domingo, 20 de enero de 2019

Siguiendo con la guerra de sucesión (XX)

Ante el cambio de situación en el mar, Felipe V levantó el sitio de Barcelona el día 10 de Mayo, iniciando las tropas sitiadoras una huída por el Ampurdán, abandonando la artillería por el camino. Según relata Melchor de Macanaz en sus memorias, finalmente se refugió en Perpiñán, habiendo perdido en la campaña seis mil hombres, ciento seis cañones de bronce, veintisiete morteros, más de cinco mil barriles de pólvora, seiscientos barriles de balas de fusil, más de dos mil bombas, diez mil granadas reales… 

En esta acción, que vaticinaba en un principio la victoria borbónica, el mariscal Tessé, a lo que parece, fue el protagonista de la derrota frente a los aliados austracistas, ya que contraviniendo las órdenes inició la precipitada retirada. Sólo la disposición, no de Felipe V, sino de su abuelo Luis XIV, posibilitó que el Borbón se retirase, vencido, a Pamplona.

Un mes después la situación vivida por el archiduque en Barcelona sería vivida por el duque de Anjou, Felipe V, en Madrid, donde se dirigían las tropas anglo-holandesas tras la victoria sobre Berwick. El 25 de Junio la corte juraba lealtad al archiduque con el nombre de Carlos III de Austria, huyendo la corte borbónica a Burgos, mientras Aragón entero se declaraba partidario del archiduque.

Y es que, ante el abandono del sitio de Barcelona por parte de Felipe V, tomó la iniciativa el ejército austracista. La ofensiva sobre Madrid sería llevada a cabo por dos ejércitos, el primero comandado por el propio Archiduque con el conde Peterborough, salió de Barcelona y ocupó Aragón, donde, en Zaragoza,  el 26 de junio, fue proclamado rey. El segundo, al mando del marqués de las Minas y del conde de Galloway, inició su marcha en Portugal. Los austracistas hicieron prisioneros a diez batallones que le fueron servidos en bandeja, encerrados en Ciudad Rodrigo, por James Stuart Fitz-James duque de Berwick, hijo natural de Jacobo II de Inglaterra, mariscal de Francia y subalterno del duque de Borgoña. Ante estos acontecimientos, Felipe V, seguido de la corte, abandonó Madrid el 21 de junio, provocando la entrada del Archiduque, que tomó la capital sin entablar combate.

Para acabar de liarlo todo, Portocarrero había dado un vuelco a sus fidelidades; así, cuando las tropas austracistas tomaron Toledo, engalanó la Catedral en acción de gracias y dio un banquete a los oficiales austracistas, y arrastró al bando austracista a la reina viuda de Carlos II, que por otra parte siempre había tenido esa tendencia. Cuando fue retomado el control por Felipe V, la reina viuda de Carlos II fue enviada fuera de España, despreciada e insultada, mientras Portocarrero fue perdonado, a pesar de haber bendecido las banderas del Archiduque, según relata José González Carvajal, “cantando un solemne Te Deum en la catedral, y concluyendo aquel día con un explendido banquete, é iluminación del palacio arzobispal.”

Mientras, Milán era tomado por el Archiduque, y en Flandes, Malburgh tomaba Lovaina, Bruselas, Meclivia, Gante, Her, Brujas, Dendermunda y Amberes, con todo el Brabante y Ostende. Con la entrega del Milanesado se entregó también el marquesado de Final, y el mercadeo de títulos nobiliarios se puso a la orden del día.

Fue en estos momentos (Junio de 1706) cuando los austracistas ocuparon también Nápoles, con un ejército al mando del general Daun. Las tropas franco-españolas abandonarían el territorio, lo que comportó graves consecuencias para los partidarios de Felipe V. Sicilia, sin embargo, permanecería unida a la corona hasta la paz de Utrecht.

Este año 1706 se presentaba desastroso para Felipe V. Además de los desastres de Barcelona, Madrid, Milán, Flandes… El conde de Santa Cruz, Luis Manuel Fernández de Córdova, “se había pasado al archiduque con sesenta mil duros que iba encargado de conducir a Orán” , no sin antes entregar a Lake, jefe de la armada británica, la plaza de Cartagena.

En esta situación, complicada con las intrigas existentes en la corte, el conde de Tessé dudaba “en medio de las intrigas de la corte, de los enredos de los grandes, del descontento del pueblo y de la insubordinación de las tropas.”

El pueblo, entre tanto, se debatía entre dos tendencias que políticamente diferían bien poco, y coincidían mucho en sus intenciones de desmembrar España. Como fuese que, además, se portó el Archiduque con cierta tiranía en Madrid, se produjeron  levantamientos populares en defensa del de Anjou.

¿Quién interesaba menos? Esa era la cuestión. Es el caso que, con la entrada del archiduque en Madrid, y con las políticas que aplicó, revivió en el pueblo los recuerdos de las incursiones anglo-holandesas en Andalucía y a lo largo de la frontera con Portugal, provocando, según relata la princesa de los Ursinos en su correspondencia con “madama Maintenon” ,  un levantamiento popular en Extremadura, Salamanca, Valladolid, Andalucía, Aragón…

En medio de esa situación, el archiduque fue reconocido rey en Madrid el 2 de Julio de 1706, pero en esos momentos Felipe V recibió un ejército francés que le enviaba su abuelo. Galloway, el comandante de las fuerzas anglo-holandesas, ante la actitud peligrosamente hostil de la población, inició la retirada a la vista de las tropas francesas, y los parciales del rey Borbón hicieron nuevamente su entrada en Madrid el 5 de agosto, procediendo a ahorcar a dos austracistas que se significaron por “Carlos III”, y condenando a otros muchos al castillo de Pamplona.

Pero fue la falta de decisión del Archiduque, según relata José González Carvajal, la que le hizo perder la oportunidad de echar de España a Felipe V, siendo que en esta campaña fueron hechos prisioneros 10.000 austracistas.  La posterior represión sobre quienes habían apoyado al archiduque se manifestó en cárcel, destierro y confiscación de bienes a un número significativo de personas.

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