miércoles, 26 de diciembre de 2018

La crisis del siglo XVII (XVIII)

En estas circunstancias, el Imperio portugués, que había encontrado en la producción azucarera un elemento de primer orden para el desarrollo, pasaba así a estar muy amenazado por los ataques navales de las Provincias Unidas y de Inglaterra, que tenían puesta la mira en los asentamientos de Brasil. La monarquía Hispánica, consciente de esta situación, aplicó sus esfuerzos a la defensa de estas posiciones, pero “a pesar de los esfuerzos de los españoles para defender el Imperio lusitano, los portugueses lanzaron la culpa de estas amenazas a Felipe IV.”



Los rebeldes holandeses llevaban sus acciones contra el Imperio Español. Así, una flota, formada con fondos facilitados por Inglaterra, tomó Bahía en 1624, de donde no fue expulsada hasta un año más tarde. Pero no estaría en América la acción contra España, sino en  la alianza entre la Provincias Unidas, Suecia, Dinamarca, Francia, e Inglaterra. Y es que, “la causa de la inquietud en Europa no era Federico de Bohemia, sino los españoles.”  Pronto participó Inglaterra en la alianza antiespañola. En otoño del mismo 1624, la flota anglo-holandesa atacaría Cádiz e intentaría una acción contra la flota de Indias, obteniendo sendos fracasos. Pero la coalición se ampliaría el año siguiente. Por su parte, Richelieu ascendía posiciones en Francia. Este hecho posibilitaría, a medio plazo, la alianza con Suecia, apoyando descaradamente al bando protestante, consiguientemente al recrudecimiento de la guerra, y al desenlace de la misma contrario a los intereses de España.

Y es que Richelieu, “ante aquel trágico dilema entre nacionalismo francés o universalismo cristiano, el cardenal de la Iglesia romana escogió lo primero y en ese preciso momento, que se pudo todo, se perdió todo. Aquella decisión fue el rubicón en la historia religiosa de la edad moderna.”

Pero las vicisitudes serían varias, porque en 1626 Segismundo III de Polonia proponía a España “la creación de una flota conjunta de los polacos y los Habsburgo para dominar el Báltico con barcos comprados a la Hansa”. No resultó este intento, siendo el rey polaco tomado en tenaza por Suecia y Holanda, vencido, y consiguientemente perdida esta posibilidad de control naval del Báltico por parte de España.

En 1634 muere la infanta Isabel Clara Eugenia, gobernadora de Países Bajos; Espínola había sido enviado a Italia, y los asuntos militares españoles iban de mal en peor mientras el control que había sido delegado en la infanta, vuelve a estar en manos de la monarquía de Felipe IV, y el valido ve en Fernando de Austria, hermano del rey y cardenal desde los diez años, más aficionado al campo de batalla que a la sacristía, su tabla de salvación. En el peor de los casos, enviándolo a Flandes, el conde duque se libraba del acoso de alguien que constantemente manifestaba su desacuerdo con el valido. Ya lo había hecho virrey de Cataluña, donde alcanzó gran prestigio, para desdoro de don Guzmán, quién encontró en Flandes el avispero que le deseaba, y que el infante tomó con gusto como jefe del ejército imperial.

El año 1636 Francia envíó ejércitos a combatir Flandes, Borgoña y Milán, que fueron rechazados y tomadas las plazas de Chapelle, Catelet, Corbia y Bouchain por breve tiempo, ya que fueron rechazados por los franceses. El ejército se encontraba desplegado en Navarra, Aragón, Cataluña, Portugal, el Algarbe, Italia y Flandes, con un total de 94.000 unidades, a los que debían sumarse nueve mil unidades preparadas para partir hacia Italia y Dunquerque.  Para su mantenimiento, Olivares usó efectivos que requerían financiación de unas arcas que estaban vacías, por lo que se recurrió a impuestos especiales.

Tras la muerte de la regente Isabel Clara Eugenia y la marcha de Fernando de Austria al frente de los Tercios de Flandes, “en los años 1634 a 1638 conoce todavía horas pasajeras, y a veces magníficas, de triunfo: en 1634 el Cardenal-Infante venció en Nordlingen; el 35 y el 37 llegan los galeones de América repletos como nunca de tesoros con que enjugar la penuria nacional; el 36 hay victorias lucidas en Milán, debidas a Leganés, pariente amadísimo y protegido del Valido; y en Flandes. Por todo ello, Olivares organizó las célebres fiestas en el Buen Retiro y en las calles casi todo el mes de febrero de 1637, añadiendo el pretexto, tan extraño al bien material de España, de la elección del Rey de Hungría como Rey de Romanos, en Ratisbona.”

Texto completo http://www.cesareojarabo.es/2018/04/la-crisis-del-siglo-xvii-texto-competo.html

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