domingo, 27 de enero de 2019

Las Casas, un payaso al servicio de la Corona (3)

Un segundo memorial sería el “de remedios”, por el que señalaba caminos para mejorar la situación de los indios, y que consistía en enviar familias españolas para trabajar en igualdad con los indios, amén de señalar inspectores que vigilasen el cumplimiento estricto de las normas, y el establecimiento de un tribunal de la Inquisición.

Los cardenales quedaron lógicamente alarmados ante la situación presentada por tan vehemente y letrado personaje, por lo que pusieron a trabajar a un grupo de expertos entre los que se encontraba el propio arzobispo Adriano, al tiempo que le encargaban expusiese el asunto a Juan López de Palacios Rubios, quienes junto a Fray Antonio de Montesinos redactaron el memorial.
Por su parte, Cisneros, y en base a los informes recibidos, redactó unas Instrucciones destinadas a mejorar la situación de los indios, y considerando que las mismas iban a ir en contra de la voluntad de las autoridades de La Española, empezando por su gobernador, Diego Colón, encargó las reformas a tres frailes jerónimos, ajenos a su orden y ajenos a Bartolomé de Las Casas, garantizando con la medida un principio de ecuanimidad.
Los informes de los jerónimos, que acudieron acompañados de Las Casas, con quién estarían de regreso en junio de 1517, significarían un varapalo para la actuación de éste, más vehemente que atento a la realidad de lo que le rodeaba, pero no significó su abandono. En 1517 regresó a entrevistarse nuevamente con el cardenal, al que encontró enfermo de muerte en Aranda de Duero, cuando se desplazaba para encontrase con Carlos I, que venía de Flandes.
Una vez muerto el cardenal, Las Casas alardeó de que Cisneros lo había nombrado defensor universal del indio, pero ese extremo no se halla documentado.
Entonces entró en contacto con los flamencos y el canciller Jean de la Sauvage lo introdujo en la Corte para que expusiese sus opiniones al joven rey, quién quedó admirado y le animó para que redactase su “Brevísima”, que no vería la luz sino hasta treinta y cinco años más tarde. Desde entonces siempre estaría bajo su amparo.
También el señor de Chievres, Guillermo de Croy, ayo de Carlos I, prestó especial atención a Las Casas, mientras relegaba al también fraile Fr. Bernardino Manzanedo. Carlos tenía 16 años.
Con ese paraguas, ese mismo año 1517 inició Las Casas un período de planes utópicos de población pacífica semejante a la Utopía de Tomás Moro escrita el año anterior.

Colonos honestos y piadosos formarían una «hermandad religiosa», vestirían hábito blanco con cruz dorada al pecho, provista de unos ramillos que la harían «muy graciosa y adornada» –el detallismo es frecuente en el pensamiento utópico–, serían armados por el Rey «caballeros de espuela dorada», y esclavos negros colaborarían a sus labores. Estos planes no llegaron a realizarse, y el que se puso en práctica en Tierra Firme, en Cumaná, Venezuela, fracasó por distintas causas. (Iraburu 2003: 18)

Estaba Carlos recorriendo España buscando apoyos para su coronación como emperador, y a todos los lugares, arropado por la corte flamenca, acudía Las Casas en la confianza de recibir su apoyo, que finalmente consiguió el 19 de mayo de 1520, cuando, acosado por los levantamientos comuneros se encontraba en La Coruña.
Los flamencos defendían con ardor los asuntos propuestos por Las Casas manifestándose abiertamente en su favor, y Juan Rodríguez de Fonseca, presidente de los asuntos de Indias en el Consejo Real, sin duda por no enfrentarse con los protectores de Las Casas, cambió de actitud, en principio contraria a fray Bartolomé y se convirtió en colaborador para conseguir la resolución favorable de sus asuntos, complaciéndole en todo cuanto de él dependía, y pasando a ser su protector.
La Corona le concedió la provincia de Paría hasta la de Santa Marta exclusive, en la desembocadura del río Orinoco (doscientas sesenta leguas  de la costa que corre del Este al Oeste de la Tierra Firme, y por el interior, siguiendo en línea recta desde ambos extremos, hasta la mar del Sur), un inmenso territorio, para desarrollar allí sus planes, consistentes en asentar agricultores, artesanos y religiosos, con los que aseguraba tener suficiente para instruir diez mil indios en un plazo de dos años, lo que además acarrearía una importante renta para la corona.
Se le había conferido el mando de ciento veinte soldados cuya labor estaría supeditada a las instrucciones de los frailes, que se dedicarían a la predicación,

y sólo lucharían contra ellos si Las Casas certificaba personalmente que eran caníbales o que se negaban a aceptar la fe. (Thomas, el imperio español)


Texto completo en http://www.cesareojarabo.es/2018/08/las-casas-un-payaso-al-servicio-de-la.html

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