jueves, 6 de diciembre de 2018

LA ESPAÑA ULTRAMARINA DURANTE LAS GUERRAS CARLISTAS (2)


Diecisiete personas, todas pertenecientes a la oligarquía, y un estadounidense, William Morris, fueron hechas prisioneras por oponerse a la reincorporación de Santo Domingo a la Patria común, mientras desde Haití se inició una invasión el mes de mayo, que terminó el mes de Julio, cuando Haití pagó como indemnización doscientos mil dólares. (Marte 2012: 95)

Quedaba claro que las potencias enemigas de España no iban a aceptar el hecho. William Morris sería un agente usense. Detrás vendrían muchos más.

Y por parte del gobierno español, satélite de Inglaterra, la decisión estaba tomada de antemano. En este punto, señala el cónsul británico en su carta de 12 de septiembre que

España no será renuente a separarse de su nueva colonia con pretexto razonable; y si he de creer las afirmaciones del coronel de uno de los regimientos, España se alegraría con la excusa de una revolución en el país, que ella buscaría los medios para provocar con el objeto de retirar sus tropas de Santo Domingo y dejar a los dominicanos dirigir sus propios asuntos como antes. (Marte 2012: 108)

En sus textos, Hood manifiesto un evidente odio a España, y utiliza el vocabulario propio de aquellos a quienes servía, en todos los aspectos, y en concreto en el calificativo de colonia que da a un territorio que jamás, con España fue tal, sino “provincia de ultramar”.

Pero no deja de remarcar reiteradamente que la tranquilidad era la tónica dominante en Santo Domingo hasta que en septiembre, el propio general Pedro Santana, que llegó a enemistarse con el general Serrano durante la visita que giró a la isla, fue relevado de su puesto de mando.

Esto había sucedido el 18 de Marzo de 1861, en cuyo día, el presidente, o mejor dicho, dictador de la República dominicana, D. Pedro Santana, y otros tres caballeros firmaron un acta, declarando en su propio nombre y en el de los que, decían, haberles conferido el poder de hacerlo por ellos, que «proclamaban solemnemente como Reina y señora a D.a Isabel II, siendo su libre y espontánea voluntad, así como la del pueblo, a quien representaban, que todo el territorio de la República fuese anexado a la corona de Castilla, a que perteneció antes del tratado de 18 de Febrero de 1855. (Orellana, II: 903)

El 30 de julio de 1862 señala Hood (Marte 2012: 201) la existencia de agentes usenses tratando de turbar la tranquilidad de Santo Domingo para, a modo de lo actuado anteriormente en Texas, maquinar su colonización. El cabecilla, mister Redfath, recibió armas procedentes de vapores de guerra usenses. Otro agente, el cónsul Woldemeyer, sería el encargado de promover una revuelta apoyada por la armada usense, que alcanzaría envergadura en 1864.

La historia de la anexión de Santo Domingo  “empezó durante la estancia de varios meses en Madrid, entre 1859 y 1860, del enviado extraordinario dominicano Felipe Alfau. Cuando el proyecto anexionista estaba aún en estado incipiente, en mayo de 1860 el general Alfau favoreció desde Madrid la emigración a Santo Domingo de artesanos y maestros de artes y oficios españoles. El 5 de julio de 1860 el comandante general del apostadero de La Habana, el almirante Joaquín Gutiérrez de Rubalcava, visitó Santo Domingo, visita que fue devuelta tres meses después por el Ministro de Relaciones Exteriores Pedro Ricart y Torres quien viajó a La Habana para ratificar el pedido al general Francisco Serrano y Domínguez, Capitán General de Cuba, de la reincorporación de Santo Domingo a la monarquía española. Sin embargo, en diciembre de ese año el jefe del gabinete español, el duque de Tetuán, pidió que se aplazase la cuestión. (Marte 2012: 34)

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