miércoles, 6 de febrero de 2019

LA ESPAÑA ULTRAMARINA DURANTE LAS GUERRAS CARLISTAS (3)


¿Y por qué O’Donnell pidió el aplazamiento de una cuestión de vital importancia para España? A falta de evidencia documental nos queda sólo la especulación, y ésta nos lleva a creer que su condición de agente al servicio de Inglaterra le impelía a hacerlo.

Al respecto cabe recordar que en 1843, el secretario del Consejo de Ministros, Vicente Sancho, reconoció públicamente, y con satisfacción, que Inglaterra consideraba a España su Protectorado.

Las acciones tendentes a evitar la reunificación de Santo Domingo eran frenéticas. Los agentes usenses gestaron una insurrección el mes de febrero de 1863, preámbulo de la importante insurrección de agosto. En esta ocasión, Puerto Plata fue asediada, y Méndez Núñez acudió a socorrerla.

Esta revuelta sorprendió a quienes actuaban honestamente, y hasta a quienes servían al gobierno español, protegido de Inglaterra, en Santo Domingo. Así, el general Gándara, concluía que

“la anexión fue un propósito político, perseguido con astucia y logrado con habilidad, gracias a la candidez de nuestros hombres públicos y a la apatía o la indiferencia del pueblo dominicano…/… llevaron a Santo Domingo desde la tolerancia sin conflictos de nuestra autoridad a una revolución violenta, apasionada y sanguinaria que determina un cambio pasmoso.” (Gándara 1884: 13)

Un análisis que no aclara las circunstancias de la sublevación y la presenta estrictamente como revuelta de los dominicanos, sin referencia alguna al evidente intervencionismo físico, militar y político, de agentes británicos y usenses.
Por su parte, los generales Rivero y Dulce, el 20 de septiembre de 1863 enviaron una larga misiva al gobierno en la que indicaban los siguientes extremos:

Esta revolución justifica de un modo indudable que el país quiere su independencia.
El gobierno aceptó la anexión, pero es dudoso que los que la propusieron contasen con el voto unánime del país.
Sus tendencias son a favor de su independencia por voluntad propia acaso excitada por instigaciones extrañas.
El pueblo ni deseó ni quiso ser regido por su antigua metrópoli.
La anexión no fue espontánea sino forzada, y por consiguiente debe cesar.
La más prudente solución de tan ingrato asunto, la más beneficiosa, patriótica y honrosa, sería después de reducir a la obediencia al pueblo sublevado, renunciar a la dominación del territorio de Santo Domingo. (Gándara 1884: 155)

De esa misma opinión se manifiesta el general Gándara, quién dice más, acusando de toda la situación a Santana, que fallecería el 14 de junio de 1864:

…él, fantaseando sobre la situación de la isla, empujó al gobierno español a aceptar una oferta que obedecía sólo a interesados manejos de personal egoísmo; él malgastó los tesoros de nuestra Hacienda y sembró de cadáveres de uno y otro bando el suelo dominicano. (Gándara 1884: 177)

Y el 30 de septiembre de 1864 se celebró una conferencia entre los rebeldes dominicanos y en el general Gándara, lo que significó reconocimiento de beligerancia por parte de España; una actuación, una más, de difícil comprensión. Los dominicanos presentaron una propuesta por la cual reconocían la superioridad española, al tiempo que España reconocía su independencia. (Gándara 1884: 325)

Por estas fechas, la prensa moderada de la Península reclamaba el abandono de Santo Domingo a toda costa, y la prensa liberal la guerra a todo trance.

Es necesario señalar, no obstante, que cuando se produjo la anexión

Todos los partidos españoles representados en las Cortes de Madrid favorecieron la anexión de Santo Domingo a España. Apenas dos de sus representantes se opusieron a ella, aunque sólo el senador Antonio Alcalá Galiano lo hizo por razones políticas prácticas, no por formalismos burocráticos. (Marte 2012: 19)

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