martes, 4 de diciembre de 2018

Sobre la herejía (19)

El concilio de Antioquía

En el año 341 se celebró un Concilio en Antioquía, el cual no fue reconocido como concilio ecuménico y fue encabezado por Eusebio de Nicomedia. Este Concilio aceptó varias afirmaciones heréticas sobre la naturaleza de Cristo. La oposición fue tal en Occidente, que Constancio II, emperador de Oriente, y Constante, de Occidente, convinieron en convocar un Concilio en Sárdica en el 343, donde se logró el regreso de Atanasio y su restauración como obispo de Alejandría, así como la deposición de sus sedes de muchos obispos arrianos. Tras la muerte de Constante y el advenimiento de Constancio como único emperador en el año 350, los arrianos recuperaron mucho de su poder, generándose persecuciones anticatólicas en el Imperio. Durante este período se dio el momento de mayor poder y expansión de la herejía arriana con la unificación de los diversos partidos en el interior del arrianismo en el año 359 y su máximo triunfo doctrinal en los concilios de Seleucia y Arimino.140



En este concilio se fijaron cuatro fórmulas de fe conciliatorias. Si bien los padres allí reunidos, ortodoxos en su mayoría, repudiaban decididamente la doctrina arriana, su condenación arriana no era tan limpia ni tan explícita como la que lanzaron, allí mismo, contra Marcelo de Ancira (v.), que, aun sosteniendo una doctrina confusa, había apoyado decididamente la fe de Nicea. Poco tiempo después moría Eusebio de
Nicomedia, alma de las maquinaciones contra S. Atanasio y de la reacción antinicena.

El hecho contribuyó a mitigar el ardor de sus secuaces. En la cuarta fórmula de Antioquía, que fue presentada a la Corte imperial de Tréveris, ellos mismos repudian las tesis principales de Arrio, pero dejando aparte la palabra homousios. Las fórmulas antioquenas pecan de imprecisión y ambigüedad, aunque alguna admita una interpretación ortodoxa. Concretamente, la segunda será utilizada más tarde por S. Atanasio y por S. Hilario de Poitiers (v.) con el fin de atraer a los semiarrianos.141

Un nuevo concilio celebrado en Sárdica (hoy Sofía) (342-343) acentuó aún más la división. Los obispos occidentales admitieron en seguida su comunión con S. Atanasio y con Marcelo, pero los orientales se reunieron después por su cuenta, excomulgando no ya sólo a los citados defensores de la fe, sino también al papa Julio 1 (337-352; v.), a Osio (m. 357; v.) y a otros obispos, bajo la acusación de favorecer la herejía, y fijando un nuevo símbolo de fe semejante a la cuarta fórmula antioquena. Los ortodoxos, bajo el venerable obispo de Córdoba, Osio, excomulgaron, a su vez, a los cabecillas contrarios, reafirmándose otra vez en el símbolo de Nicea.142

Osio murió el mismo año 357, a la edad de ciento un años, después de haber sido azotado y atormentado por los verdugos de Constancio, conforme testifica Sócrates Escolástico143 Osio fue acusado posteriormente de herético incluso por San Agustín, pero todo parece ser debido justamente a las malas artes de quienes con tanta saña combatió, en concreto, el luciferiano Marcelino, que hizo proliferar un libelo difamatorio contra Osio. La Iglesia griega venera a Osio como santo el 27 de agosto.

La latina no le ha canonizado todavía, quizá por estar en medio el libellus de los luciferianos.144

Por este tiempo habíase puesto resueltamente Constancio del lado de los arrianos, y consentía en 355 que desterrasen al papa Liberio por no querer firmar la condenación de Atanasio.145

El obispo cordobés Osio, santo en la iglesia ortodoxa, a quién no obstante se le ha tachado de heterodoxo, quizá porque condescendió con dos obispos arrianos, quienes probablemente propalaron la fama de heterodoxia de aquel, le respondía (a Constancio): Yo fui confesor de la fe cuando la persecución de tu abuelo Maximiano. Si tú la reiteras, dispuesto estoy a padecerlo todo, antes que a derramar sangre inocente ni ser traidor a la verdad. Mal haces en escribir tales cosas y en amenazarme...

Acuérdate que eres mortal, teme el día del juicio, consérvate puro para aquel día, no te mezcles en cosas eclesiásticas ni aspires a enseñarnos, puesto que debes recibir lecciones de nosotros. Confióte Dios el Imperio, a nosotros las cosas de la Iglesia. El que usurpa tu potestad, contradice a la ordenación divina; no te hagas reo de un crimen mayor usurpando los tesoros del templo. Escrito está: Dad al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios. Ni a nosotros es lícito tener potestad en la tierra, ni tú, emperador, la tienes en lo sagrado. Escríbote esto por celo de tu salvación. Ni pienso con los arrianos ni les ayudo, sino que anatematizo de todo corazón su herejía; ni puedo suscribir la condenación de Atanasio, a quien nosotros y la Iglesia romana y un concilio han declarado inocente.146




Notas:
140 ARRIANISMO Y SEMIARRIANISMO http://www.corazones.org/diccionario/arrianismo.htm
141 Semiarrianismo. http://www.mercaba.org/Rialp/S/semiarrianismo.htm
142 Semiarrianismo. http://www.mercaba.org/Rialp/S/semiarrianismo.htm
143 Historia de los heterodoxos españoles. Marcelino Menéndez Pelayo
http://www.filosofia.org/aut/mmp/hhein1.htm
144 Id. Id.
145 Id. Id.
146 Id. Id.

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