martes, 25 de diciembre de 2018

EL MANDO POLÍTICO MILITAR EN CUBA DURANTE EL SIGLO XIX (XI)


El mandato de José Chinchilla se prolongaría hasta el 20 de agosto de 1891, habiendo tolerado durante su periodo la actividad separatista.



En este periodo,

La Diputación de La Habana está formada por 17 conservadores y 3 autonomistas. De los primeros, 2 son cubanos y 15 peninsulares (...) En la Diputación de Matanzas, no hay sino 1 autonomista, cuya acta hay empeño en anular: es un intruso a juicio de los integristas. La inmensa mayoría se compone igualmente de peninsulares. Lo mismo acontece respecto de las Diputaciones de Santa Clara, Santiago de Cuba y Pinar del Río. En el Ayuntamiento de La Habana, los 30 concejales son conservadores y entre ellos no pasa de 2 el número de cubanos, y así en la mayor parte de los Ayuntamientos de la Isla. (Bizcarrondo 1999: 76)

Los años de relativa tranquilidad que se habían conocido desde el final de la Guerra de los diez años, habían dado lugar, tanto en Cuba como en la península, a la continuidad del guirigay político al que ya llevada acostumbrada España durante todo el siglo XIX. Durante un corto periodo, la actividad anglo usense se había calmado, pero ya se había acabado la tregua…

En los momentos en que más excitada estaba la opinión en Cuba por los asuntos económicos, fue a La Habana, con el pretexto de hacer un viaje de recreo, Mr. Forster, antiguo representante del Gobierno de Washington en Madrid, y autor con el Sr. Albacete de otro Tratado que fracasó por haberse opuesto a su ratificación las Cámaras americanas.
Además del Sr. Forster estuvieron en La Habana el Senador por la Florida Sr. Call, agente de los clubs filibusteros de la Cámara y autor de las célebres proposiciones para la compra de la Isla. (Gallego 1897: 151)

Todo indicaba que el periodo de tranquilidad estaba próximo a terminar, y parecía el momento de que los primeros espadas entrasen en acción; se acababa el periodo anodino, por lo que José Sánchez Gómez sustituyó provisionalmente a Chinchilla cuatro días hasta que el veinticuatro de agosto se incorporó Camilo Polavieja del Castillo.

El general Polavieja, que era partidario de vender la isla los EE.UU, nada más desembarcar ordenó el exilio de Maceo, Crombert, Castillo y otros, al tiempo que redobló la lucha contra el bandolerismo.

Desde que fue conocida la designación de Polavieja hasta que llegó a La Habana, algunos periódicos hicieron una campaña violenta para concitar en contra suya el odio de los insulares. Sacaron a plaza actos de justicia por él realizados en Oriente, presentándolos como testimonio de crueldades; pero llegó a Cuba, y su sola presencia bastó para que cesara aquel estado de cosas. (Gallego 1897: 134)

La legislación servia para perseguir a los periódicos no ya patrióticos, sino incluso también aquellos constitucionales que ponían al descubierto las contradicciones del sistema, pero era insignificante para impedir la propaganda separatista.

Y no sólo eran perseguidos los periódicos, sino todo sentimiento nacional. Como ejemplo, la sentencia del Tribunal Supremo en un recurso presentado por el separatista Juan Gualberto Gómez, en la que

se hizo constar que la defensa de las ideas separatistas no tenia sanción penal en nuestro derecho positivo, quedó francamente abierta la puerta a una propaganda perniciosa y de resultados fatales, que fueron bien previstos por el General Polavieja, quien al tener noticia del fallo referido, antes de que se hiciese público, puso un despacho al Gobierno diciéndole al final: «Si esto es cierto, imposible gobernar e impedir conspiración y rebelión, con pérdida de Cuba para España. (Gallego 1897: 240)

El separatismo cubano vio legalizada su propaganda en la persona titular de esta sentencia. Este asunto tuvo reflejo parlamentario, donde Rafael Mª de Labra, Salmerón y Pedregal sostuvieron la legalidad de la propaganda separatista, tomando como base la doctrina sentada por el Tribunal Supremo, mientras Maura actuaba con una indefinición que también daba alas al separatismo.

Apoyándose en esa cancha que daba Maura, Eliseo Giberga (separatista cubano) no dudaba en señalar que:

Los pueblos no tienen más que dos medios de alcanzar sus libertades y derechos: por la fuerza de las armas, o por la fuerza de las ideas; y el partido autonomista ha adoptado el segundo. No hay más que dos términos hábiles para la libertad de las colonias: o la independencia completa de la Metrópoli, o el régimen autonómico. (Gallego 1897: 160)

http://www.cesareojarabo.es/2018/04/el-mando-politico-militar-en-cuba-en-el.html

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