miércoles, 12 de diciembre de 2018

LA INQUISICIÓN Y LOS JUDÍOS (9)

Tras la toma de Granada, y acosados por la creciente problemática existente en el reino con los enfrentamientos entre judíos y conversos y entre cristianos y falsos conversos, los Reyes Católicos, que primero se vieron forzados a instaurar la Inquisición, conforme era la voluntad del Papa y de un importante sector religioso y político del reino, se vieron forzados a decretar, el mismo año de la toma de Granada, 1492, la expulsión de los judíos, con la esperanza de poder controlar el problema converso.



También en esta ocasión las presiones recibidas por diversos sectores, entre los que destacaba el de los conversos sinceros, que deseaban verse libres del acoso a que eran sometidos, primero por sus antiguos correligionarios, que los despreciaban, y luego por los cristianos “viejos”, que desconfiaban de ellos.

“Como en España prevalecía tanta hostilidad contra los falsos conversos que en secreto eran judíos, no tiene nada de sorprendente que los conversos genuinos se alarmaran e intentaran justificarse contra sus hermanos judaizantes y contra la religión judía en general.”  Pero es de destacar que los “hermanos” de los conversos sinceros no eran los judíos, sino los cristianos, algo que el racismo no acaba de entender, y que el cristianismo tiene muy claro desde que asume que todos somos hijos de Dios.

Ciertamente el enfrentamiento era constante. No había voluntad de entendimiento por ninguna de las partes. En concreto, la actitud de los judíos hacia los conversos queda manifestada en el relato que un judío hace en tiempos del decreto de expulsión de 1492: “muchos se suicidaron y otros mataron a sus hijos e hijas por temor de que cambiasen de religión; otros se apartaron de Yehveh, Dios de Israel.”

Lamentablemente, la tranquilidad estaba lejos de desaparecer del reino de los Reyes Católicos. Tras haber desaparecido el problema judío apareció el problema del criptojudaísmo. La Real Cédula de 20 de Octubre de 1496 prohíbe a los cristianos nuevos arrendar rentas reales o eclesiásticas, y en 1521 se establece que ningún hijo o nieto de condenado a muerte por hereje pueda emigrar a las Indias. El miedo al falso converso lastró la vida del pueblo español, que conforme avanzaba el siglo XV y XVII se dividió en cristianos nuevos y cristianos viejos, siendo una honra ser cristiano viejo y lo contrario, sospechoso de ser judaizante (marrano).

Hay historiadores que entienden que con las medidas inquisitoriales sobre los conversos, “más que desarraigar la herejía, se trataba en realidad de aniquilar una clase social en plena pujanza y que podía representar una amenaza para el poder real o para los estamentos privilegiados.”  La corona estaba llevando a cabo una lucha frontal contra las prerrogativas de los nobles. “Son los nobles los que amparan a conversos y judíos en los momentos de crisis.”   Es una posibilidad que, efectivamente, es factible en una situación similar si es tratada desde una óptica materialista, sea liberal y democrática... o marxista, pero tratándose de los Reyes Católicos, tratándose de una España humanista y cristiana, es más que difícil de asumir, imposible de aceptar. Ciertamente la lucha contra el poder nobiliario y por la afirmación de una concepción humanista y patriota de la vida política eran la clave de la actuación de los Reyes Católicos; por eso las constantes cortapisas o ataques directos a los privilegiados, pero realizar el triple salto mortal y medio para realizar esa afirmación es más propio de una mentalidad liberal-democrática que de un a mentalidad humanista y cristiana.

La sociedad española acogía con los brazos abiertos a los neófitos, creyendo siempre en la firmeza de su conversión. Así llegaron a muy altas dignidades de la Iglesia y del Estado, como en Castilla los Santa María, en Aragón los Santa Fe, los Santángel, los La Caballería. “Ricos e influyentes los conversos, mezclaron su sangre con la de nobilísimas familias de uno y otro reino, fenómeno social de singular trascendencia, que muy luego produce una reacción espantosa, no terminada hasta el siglo XVII. Unas veces para hacerse perdonar su origen y otras por verdadero fervor, más o menos extraviado, solían mostrarse los conversos enemigos implacables de su gente y sangre.

http://www.cesareojarabo.es/2018/06/la-inquisicion-y-los-judios-texto.html

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