lunes, 25 de febrero de 2019

EL MANDO POLÍTICO MILITAR EN CUBA DURANTE EL SIGLO XIX (XII)


Con esta situación, el 20 de enero de 1892 abandonó Polavieja la gobernación de Cuba, siendo sustituido provisionalmente por José Sánchez Gómez, quién el 11 de julio de 1892 transfirió el mando a  Alejandro Rodríguez Arias, que falleció el 15 de julio de 1893.



Rodríguez Arias procuró mantener la activa persecución del bandolerismo que el General Polavieja dejara organizada, siguiendo también en los demás aspectos de acercamiento a la voluntad anglo-usense.

La negativa del gobierno de A. Cánovas del Castillo a mandar a las islas  unos veinte batallones que le hubieran permitido acabar la contienda explica sin duda su  dimisión y su acogida popular en Barcelona, Zaragoza, Madrid donde 70 000 madrileños aclaman a este fervoroso católico con el grito de “¡Viva el general cristiano! (Rabaté 2005)

En los últimos momentos del mandato de Polavieja, el 27 de abril de 1893, se dio el grito separatista en Sancti Spíritus, en Cuba.

Con este conflicto, naciente y definitivo, Rodríguez Arias falleció el 15 de julio de 1893 siendo suplido por José Arderíus García, que el 4 de septiembre de 1893 traspasaría el mando a Emilio Calleja e Isasi.

El 4 de Septiembre de 1893 el General Calleja se hace cargo de la comandancia de Cuba, que se encontró con el resultado de la política llevada a cabo por sus antecesores.

En La Habana se conspiraba al aire libre. No tenían necesidad de reuniones secretas, ni sintieron preocupación por el descubrimiento. La Junta y sus delegaciones se hacían sentir en todas partes. Los cafés más céntricos eran los sitios elegidos para ir atando los cabos de la conspiración, mientras Gobierno, autoridades y prensa se despedazaban. (Gallego 1897: 219)

Respecto de la prensa no hay nada que decir: la reformista sosteniendo que se vivía en el mejor de los mundos, que el país era más que nunca español, que la tranquilidad era completa: la autonomista dando calor a la anterior, con quien vivía en un pacto inquebrantable; la separatista instruyendo hábilmente desde sus columnas a los conjurados y haciendo su labor perturbadora; la constitucional luchando desesperadamente porque se atribuían a enemiga las advertencias patrióticas que hacía a toda hora. (Gallego 1897: 220)

Los preparativos de la sublevación eran conocidos por todos, mientras las autoridades no hacían nada por cortarla. El ejército español, que no contaba con grandes refuerzos, se dedicó a vigilar las carreteras y las ciudades por miedo a que sufrieran daños, mientras que el campo cayó rápidamente en un estado de anarquía.

En 1895, la alarma social ocasionó que, el 24 de febrero, Calleja fuese relevado del cargo.

El cese se hizo efectivo un mes después, el 28 de marzo de 1895, cuando cesó Calleja, siendo nombrado Martínez Campos gobernador general y capitán general de Cuba, llegando a la Isla el 17 de abril. El mismo día 28, Cánovas anunciaba el envío de una nueva expedición de 10.000 hombres, además de los 7.000 acordados anteriormente, que saldrían en los primeros días de abril (en realidad serían unos 8.500).

Y es que, si la actividad secesionista venía siendo crónica desde los años veinte, en estos momentos se mostraba de la forma más descarnada; el odio a España se impartía en las escuelas desde hacía décadas; nada parecía poder ser superado, pero la situación alcanzó el mayor descaro; tanto que, asegura Valeriano Weyler, que durante el mandato del general Calleja se conspiró descaradamente.

Esas conspiraciones posibilitaron que en febrero de 1895 se hubiese iniciado la guerra al tiempo que caía Sagasta y su gobierno liberal, consecuencia, en este caso de un motín militar en Madrid contra dos periódicos que criticaron la falta de voluntarios entre los oficiales para servir en ultramar.

http://www.cesareojarabo.es/2018/04/el-mando-politico-militar-en-cuba-en-el.html

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