sábado, 29 de diciembre de 2018

Las penas en la Inquisición (4)

Las víctimas intelectuales de la Ilustración se limitan a desgloses como el que antecede para desarrollar sus alegatos, pero debemos tener bien presente que, del mismo modo que la pena capital y la pena de tortura no tuvo un uso ni mucho menos tan común que el que tuvo en los tribuales europeos, en la Inquisición, por cárcel perpetua “no se entendía por ella sepultar a un hombre en un calabozo para el resto de su vida; sino el de reclusión en un monasterio, que generalmente elegía el reo… Ni dolía al Santo oficio usar de su benignidad para que no se cumplieran con todo rigor las sentencias.”



Por otra parte, hispanistas tan manifiestamente británicos (o tan manifiestamente antiespañoles), como Henri Kamen, confirman con estadísticas que en épocas "duras" (hasta 1530) en tribunales muy activos se utilizó el tormento en el uno o dos por ciento de los casos.

Y en cuanto al sambenito, “de ordinario, el uso del sambenito, más allá de los momentos espectaculares del auto de fe, abandonó el espacio de la calle y se refugió en las iglesias.”  También las víctimas intelectuales de la Ilustración han usado este extremo con mucha saña, con bastante más saña que el hecho de la existencia de los sambenitos, colgados en alguna estancia de las iglesias parroquiales, que más que para ningún escarnio servían para acumular polvo e historia, a lo que tan acostumbrada es la organización eclesiástica.

Es destacar que la prisión perpetua tenía un límite: tres años. Existía una prisión más dura: la irremisible, cuya duración era de cinco años. Peor era la condena a galeras, que como ya hemos señalado más arriba estaba limitada desde el principio a sólo dos causas, que fueron la de bigamia y la de escalamiento de sus cárceles, pero siendo que
“las galeras era considerado la pena más grave dentro de las penas corporales. En muchos casos las penas citadas eran conmutadas por la pena de destierro.”

Las condenas a galeras lo eran por un máximo de cinco años, y las condenas a azotes, por lo que relata Ricardo Cappa, eran tomadas a risa por los reos, siendo que los reos de delitos civiles pugnaban por ser castigados por la Inquisición. “Lo que verdaderamente pasma es que, a medida que la Inquisición disminuía los castigos, disminuyeran los criminales y aumentara en todos la veneración y el respeto al Santo Tribunal.

Los condenados a galeras se encontraban con la peculiaridad de encontrarse cumpliendo la pena lejos del control inquisitorial. “La condena a galeras fue peculiar de la Inquisición española, fruto de su carácter mixto eclesiástico-estatal, y vino a aliviar la necesidad de hombres en las flotas. Muchas veces la sentencia establecía un determinado período de reclusión, cuyos primeros años debían ser cumplidos en galeras, lo que motivaba, transcurrido ese plazo, la reclamación del tribunal y el consiguiente forcejeo con quienes no se querían desprender de los remeros. El servicio en galeras era de notable dureza y dejó de emplearse a mediados del siglo XVIII. Para las mujeres, el castigo equivalente fue el trabajo en hospitales y casas de corrección.”

“A los condenados a cárcel perpetua se les sometía a un régimen penitenciario indulgente. Sin embargo, esta pena conllevaba la Confiscación de los Bienes del sentenciado así como el impedimento para que los hijos y nietos pudieran poseer o ejercer dignidades y oficios públicos. A esto se añadía la prohibición de utilizar distintivos que indicasen posición social tales como llevar trajes de seda y joyas, portar armas, montar a caballo, etc. La única forma de exonerarse de estas inhabilitaciones era a través de la compra de una dispensa. Un alto porcentaje de penas de prisión era conmutado por sanciones de carácter penitencial.”

Como resulta evidente de todo lo que venimos relatando, “la pena de prisión no tenía nada que ver con los internamientos en las celdas secretas, que eran cárceles preventivas que se utilizaban, solamente, durante el proceso y que deben su nombre a que en ellas el reo permanecía incomunicado hasta el dictado de su respectiva sentencia.”

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