lunes, 18 de febrero de 2019

Antonio Pérez, el primero entre los traidores (XX)

Es el caso que el 13 de mayo de 1591 se acordó el traslado de Pérez a la cárcel de la Inquisición, pero tardaron dos semanas en llevarla a efecto por las dificultades planteadas por los fueros de Aragón. “Refiere el alguacil que, habiéndose personado en la Cárcel de los Manifestados, donde se encuentran recluidos los relacionados en los mandamientos de prisión a él dirigidos, no pudo cumplir con su cometido por cuanto el Alcaide de esa prisión, Antonio de Ores, negó la entrega de los presos que estaban bajo su custodia.”



La cuestión se demoró quince días por errores de procedimiento por parte de los inquisidores, aunque hay quién afirma que tales errores no existieron, ya que “Al estar los presos manifestados ante la Corte del Justicia de Aragón, su prisión por el Santo Oficio exige una serie de formalidades que difícilmente pueden ser atendidas por uno sólo de los miembros del Tribunal. El requerimiento de los presos por la Inquisición planteará probablemente dificultades y será preciso señalar censuras a los integrantes de la Corte del Justicia para el caso de que no accedan a los términos de la reclamación. Y no cabe duda que será desatendido si siendo tres los Inquisidores, uno sólo de ellos firma la solicitud.”  (y esto sucedía porque, para agilizar el trámite se había designado a un solo inquisidor). Finalmente, el 24 de Mayo les es entregado el preso, momento que aprovecharon los amigos de Antonio Pérez para soliviantar al pueblo reclamando contra quienes violaban los fueros. Los amotinados amenazaban con dar fuego a la Aljafería. Esto se hacía, según refiere el mismo Antonio Pérez “sin noticia de nadie, quebrando para ello el privilegio y fuero de la Manifestación, y otros muchos, y todos los derechos del paciente.”

Pero ese día, “á poco de haber llegado Antonio Perez de la cárcel de Manifestados á la de la inquisicion, se sublevó el pueblo Zaragozano gritando: ¡traicion, traicion! ¡viva la patria! ¡viva la libertad! ¡vivan los fueros! ¡mueran los traidores! Uniéronse en menos de una hora mas de mil hombres armados, que acometieron la casa del marques de Almenara, á quien maltrataron en términos que fué preciso para evitar su muerte, conducirlo á la cárcel real, murió á los catorce dias de resultas de las heridas. Insultaron y amenazaron al obispo con la vida, sino conseguía de los inquisidores la restitucion de Perez y Mayorini á la carcel de Maní festados: lo propio hicieron con el obispo de Teruel y pusieron por todas partes fuego al castillo de la Aljafería, palacio de los antiguos reyes moros de Zaragoza, y entonces inquisicion; gritando mas de tres mil hombres que la rodeaban, que moririan allí abrasados los inquisidores si no restituían los presos. A pesar de la resistencia del inquisidor Molina al tumulto y á las varias instancias del arzobispo, obispo, virey y principal nobleza, le fué forzoso ceder al fuego y al peligro que crecian por momentos”

Los amotinados pasaban de tres mil y amenazaban con incendiar el edificio de la Inquisición.“Los rebeldes habían rodeado la casa del Marqués de Almenara y resistido a los lugartenientes del Justicia cuando éstos trataban de conducirlo a salvo, lejos de su casa. Se temía asimismo que los amotinados cumpliesen sus amenazas de quemar la Inquisición y a todos los que en ella se encontraban. La única solución parecía estar en la devolución de los presos a la Cárcel del Justicia.

Los partidarios de Pérez no cejaban en su actividad conspirativa; “don Martín de Lanuça, don Yvan Cosco, don Pedro de Bolea, Gil de Mesa y Gil Gonzalez ivan a casa de algunos letrados a ponerles miedo, para que diessen siempre de pareçer a favor de las cosas que se tratassen convenientes a Antonio Perez, y asimismo yvan a los predicadores y les amenaçavan diciéndoles que mirasen como hablavan de las libertades.”  Las presiones se ejercían sobre todas la personas que tuviesen la menor representatividad, sustituyendo de inmediato a quienes oponían la menor oposición

El propio Antonio Pérez relata que “fue recobrado á voces y demanda general, y á amenazas y demostraciones de sangre y fuego, y ruina de casas, y á peligro y riesgo de grandes desastres y confusion total de la cibdád y reino. No llegó la cosa á menos que poner cerco tres á cuatro mil hombres de todos estados á la Aljafería, aquella casa real de los reyes moros, donde está la inquisición  y aparejar leña para ponerle fuego, si no les entregaban la persona de Antonio Perez. El virey hubo de salir en persona sin auctoridad de virey, y meterse entre el pueblo. Decales: Amigos, no vengo aqui como virey, sino como obispo de Teruel, como uno de vosotros; ya me veis, sosegaos, que yo os lo trairé, yo os lo restituiré, yo voy en persona por él.

Texto completo: http://www.cesareojarabo.es/2015/10/antonio-perez-el-primero-entre-los_9.html

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