sábado, 16 de febrero de 2019

La expulsión de los judíos en 1492 (3)

Paralelamente, un significativo número de conversos lo era sólo de palabra. “Se casaban con miembros de las familias de sus antiguos correligionarios, y solían continuar viviendo en el mismo barrio…frecuentaban las sinagogas… formaban asociaciones religiosas con objetivos titularmente católicos… Eran judíos en todo… y cristianos…en la forma.”



La defección del judaísmo llevada a cabo por la mayor parte de quienes profesaban la religión judía ocasionó dos acciones: la primera, que los altos cargos de la administración de la monarquía habían dejado de ser judíos y habían pasado a ser conversos, y la segunda, que los judíos ortodoxos vieron como traidores a quienes se habían bautizado. El caldo de cultivo perfecto para fomentar el odio, no ya a los judíos, sino a los conversos. Serían los propios judíos ortodoxos quienes más apoyasen las acciones contra esos mismos conversos…y de entre esos conversos, al propio tiempo, surgirían también quienes más celo pusiesen en la ortodoxia católica.

“En un par de generaciones, apenas había una sola familia en Aragón… que estuviese libre… de sangre judía.”  En toda España hubo un importante número de conversiones; personas que en muchos casos alcanzaron puestos de gran importancia. Nombres que se unieron a Pablo de Santamaría serían : su hijo Alfonso, su hermano Gonzalo, Juan de Torquemada, Inquisidor General; Hernando de Talavera, arzobispo de Granada; Alonso de Oropesa, general de la orden de los Gerónimos; Sancho de Paternoy, interventor de la casa real; Hernando del Pulgar, secretario de la reina Isabel; Alonso de Cabrera, gobernador del Alcázar de Segovia; Juan Pacheco, marqués de Villena y Gran Maestre de la Orden de Santiago; Pedro Girón, Gran Maestre de la Orden de Calatrava; Pedro Gutiérrez de Santa Clara, historiador de la conquista de Perú; la familia Mendes, banqueros de Portugal; Pedro Teixeira, escritor; Duarte Gómez Solís, economista; Pedro Nuñes, cosmógrafo real de Juan III de Portugal; Antonio Bocarro, Fernando de Rojas, Juan de España, Rodrigo Cota, Pablo de Heredia, Alfonso de Zamora, Juan de Leví, Andrés Heli, Villahermosa, Zaportas, Jimeno Gordo, Epses, Clementes, González, Chinet, Coloma, Coscones, Villanova…

“El cambio que el formulismo del bautizo había operado en su favor (de los conversos) se veía acentuado por contraste con su hermanos no convertidos, quienes, desde principios del siglo XV, habían llegado a quedar totalmente humillados.”

No cabe duda que en las conversiones juegan papel no despreciable las conveniencias sociales , pero tampoco cabe duda que la importancia de las conversiones reales era superior a las acomodaticias. No obstante, siempre sería excesivo el número de conversiones acomodaticias, y por ello se levantaban voces reclamando medidas para controlar la acción de los falsos conversos y la salvaguarda de los conversos auténticos. Generalmente, quienes reclamaban esas medidas eran justamente los conversos, que se veían perjudicados por las dudas que sobre ellos hacían recaer los falsos conversos.

“Fr. Alonso de Espina, converso, se quejaba en el Fortalitium de la muchedumbre de judaizantes y apóstatas, proponiendo que se hiciera una inquisición en los reinos de Castilla. A destruir este judaísmo oculto dedicó con incansable tesón su vida. El peligro de la infección judaica era grande y muy real. Confesábalo el mismo Fr. Alfonso de Oropesa, varón evangélico, defensor de la unidad de los fieles, en su libro Lumen Dei ad revelationem gentium, el cual, por encargo del arzobispo Carrillo, hizo pesquisa en Toledo, y halló, conforme narra el P. Sigüenza, «de una y otra parte mucha culpa: los cristianos viejos pecaban de atrevidos, temerarios, facinerosos; los nuevos, de malicia y de inconstancia en la fe».”

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