viernes, 18 de enero de 2019

La revuelta comunera (20)

La situación se acelera y se caldea peligrosamente. La corte de Carlos, que se dirige a Santiago donde ha convocado Cortes para reclamar más dinero, se encuentra en Valladolid a primeros de Marzo, cuando el día 4 los  vallisoletanos tratan de impedir por la fuerza que salga. Consigue salir, pero en Valladolid se produce una muy importante algarada.

En las cortes de Santiago, celebradas a partir del 1 de Abril, los procuradores de León, Valladolid, Murcia, Zamora y Madrid se niegan a comenzar la sesión votándole a Carlos I, como desea, el servicio o tributo con que pagar su coronación en Alemania. Ante la resistencia encontrada, Carlos I suspende las Cortes de Santiago y decide convocarlas de nuevo en La Coruña, donde finalmente le son concedidas.

Este periplo de la corte de Carlos se nos presenta como huída desde que salió de Barcelona; a su espalda dejaba un pueblo soliviantado, dispuesto a coger las armas en cualquier momento.

El descontento popular era creciente; “veian la codicia de los flamencos, que habian hecho buenos, por sus rapiñas, á los que formaron la camarilla del rey Don Felipe el Hermoso; veian los destinos y oficios públicos anunciados como en pública subasta, y adjudicándose al que más dinero ofreciera. ”

Y para rematar la cuestión, no se entendía “cómo se podía aceptar que una parte del producto de los impuestos saliera hacia el extranjero cuando la protección del territorio nacional no estaba asegurada, por falta de dinero. En una sola expedición, los corsarios berberiscos acababan de hacer prisioneros a setenta hombres en la costa andaluza. ¿Qué hacían los barcos encargados de la protección de la costa? Se hallaban en el puerto debido a que carecían del equipo adecuado. Una nueva cuestión no menos insidiosa: ¿para qué se utilizaba el dinero de la cruzada, obtenido a costa de los pobres y destinado, en principio, a la lucha contra el infiel?

Pero Pedro Mártir, en su carta a Marliano, obispo de Tuy, de fecha 29 de Noviembre de 1520, manifiesta que “ninguno acusa al César, ni niega los grandes gastos que se han originado de la formación de tantas armadas, viajes, etc. Nada de esto ha producido los tumultos…/… Convienen en que el Rey no se ha portado así: más por lo que hace a los suyos dicen que no es verdad, y que no solamente los han tratado con soberbia sino sobervísimamente. Que cosa más sobervia que el tolerar que los españoles fuesen tratados con el mayor rigor por faltas ligerísimas cometidas contra los flamencos, y que ningún miembro de la justicia se atreviese a hechar mano a un flamenco aunque cometa un delito atroz contra un  Español? Quantas ignominias no he visto yo?.../… añaden a esto que por sus malas enseñanzas tiene el César en poco estos reinos, y aun más que le han inspirado odio a los Españoles, para engañarle mejor…/… Hasta el cielo se levantan voces diciendo que el Capro trajo al Rey acá para poder destruir esta viña…/… Ninguno le acusa. Que podía hacer un joven sin barba, puesto hasta entonces al pupilage de tales tutores y maestros?.../… ¿Quién ha venido del helado Cierzo y del horrendo frío a esta tierra templada que no haya llevado más onzas de oro que maravedís contó en su vida? Tú sabes qual ha quedado la real hacienda por su causa. Omito otras cosas capaces de hacer perder la paciencia del mismo Job.”

El alzamiento estaba asegurado. Huía Carlos de Gante.

Afortunadamente, dos años más tarde ya no volvería Carlos de Gante. En su lugar lo haría Carlos I de España.

Texto completo: http://www.cesareojarabo.es/2018/05/la-revuelta-comunera-texto-completo.html

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