consejo Real, de donde Felipe V  acabó expulsando al marqués de Mancera. Como consecuencia dimitieron el conde de Monterrey y el duque de Montalto. En su lugar fueron nombrados el duque de Veraguas y Francisco Ronquillo.

En esta situación señala Germán Segura que “al tiempo que Barcelona estaba siendo asediada, Cataluña permanecía indefensa contra los aliados, quienes se apresuraron a sacar partido de su superioridad local. Las poblaciones marítimas eran las más expuestas a la armada anglo-holandesa y fueron cayendo en cadena con excepción de Rosas, que se mantuvo en manos borbónicas durante toda la guerra.”

A partir de este momento se pueden dar por marcados territorialmente la situación del enfrentamiento. Valencia, Aragón, Cataluña y Portugal estaban controlados por el archiduque; el resto de España, por el duque de Anjou.

Entre tanto, el 29 de Junio de 1705 había fallecido Juan Tomás Enríquez de Cabrera, Almirante de Castilla. A este acontecimiento, contrario a los intereses austracistas, le siguió un aporte británico. Un nuevo contingente de 15000 hombres comandado por el general Juan Mordaunt, conde de Peterborough, llegó a Portugal, y una escuadra anglo-holandesa, llevando al príncipe Jorge de Darmstadt y Peterborough recorrió el litoral español intentando la sublevación, mientras un contingente aliado al mando de Galloway, Fagel y las Minas, partió con la idea de asediar Badajoz en octubre de 1705, donde, tras en enfrentamiento con Tessé, murió Galloway, siendo abandonado el sitio por los aliados.

Paralelamente, se dirigieron los ingleses contra Ceuta, donde el marqués de Gironella paró el intento. Tras lo cual, en aguas de Málaga, se enfrentaron las armadas inglesa y francesa, disputándose España, con resultado final incierto.

Mientras, Flandes ardía también en lucha. En la batalla de Ocsted, las tropas francesas sufrían una gran derrota, lo que posibilitó el control austracista de importantes ciudades y territorios, no a costa de Francia, sino a costa de España.

Por otra parte, en Europa las victorias y las derrotas compensaban ambos bandos, lo que hacía que Francia se plantease el fin de la guerra, lo que dispuso más si cabe el ánimo de Felipe V para mostrarse sometido a los dictados de su abuelo.

El resultado, así era incierto, y Felipe V a quién le gustaba que llamasen “el animoso” a pesar de padecer graves estadios depresivos, fue en persona a dar batalla al archiduque. Pero para llegar a su destino, Felipe V tuvo que pasar primero por Zaragoza, que para permitir el paso de tropas exigió el pago de todo tipo de derechos. Su reclamación de los derechos de los fueros fueron seguidos por las principales ciudades aragonesas, mientras en el territorio controlado por los ingleses la situación no era mucho mejor. Las tropas británicas saqueaban a placer, al tiempo que las tropas francesas hacían lo propio. Cada una servía a un señor distinto.

Tras solventar el conflicto de los fueros, el 14 de Marzo de 1706 estaba en Caspe al frente de las tropas, y en abril asediaba el castillo de Monjuich en una iniciativa que parecía definitiva. Pero el 7 de Mayo, cuando ya habían roto la muralla, hizo acto de presencia la armada anglo-holandesa.

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