jueves, 14 de febrero de 2019

El Tratado de Utrecht (y 6)

A cambio de todo eso, España recibía una promesa que por supuesto sería incumplida: En el artículo III de las cláusulas de garantía se marcaba que “Su Sacra Majestad cristianísima juntamente con su Sacra Majestad Británica, y los Señores Estados Generales de las Provincias Unidas de los Payses-Baxos, prometen por sí mismos, sus herederos y sucesores, no inquietar jamás directa ni indirectamente á su Sacra Majestad Imperial Católica, á sus herederos y sucesores, en alguno de sus reynos, estados, ó dominios que actualmente posee en virtud de los Tratados de Utrecht y de Baden, ó que adquiera por el Tratado presente…/… Igualmente sus Majestades cristianísima y Británica, y los Estados Generales se obligan expresamente á no dar ó conceder protección alguna ni asilo en ningun parage de sus dominios á los súbditos de su Sacra Magestad Imperial Católica que esta tiene al presente declarados por rebeldes, ó los declare en adelante…”



Como señala Agustín Jiménez, “se puede concluir que Inglaterra, bien mediante el control directo de determinados asentamientos, o indirectamente, a través de naciones aliadas o con un peso específico nulo, va a pasar a controlar las principales rutas del comercio mundial. Por ejemplo, en el caso del Mediterráneo, la posesión de Gibraltar y Menorca y la presencia de aliados en zonas tan importantes como Nápoles o Sicilia, permite a Inglaterra dominar el Mediterráneo occidental. De igual forma, va a obtener una posición hegemónica en el comercio americano, pues con las ventajas obtenidas en los tratados de paz, se encontrará en condiciones de imponerse en este ámbito. En el Báltico y el Mar del Norte, también ocurre algo parecido, pues muy hábilmente, los Países Bajos españoles pasan a manos de una potencia sin tradición mercantil, comercial y marítima, como es el caso del Imperio; la única amenaza, Francia, tampoco podrá significar un riesgo ya que Dunquerque, el famoso nido de corsarios flamencos, que tuvo su apogeo durante el reinado de Felipe IV, ha sido desmantelado. Finalmente, Inglaterra también sacará provecho de la debilidad sueca, tras haber sido vencida por Rusia, para tratar de introducirse en otra zona comercial de gran importancia.”

Pero es que, además, en el tratado de Utrecht-Rastatt el archiduque no renunció a sus pretensiones sobre la corona de España, y España no renunció a los territorios que habían sido mutilados. Como consecuencia, en 1717 y en 1718 se armaron sendas expediciones que intentaron su recuperación. Expediciones que, en principio, parecían ir dirigidas contra el turco, y cuya marcha fue largamente diferida por Alberoni, quien no agilizó su marcha hasta haber obtenido el capelo cardenalicio.

Es de señalar con Cristina Borreguero que, a pesar de la penosa (o inexistente) actuación de España en el tratado de Utrecht; a pesar del resultado de las confrontaciones que dieron lugar al mismo, “al hacer una clasificación de las potencias europeas del siglo XVIII, [incluía a] España entre los siete grandes poderes del siglo XVIII, junto a Gran Bretaña, Austria, Francia, Prusia, Rusia y Turquía.”

Posteriormente se daría fin a la Guerra de Sucesión, de forma definitiva. El 30 de abril de 1725 con la firma del Tratado de Viena.

El tratado de paz de Viena confirmaba la mutilación del territorio nacional, siendo que Toscana, Parma y Plasencia quedaban para el Archiduque Carlos en calidad de feudos, señalando que nunca podrían ser posesión de la Corona de España al tiempo que implica el reconocimiento de Felipe V como rey de España y la renuncia del Archiduque a sus derechos a la Corona de España.

Actor principal de la firma de este tratado sería el barón de Ripperdá, que entre 1715 y 1718 había sido el enviado de las Provincias Unidas en España. Ripperdá firmó tres tratados con el Principe Eugenio de Saboya, el Conde de Sinzendorf y el Conde de
Starhemberg: uno de paz y amistad, una alianza defensiva y un tratado de comercio y navegación, con los que quedaban zanjadas las diferencias que quedaron pendientes entre los dos pretendientes a la Corona de España en Utrecht-Rastatt (1713-14).

El tratado de alianza defensiva señalaba que el Emperador procuraría influir para la restitución de Gibraltar y de Menorca a España, así como la defensa mutua en caso de agresión contra uno de ellos. Finalmente, el tratado de comercio y navegación (1 de Mayo de 1725) concedía a 1os súbditos del Emperador, y especialmente a la Compañía de Ostende considerables ventajas como la cláusula de nación más favorecida.

El articulo 9 de este tratado rezaba: "Habrá por una y otra parte perpetuo olvido, amnistia y abolición general de cuantas cosas desde el principio de la guerra ejecutaron o concertaron oculta o descubiertamente, directa o indirectamente por palabras, escritos o hechos, los súbditos de una y otra parte; y habrán de gozar de esta general amnistia y perdón todos y cada uno de los súbditos de una y otra Majestad de cualquier estado, dignidad, grado, condición o sexo que sean, tanto del estado eclesiástico como del militar, politico y civil, que durante la última guerra hubieren seguido al partido de la una o de la otra potencia: por la cual amnistia será permitido y licito a todas las dichas personas y a cualquiera de ellas de volver a la entera posesión y goce de todos sus bienes, derechos, privilegios, honores, dignidades e inmunidades para gozarlas libremente como las gozaban al principio de la última guerra o al tiempo que las dichas personas se  adhirieron al uno u al otro partido, sin embargo de las confiscaciones, determinaciones o sentencias dadas, las cuales serán nulas y no sucedidas. Y en virtud de dicha amnistia y perpétuo olvido, todas y cada una de las dichas personas que hubiesen seguido los dichos partidos tendrán acción y libertad para volverse a su Patria y gozar de sus bienes como si absolutamente no hubiese intervenido tal guerra, con entero derecho de administrar sus bienes personalmente si presentes se hallaren, o por apoderados, si tuvieren por mejor mantenerse fuera de su patria, y poderlos vender y disponer de ellos según su voluntad en aquella forma en todo y por todo como podían hacerlo antes del principio de la guerra. Y las dignidades que durante el curso de ellas se hubieren conferido a los súbditos de uno y otro príncipe, les han de ser conservadas enteramente y en adelante, y mutuamente reconocidas"

Texto completo: http://www.cesareojarabo.es/2018/06/el-tratado-de-utrecht-texto-completo.html

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